Editorial

Día de la Independencia

Tiempo de patriotas

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La historia argentina demuestra que la independencia nunca fue un hecho consumado, sino una conquista que cada generación debió volver a defender y resignificar. Desde el Congreso de Tucumán hasta nuestros días, de San Martín a Cristina, los patriotas que lucharon por la soberanía pagaron el precio de la proscripción, mientras que quienes promovieron la dependencia dejaron como herencia el endeudamiento del país. Para una Argentina Libre del Fondo, necesitamos a Cristina Libre. Hay que decirlo y hacerlo con la misma audacia y decisión que nos enseñó San Martín.

por La Cámpora
9 jul 2026
“Como argentina, no recuerdo otro 9 de Julio como este. Desde el año 56, después que lo derrocaron a Perón y lo trajeron al Fondo Monetario, nunca tuvimos este grado de dependencia. Porque cuando uno se detiene a pensar qué significó esa independencia y la compara con esta Argentina que estamos viviendo, la pregunta obligada que tenemos que hacernos, como argentinos, es: ¿somos realmente libres o independientes? ¿O estamos otra vez ejecutando políticas dictadas desde afuera, aceptando sin chistar condiciones del FMI o de otros que perjudican tanto a nuestra gente? Porque lo que se vive hoy, lo que se vive hoy en la Argentina no es simplemente un ajuste, ni una crisis, ni una tormenta pasajera. Es un verdadero problema estructural”.

Cristina Fernández de Kirchner, 9 de julio de 2025

Cuando el 9 de julio de 1816 el Congreso de Tucumán declaró la independencia, la Revolución de Mayo parecía derrotada. Chile había caído, el Alto Perú era impenetrable, Montevideo estaba perdida, los portugueses avanzaban sobre la Banda Oriental contra la férrea resistencia de José Gervasio Artigas y nuestros ejércitos lucían exhaustos. La economía estaba arruinada y se esperaba una inminente expedición española al Río de la Plata. La Patria pendía de un hilo.

En otras palabras, la independencia no fue la culminación de un camino ascendente. La independencia fue una decisión audaz en medio del peligro. José de San Martín lo entendió antes que nadie. Había que dejar de especular si convenía independizarse y empezar a actuar como un país soberano. Su pregunta retórica “¿hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia?” terminó creando las condiciones políticas que los “prudentes” decían esperar. Y cuando las élites porteñas quisieron hacerlo volver para reprimir a los caudillos federales y sus montoneras, San Martín eligió la liberación continental. El precio fue la proscripción.

Bernardino Rivadavia fue el gran responsable de la proscripción de San Martín y de nuestro triste bautismo con la deuda externa. Porque el sometimiento de la deuda siempre viene de la mano de la proscripción política. Rivadavia nunca creyó plenamente en la independencia: antes del Congreso de Tucumán apostaba a un acuerdo con España y después promovió la llegada de un príncipe europeo. No sorprende por eso que Gran Bretaña sólo reconociera nuestra independencia tras el empréstito con la Baring Brothers. Si para los patriotas el precio de la independencia es la proscripción, el exilio o la muerte, para los vendepatria es la deuda que pesa sobre el pueblo.

El sometimiento de la deuda siempre viene de la mano de la proscripción política.

Fue durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, en 1846, que la independencia pudo ser resignificada como defensa de la soberanía nacional, luego de que la Confederación Argentina derrotara el bloqueo imperialista de Francia e Inglaterra. El 4 de junio fue la batalla de Punta Quebracho y el 13 de julio el representante británico comunicó formalmente el retiro de la intervención conjunta. Por esa razón San Martín, el proscripto de Rivadavia, le legó a Rosas el sable que lo acompañó durante la gesta emancipadora.

Un siglo más tarde, con Juan Domingo Perón como presidente, el concepto de independencia alcanzó su máxima densidad. San Martín nos enseñó que hay que declararla aun en la derrota; Rosas, que debe defenderse de las agresiones extranjeras; Perón, que no hay soberanía política sin independencia económica. La independencia dejó así de ser un hecho ceremonial para convertirse en una tarea permanente. Frente a la Década Infame y al pacto Roca-Runciman, que consagraron la dependencia semicolonial, Perón hizo realidad efectiva el anhelo de FORJA: "Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre".

