Militancia

Norberto Galasso

Pensar en Nacional

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Norberto Galasso fue mucho más que un historiador: fue un compañero de formación, un vecino entrañable y un militante comprometido con reconstruir una historia que pusiera al pueblo en el centro. Su partida deja el desafío de continuar una pelea que hizo de la memoria una herramienta de transformación.

por Javier Andrade *
7 sep 2026

Norberto Galasso es, para quienes militamos en el campo popular, un compañero de formación permanente. Un hombre que se introdujo en los sótanos de la historia para sacar a la luz la verdad que los vencedores habían querido dejar olvidada. Su vida y su obra son una sola cosa, una larga batalla contra la historia escrita por los dueños de todo, para que se conozca la historia de los derrotados. Y en esta pelea nunca fue neutral, siempre estuvo del mismo lado, junto al pueblo, sus luchas, sus grandes liderazgos.


Siempre con esa humanidad que lo caracterizaba, poniéndose a la par de los compañeros y compañeras, escuchando antes de hablar y hablando sin subirse jamás a ningún pedestal. Porque Norberto construía el saber entre todos, en la conversación, en la militancia, en el barro de la vida cotidiana.



Desde sus relatos de la historia argentina y su obra sobre Perón hasta sus biografías y ensayos sobre el kirchnerismo, el macrismo, la deuda externa y la organización de los trabajadores y trabajadoras de la Patria, sus libros caminaron por miles de unidades básicas, de otros tiempos y de ahora, por sindicatos y centros culturales, y seguramente sean piezas infaltables en las bibliotecas populares. Y donde lo llamaban, ahí estaba, generoso, paciente, con ganas de explicar y discutir esa historia que todavía nos sigue pasando.

Porque sabía que un pueblo que desconoce su historia queda condenado a vivir dentro del relato de sus verdugos.

Gracias a su trabajo, miles de compañeros y compañeras llegaron a San Martín, Felipe Varela,  Jauretche, Ortiz Pereyra, Cooke, Arregui, Discépolo, Ugarte y Scalabrini Ortiz. Muchos descubrieron a Perón, a Evita y su pensamiento emancipador, y también reafirmaron la continuidad de nuestro amor por Néstor y Cristina en su mirada. Comprendieron que eran la continuidad de esa corriente profunda que cada tanto vuelve a poner de pie a la Patria.


Norberto nos compartió cómo pensar en nacional cuando hacerlo parecía una costumbre perdida, cómo discutir con la historia, y mantuvo encendida esa antorcha durante la larga noche neoliberal, cuando nos querían convencer de que la historia había finalizado y que solamente nos quedaba bajar la mirada.





Hoy Parque Chacabuco pierde a uno de sus vecinos entrañables. La ciudad de Buenos Aires, la Argentina, pierden una pieza fundamental de nuestra identidad, de nuestros saberes, de esa manera de entender no solamente la historia, sino también la realidad que nos toca transformar. Leyéndolo y escuchándolo, comprendimos que los dramas del presente tienen raíces viejas, que el pasado reclama ser reconstruido y que ningún futuro posible puede construirse sobre una historia falsificada.



A muchos nos tocó conocer a Norberto desde otro lugar, como vecinos. Durante la década de los 90 y los 2000 recordamos sus cálidas conversaciones en el Centro Cultural Discépolo, a metros de la plaza ex Butteler (plaza Enrique Santos Discépolo). También compartimos ese compromiso que empieza en lo cotidiano, acercarse a la unidad básica, abrir las puertas de su casa, compartir una actividad, encontrarse caminando por la vereda del barrio o en algún comercio, como uno más.


Te vamos a recordar con cariño y gratitud, compañero, pero también con esa responsabilidad incómoda que dejan los imprescindibles. La responsabilidad de continuar la pelea por una historia que se parezca a nuestro pueblo. Porque la verdad puede ser enterrada durante un tiempo, pero siempre alguien encuentra alguna hendija para volver. Y nosotros vamos a seguir empujando hasta que lo imposible se vuelva irreversible.


* Militante de La Cámpora y Diputado Nacional por la Ciudad de Buenos Aires.