Política

La deuda es con el Pueblo

Fuera ingleses de Malvinas, fuera FMI de la Argentina

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El FMI está en Argentina. Su máxima autoridad, Kristalina Georgieva, está en nuestro país para supervisar que Javier Milei cumpla con las reformas exigidas por el organismo para someter y doblegar la soberanía de nuestro pueblo y nuestra Patria.

por La Cámpora
28 jul 2026

La directora gerenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, está en Argentina. Es su primera visita desde que asumió al frente del organismo en 2019. La presencia de Georgieva en el país no responde a ningún protocolo o formalidad: es una visita política de apoyo a Javier Milei, por quien llamó a votar el año pasado, y una supervisión al cumplimiento de las imposiciones del Fondo a la Argentina. Siempre fue así cuando el FMI nos ató la soga al cuello y nos respiró en la nuca; así son las crisis de deuda de las que habla Cristina. Hasta que no saquemos al FMI de nuestro país no podremos volver a tomar decisiones de forma soberana.


Argentina es el mayor deudor del Fondo Monetario Internacional: le debemos más que los siete países deudores que nos siguen en el ranking. La deuda de capital de la Argentina con el Fondo asciende a alrededor de USD 57.000 millones. Representa un 35% de todo el crédito vigente del FMI a nivel mundial. A esta cifra se llega por la acumulación del acuerdo de 2018 firmado por Mauricio Macri, la refinanciación de 2022 de Alberto Fernández y el nuevo préstamo de 2025 por USD 20.000 millones tomado por Javier Milei en abril de 2025.



El monto de endeudamiento está excedido en más de USD 30.000 millones del máximo que la Argentina podría haber recibido según las propias normativas del Fondo. Esto es así porque cada país aporta una “cuota” al FMI, en función de la cual se determina cuánta plata puede pedir.

Argentina recibió trece veces la participación del país en el capital del organismo.

El último acuerdo en 2025 previó un desembolso inmediato de USD 12.000 millones en abril de ese mismo año. La primera revisión (mediados de 2025) liberó un tramo adicional y la segunda revisión otro de aproximadamente USD 1.000 millones. Los desembolsos acumulados del nuevo acuerdo se ubican en torno a los USD 15.800 millones, de los USD 20.000 millones comprometidos.


En el marco de este acuerdo, el FMI le exige a nuestro país una serie de reformas estructurales: manejo del tipo de cambio; control de la emisión y ley de déficit cero; reforma tributaria a favor de los que más tienen; reforma del Estado (privatizaciones; unificación del registro de programas sociales para “hacerlos más eficientes” desuniversalizando la AUH); reforma energética (reducción de subsidios a usuarios y suba de tarifas); reforma previsional con suba de la edad jubilatoria y supresión de moratorias y regímenes jubilatorios especiales; flexibilización laboral.. Medidas que, como es de público conocimiento, Milei viene implementando o ya anunció que implementará.



Como todos los acuerdos con el FMI, supone revisiones periódicas en las cuales el Fondo evalúa el cumplimiento de las imposiciones a nuestro país. El gobierno ha incumplido sistemáticamente las metas de acumulación de reservas internacionales en el Banco Central, para lo cual el Fondo le ha dado lo que se llaman dispensas o “waivers” (es decir, te aprueban la revisión y te desembolsan el dinero aunque hayas inclumplido las metas).


La insuficiente acumulación de reservas se enfrenta a un calendario de vencimientos crecientes. En los próximos años, se amontonan vencimientos de deuda tanto con el Fondo como con acreedores privados. Estos últimos suman en promedio USD 6.700 millones semestrales hasta 2035. Esto equivale a más del 15% de las exportaciones del año 2025. Los pagos netos al FMI crecen paulatinamente hasta alcanzar los USD 11.000 millones en 2030, año en el que finalizan los pagos.


El momento más álgido de vencimientos ocurre entre el segundo semestre de 2027 y el segundo de 2030, periodo en el que los vencimientos anuales alcanzan los USD 23.000 millones, equivalentes a más de un cuarto de las exportaciones. A esto quedaría sumarle que entre 2027 y 2030 los vencimientos de deuda corporativa en USD (obligaciones negociables) ascienden a más de USD 5.000 millones, lo que podría contribuir a generar más presión sobre el tipo de cambio.



En palabras de CFK, la tercera crisis de deuda de nuestro país comenzó con el gobierno de Cambiemos, el cual también tenía un modelo de bicicleta financiera.

La deuda con el FMI forma parte del ciclo estructural que vincula el endeudamiento externo con la fuga de capitales. Entre 2016 y 2017 la Argentina fue el país que más préstamos privados tomó en todo el mundo. A partir de abril-mayo de 2018, el ciclo se revirtió, los capitales salieron masivamente y el BCRA perdió reservas; entonces se recurrió al FMI. El 8 de mayo de 2018, Macri anunció un préstamo de USD 57.000 millones de los que llegaron a desembolsarse USD 44.500 millones. De forma casi calcada, la entrada de más de los USD 44.000 millones por préstamo del Fondo coincidieron con los dólares que los privados fugaron del país entre mayo de 2018 y octubre de 2019 (USD 45.100 millones).



En momentos de profundas dificultades para las trabajadoras y trabajadores argentinos, resulta particularmente complejo poder discutir el problema de la deuda externa, pero es nuestra responsabilidad identificar el problema, adjudicarle la dimensión que merece y debatir públicamente qué es lo que afrontará un próximo gobierno nacional y popular cuando vuelva a haber en la Casa Rosada un representante del pueblo y no un gerente de lujo del FMI. La suba de los servicios y del boleto, la caída de las jubilaciones, los despidos y aumento de la informalidad laboral, el endeudamiento familiar, el desgüace del Estado y el saqueo de nuestros bienes naturales son padecimientos concretos de nuestro pueblo, ocasionados por las recetas del Fondo Monetario Internacional.



Como bien sabemos, Alberto Fernández y su ministro de economía Martín Guzmán, enfrentados con esta deuda monumental, escogieron el camino de aceptarla acríticamente en vez de exigirle corresponsabilidad al FMI por lo que había hecho con la Argentina. Así, en 2022 se firmó un acuerdo de refinanciamiento de los vencimientos de deuda que incluso fue votado en el Congreso, pero con la firme oposición de senadores y diputados liderados por Máximo Kirchner. Pero hay otro camino, inspirado en la decisión de Néstor Kirchner y lejos de los cantos de sirena de un posibilismo derrotistay es el que proponemos transitar, plasmado en el Proyecto de Ley Marco de Defensa de la Posición Argentina que presentó Máximo en el Congreso con el acompañamiento de diputados y diputadas de nuestro espacio político.



Dijo Néstor Kirchner desde Azul, Provincia de Buenos Aires, en agosto de 2005: “Que sepa el FMI que va a tener que discutir moneda a moneda con el pueblo y el gobierno argentino. Acá no se regala nada más, se lucha por cada centavo, porque cada centavo le cuesta al pueblo argentino.” Fuera ingleses de Malvinas, fuera FMI de Argentina.