La historia de la Marcha es también la de nuestras conquistas y nuestras luchas: de aquellas primeras caras tapadas por miedo a perder el trabajo, a ser expulsades de una casa o a sufrir una agresión, a una multitud que hace de las calles un lugar de pertenencia, goce y militancia. En ese recorrido hay compañeres que pusieron el cuerpo cuando hacerlo podía costarles todo y una comunidad que convirtió el dolor y la exclusión en organización.
Lesbianas, tortas, putos, bisexuales, travas, trans, marikas, no binaries y todes aquelles que vivimos nuestra identidad atravesada por la diversidad de género y orientación sexual volvemos a encontrarnos con nuestros afectos, nuestro orgullo y nuestras demandas. Con la memoria de quienes nos faltan y la responsabilidad de seguir abriendo camino.
Este año marchamos en un país donde el gobierno de Javier Milei convierte el odio en una herramienta política y el ajuste golpea a nuestro pueblo. Quieren convencernos de que nuestros derechos son privilegios, que la justicia social es un problema y que debemos resignarnos a vivir cada vez peor. Conocemos demasiado bien las consecuencias de esos discursos como para quedarnos en silencio.
Durante décadas, una sociedad que nos exigía escondernos y un Estado que respondía con violencia y persecución condicionaron nuestras vidas. Por eso, el Matrimonio Igualitario y la Identidad de Género son derechos conquistados que transformaron nuestra vida cotidiana y ampliaron los límites de lo posible.
Detrás de esas leyes estuvimos las organizaciones de la diversidad, las compañeras travestis y trans, el activismo y la militancia. Y estuvieron también Néstor y Cristina, con la decisión política de escuchar esas demandas, asumirlas y convertirlas en derechos.
Esa decisión se refleja en el documento que reconoce a quien lo lleva, en la posibilidad de casarse y formar una familia, en una atención de salud que respeta nuestra identidad. En cada compañere que puede imaginar una vida distinta gracias a un proyecto que asumió que la igualdad debía alcanzar también a quienes habían sido condenades a los márgenes.
¡El orgullo al poder, el odio al carajo!
Por eso, la proscripción de Cristina atraviesa este presente. Persiguen a quien demostró que se puede gobernar ampliando derechos, recuperando soberanía y poniendo al Estado al servicio de las mayorías. En su condena y proscripción buscan disciplinar al proyecto político que tomó las luchas de la diversidad y las convirtió en leyes y políticas públicas para vivir mejor y con más democracia.
La proscripción es violencia: pretende cerrar la posibilidad de que nuestro pueblo vuelva a elegir ese proyecto e imponer un límite a lo que podemos soñar. Nuestra historia nos impide aceptar esa resignación.
Exigimos la libertad de Cristina porque es inocente, porque es nuestra compañera y nuestra conductora, y porque su libertad está ligada al derecho del pueblo a decidir su destino sin proscripciones. La queremos libre, con su pueblo y ejerciendo plenamente sus derechos políticos.
Lo decimos mirando hacia adelante: entendemos que Cristina es la única que puede reunir la fuerza política y social necesaria para construir un futuro para las mayorías, donde las diversidades podamos desarrollar nuestros proyectos de vida y la igualdad vuelva a ser una responsabilidad del Estado. Confiamos en su conducción y asumimos la tarea militante de construir la organización que haga posible ese horizonte.
En la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri intentó proscribir la fecha de nuestra Marcha. La fuerza de nuestro movimiento y la lucha colectiva sostuvieron el 7 de noviembre.
La Marcha se hace porque hubo una comunidad dispuesta a defenderla.
Cuando la violencia se vuelve política de Estado, el orgullo también es resistencia. Frente a un Gobierno de la Ciudad que responde con persecución, hostigamiento y represión a quienes más necesitan del Estado, volvemos a las calles para ejercer nuestro derecho a manifestarnos y vivir en libertad.
¿Cómo puede ser que Jorge Macri mande 20 policías para secuestrar dos cajones de frutillas, pero no aparezca ninguno cuando alrededor de 60 violentos atacan en grupo a mujeres trans en los bosques de Palermo?
Exigimos una investigación seria por parte de la Justicia y del Gobierno de la Ciudad. Convocar y organizar a personas para agredir a travestis y mujeres trans es una expresión brutal de una violencia que no podemos tolerar. Los discursos de odio difundidos desde los gobiernos nacional y local legitiman la discriminación y envalentonan a quienes creen que sus agresiones no tendrán consecuencias.
Mientras tanto, octubre tuvo más femicidios que días y cuatro de las víctimas eran trabajadoras sexuales.
Por eso, el 3 de noviembre se realizó el primer paro de trabajadoras sexuales exigiendo justicia. La violencia que generan, difunden y defienden se lleva las vidas de mujeres y personas de la diversidad sexual. Frente a ella y al desmantelamiento de las políticas de género y diversidad, la organización y el cuidado colectivo son tareas urgentes.
Esta convocatoria abraza también a nuestras familias, amigues, compañeres de trabajo, de estudio y de militancia. A quienes estuvieron cerca cuando más les necesitábamos y a quienes todavía no se acercaron a una Marcha del Orgullo. Les invitamos a levantar juntes las banderas de una Patria donde nadie tenga que esconderse ni vivir con miedo.
Quienes alguna vez marchamos sabemos lo que significa encontrarnos: abrazar a une compañere, reconocer una bandera de otra provincia, cantar y bailar juntes. Esa alegría forma parte de nuestra fuerza política y nos permite seguir construyendo incluso en los momentos más difíciles.
Cuando el odio avanza, el orgullo en las calles es resistencia.
El orgullo no se proscribe. Cristina libre y presidenta.
El 7N nos vemos en las calles. Vení a marchar con las diversidades de La Cámpora.