Política

Cristina en The Washington Post

"Estoy aquí por mi negativa a someterme a los poderes establecidos"

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Compartimos la traducción al español de la entrevista completa a la compañera Cristina, realizada por la periodista Marina Dias.

por Marina Días *
2 nov 2026

Por Marina Dias, Washington Post


BUENOS AIRES — Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta de Argentina, abrió las altas puertas arqueadas y salió al balcón.


La multitud que se encontraba abajo, recién salida de una manifestación contra los recortes a la educación del presidente libertario Javier Milei, se había detenido frente a su departamento para corear su nombre.


“¡Cristina presidenta!”, gritaban sus seguidores, sin inmutarse por el hecho de que cumple una condena de seis años de prisión bajo arresto domiciliario por corrupción y está inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos. “¡Cristina presidenta!”


Kirchner, vestida con jeans, una blusa negra y un rosario dorado, saludó, agradeció, se llevó una mano al corazón y lanzó besos.


El encuentro, un jueves reciente, duró apenas unos segundos. Los tribunales argentinos le han dejado poco margen para algo más.


Volvió del balcón, respiró profundamente, se dejó caer en un sofá de cuero marrón y retomó una entrevista con The Washington Post, la primera con un medio internacional desde su condena el año pasado.


Kirchner también tiene prohibido ingresar a Estados Unidos, pero ve posibilidades de regresar tanto para ella como para el movimiento político de izquierda que la llevó a la presidencia.


“La historia no se escribe en línea recta”, dijo. “Hay avances y retrocesos. Pero la gente siempre vuelve”.

El ejemplo más claro, dijo, serían las derrotas que pronostica para el presidente Donald Trump y los republicanos este martes en las elecciones legislativas de mitad de mandato de Estados Unidos.

La historia no se escribe en línea recta. Hay avances y retrocesos. Pero la gente siempre vuelve".
Cristina

“Paradójicamente, el hombre que ha hecho todo lo posible para ayudar a los gobiernos de derecha a ganar en América Latina perderá las elecciones en su propio país”, dijo Kirchner. Espera que los votantes estadounidenses impulsen una ola progresista.

Kirchner, quien fue diputada, senadora, primera dama, vicepresidenta y presidenta, es una de las figuras más polarizantes de Argentina y todavía no ha cumplido 18 meses de su condena.

Pero, a los 73 años, sigue siendo un ícono del peronismo, el movimiento populista que ha marcado la política del país durante generaciones.

Sigue siendo presidenta del Partido Justicialista, de izquierda, fundado hace 80 años por Juan Perón y su esposa, Eva, y una de las líderes de Fuerza Patria, el mayor bloque opositor del Congreso Nacional. Encuestas recientes han mostrado que sus niveles de aprobación son ligeramente superiores a los de Milei, aunque ambos se ubican entre el 30 y el 39 por ciento.

Aun así, la presencia de los jóvenes manifestantes frente a su ventana la animó. “Muchos de ellos son estudiantes”, dijo.

Por ahora, el mundo de Kirchner se limita a su departamento de unos 200 metros cuadrados. Ha establecido una rutina: se alimenta de manera saludable, hace ejercicio entre cuatro y cinco veces por semana con una cinta de caminar, una plataforma de step y pesas, y estudia inglés y chino “para que no se me envejezcan las neuronas”.

Pasa las tardes leyendo y siguiendo por televisión los acontecimientos políticos de todo el mundo.

Lo más difícil, dijo, es no poder compartir sus pensamientos con amigos y aliados. Tiene permitidas cuatro horas de visitas semanales, repartidas en dos días, con un máximo de tres personas a la vez. Puede usar un teléfono celular, pero teme que sus comunicaciones estén vigiladas.

Su amigo de muchos años Luiz Inácio Lula da Silva, reelegido presidente de Brasil la semana pasada, la visitó el año pasado. Lula pasó 580 días en prisión por acusaciones de corrupción antes de ser liberado en 2019 y de que sus condenas fueran anuladas.

“Me dijo: ‘Hacé ejercicio y no te deprimas’”, contó. “Pero no tengo derecho a deprimirme ni a atormentarme frente al sufrimiento de los demás. Sé por qué estoy acá: por lo que represento, por el gobierno que construimos y por mi negativa a someterme a los poderes establecidos”.

Kirchner, abogada, fue primera dama de Argentina cuando su esposo, Néstor Kirchner, fue presidente entre 2003 y 2007. Luego lo sucedió en la presidencia, entre 2007 y 2015. Néstor Kirchner murió en 2010.

Más tarde, entre 2019 y 2023, fue vicepresidenta de Alberto Fernández, el candidato presidencial que ella eligió, en un momento en que se consideraba que su figura generaba demasiada polarización como para encabezar la fórmula.

Sé por qué estoy acá: por lo que represento, por el gobierno que construimos y por mi negativa a someterme a los poderes establecidos”
Cristina

En medio de una crisis económica, Fernández y Kirchner decidieron no presentarse a la reelección en 2023. Ese año, Milei, un estrecho aliado de Trump, capitalizó el enojo social por la inflación, el desencanto con la dirigencia política y la frustración frente a la corrupción.

Kirchner reconoce que los peronistas contribuyeron a su propia derrota. Durante el gobierno de Fernández y Kirchner, la inflación anual alcanzó el 211 por ciento y la tasa de pobreza trepó al 40 por ciento, erosionando los salarios y dejando a algunos trabajadores sin posibilidades de cubrir sus necesidades básicas.

“Hubo una ruptura de la cultura del trabajo”, dijo. “La gente veía que quienes trabajaban ocho horas por día, soportaban a sus jefes y hacían largos viajes para ir a trabajar ganaban lo mismo o menos que sus vecinos que recibían ayudas del Estado”.

Kirchner fue condenada en 2022 por una maniobra de contratación de obras públicas en la provincia de Santa Cruz durante su presidencia que, según los fiscales, benefició a un empresario aliado. Fue absuelta de encabezar una organización que habría articulado sobornos y sobreprecios vinculados con obras viales en la Patagonia.

Kirchner niega haber cometido delitos y sostiene que su procesamiento tuvo motivaciones políticas.

“Díganme dónde puse la plata”, dijo. “Porque, sinceramente, si me la hubiera robado, no estaría presa. Estaría libre, porque habría podido comprar al sistema judicial argentino, porque son corruptos”.

Kirchner y su abogado, Rafael Valim, han pedido al Comité de Derechos Humanos de la ONU que revise su caso, con el argumento de que se le negaron el debido proceso y derechos fundamentales. Ese fue el camino que siguió Lula; Valim fue asesor en su caso.

Kirchner y Valim sostienen que se la responsabilizó injustamente por las acciones de su jefe de Gabinete y de otros ministros, y que se le negó a su defensa el acceso a pruebas clave.

Díganme dónde puse la plata. Porque, sinceramente, si me la hubiera robado, no estaría presa. Estaría libre, porque habría podido comprar al sistema judicial argentino, porque son corruptos”
Cristina

La prioridad, dijo Valim, es restituir los derechos políticos de Kirchner y dejar sin efecto su inhabilitación para ejercer cargos públicos.

El Comité de la ONU puede pronunciarse sobre si se vulneraron los derechos de una persona acusada. No tiene autoridad para revocar fallos de los tribunales nacionales. Pero, como signataria del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, Argentina está obligada a cumplir sus normas.

“La decisión debe ser presentada ante la Justicia argentina”, dijo Valim. “Pero, dada la tradición argentina en materia de derechos humanos y la apertura de su sistema jurídico a las decisiones internacionales sobre derechos humanos, veo una posibilidad mucho mayor de cumplimiento, incluso en el caso de Cristina, pese a que se trata de un sistema que quiere perseguirla”.

Argentina ha mantenido históricamente un compromiso con el multilateralismo y el derecho internacional, afirmó Flávia Piovesan, exvicepresidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Señaló que los gobiernos de derecha, como el de Milei, suelen presentar la supervisión internacional como una injerencia, pero sostuvo que una resolución favorable podría tener un efecto importante.

“Ante los ojos de la comunidad internacional, ella habrá sido reivindicada”, dijo Piovesan, profesora de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo. “Eso genera una narrativa poderosa que podría tener impacto en el escenario político interno”.

A eso apuestan Kirchner y Valim. “Si Argentina no cumple”, dijo Valim, “preveo una movilización social irresistible del pueblo argentino”.

Kirchner estaba sentada ante una mesa roja en su comedor, rodeada de libros y de un gran televisor que alternaba principalmente entre canales internacionales. Dijo que consideraría volver a postularse a la presidencia en 2027, cuando se espera que Milei busque la reelección. La oposición todavía no se ha unido detrás de una candidatura.

“Cuando recupere mis derechos políticos, ¿por qué no?”, dijo.

Sostiene que, cuando Milei y otros líderes de derecha del mundo no cumplan sus promesas, el enojo contra la dirigencia establecida que los impulsó se volverá en su contra.

Kirchner reconoce que los votantes han perdido la fe en la democracia y en la política tradicional. Han estado dispuestos a apoyar a líderes que prometen desmantelar los sistemas existentes.

“Pero ahora muchos argentinos están frustrados porque sus vidas no mejoraron, la plata no les alcanza hasta fin de mes y ven un gobierno que no solo no hace nada por los pobres, sino que los ataca activamente”.

El panorama económico argentino es dispar. Milei ha logrado reducir la inflación desde los elevados niveles que heredó. Pero la pobreza aumentó este año, mientras los ingresos de los hogares tenían dificultades para acompañar el aumento del costo de vida. El desempleo también creció.

Milei recibió elogios de los mercados financieros por recortar el gasto y levantar los controles cambiarios como parte de su intento de transformar una economía argentina aquejada por problemas desde hace mucho tiempo. Pero los costos sociales de su política de austeridad están afectando su posición política. Sus niveles de aprobación han caído a los valores más bajos desde que asumió.

El desafío actual para los sectores progresistas, dijo Kirchner, no consiste simplemente en recuperar el poder, sino en comprender el enojo que ha llevado a los votantes a apoyar a líderes que prometen trastocar el sistema y en ofrecer una alternativa creíble. Lo que se necesita, afirmó, son propuestas que la gente crea que realmente pueden llevarse a la práctica, en particular para abordar los problemas económicos cotidianos y el endeudamiento.

“¿Es posible gobernar racionalmente una sociedad en la que el 50 por ciento cree que el otro 50 por ciento debe desaparecer?”, preguntó.

Sus clases de chino, dijo, le han dado una nueva manera de pensar esa cuestión. En Occidente, señaló, la política ha estado marcada durante mucho tiempo por la expectativa de que un sector debe derrotar al otro. En la filosofía china, las fuerzas opuestas del yin y el yang coexisten en lugar de buscar eliminarse entre sí.

Afuera, llegaban más sonidos desde la vereda. “¡Ahí vienen los bombos!”, dijo Kirchner, sonriendo.

Entre sus seguidores, una mujer sostenía un cartel que decía “¡Cristina libre!”.

“Hoy hay mucha gente por las protestas”, dijo Christina Rivera, que estaba entre los manifestantes. “No siempre es así. Pero yo vengo todas las semanas, para que allá arriba sepa que no está sola”.



* Para The Washington Post.