En esa línea, el 9 de julio de 1947, en San Miguel de Tucumán, se firmó el Acta de Declaración de la Independencia Económica de nuestro país. La resolución trascendental de Perón de liberar la Argentina mediante la cancelación de la deuda externa, el desarrollo de la industria, la nacionalización de los depósitos bancarios, el comercio exterior, los ferrocarriles y otros servicios públicos fundamentales… y de hacer todo eso en pos de la justicia social y la felicidad del pueblo, cosechó naturalmente sus represalias. Igual que San Martín, igual que Rosas, el precio pagado por Perón fue la proscripción política. A diferencia de ellos, pudo regresar a la Patria gracias a la incansable lucha del pueblo que no lo olvidó.

La Revolución Fusiladora proscribió al peronismo para abrir el camino del endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional. La dictadura genocida desapareció a 30.000 argentinos y argentinas para imponer la "miseria planificada" de José Alfredo Martínez de Hoz, que fue también la dependencia planificada y que el menemismo profundizó con las relaciones carnales. Entre 1976 y 2001, la Argentina quedó bajo las garras del FMI. Tuvo que llegar Néstor Kirchner a la presidencia para que, a medio siglo de que nos hubieran entrampado en el Fondo, reconquistáramos nuestra independencia diciéndole no al ALCA y cancelando toda la deuda con aquellos que nos querían de rodillas.

Igual que San Martín, igual que Rosas, el precio pagado por Perón fue la proscripción política.

Y luego Cristina distribuyó entre el pueblo los frutos de esa independencia. Para que volviera la justicia social al país, para que los trabajadores y trabajadoras tuvieran los salarios más altos de la región y una participación en el ingreso nacional superior al 50%, había que salir del Fondo, pero había también que defender la independencia con uñas y dientes. De las operaciones mediáticas, del lockout de las patronales agrarias, de la persecución judicial, de las corridas cambiarias orquestadas por las grandes empresas, de los ataques de los fondos buitre. Cristina defendió la independencia recuperando para nuestro país las AFJP, Aerolíneas Argentinas e YPF; repatriando a los científicos y científicas que habían emigrado durante el neoliberalismo, lanzando satélites al espacio y entregando millones de computadoras a los niños y niñas, y lo hizo desde la Casa Rosada o desde la Organización de las Naciones Unidas, reclamando insistentemente la soberanía de las Malvinas o planteando la construcción de un marco regulatorio para reestructurar las deudas soberanas.

El patriotismo de Cristina tuvo el mismo precio que el de todos los grandes patriotas de nuestra historia: el odio del poder permanente, la estigmatización, el intento de asesinato, la cárcel y la proscripción política. El primer año de gobierno de Mauricio Macri fue el del Bicentenario de la Independencia. ¡Qué diferencia abismal con el Bicentenario de la Revolución de Mayo, repleto de pueblo y de presidentes latinoamericanos caminando entre la multitud! Muy por el contrario, esa olvidable celebración sólo será recordada por aquel humillante “querido rey”. En 2016, igual que en 1956, la persecución contra Cristina y el peronismo tuvo como objetivo transferir una enorme masa de recursos desde los sectores populares a los grupos económicos e iniciar un nuevo ciclo de deuda en la República Argentina. El mismo mes en que Cristina fue citada por Claudio Bonadío a declarar en Comodoro Py, Macri le pagó a los fondos buitre más de lo que pedían, con el respaldo de un Congreso dialoguista y negociador. El año del Bicentenario, la Argentina fue el país que más se endeudó en el mundo. Un camino que sólo podía terminar, otra vez, en el infierno del FMI.

El patriotismo de Cristina tuvo el mismo precio que el de todos los grandes patriotas de nuestra historia: el odio del poder permanente, la estigmatización, el intento de asesinato, la cárcel y la proscripción política.

Diez años después y a dos siglos de la presidencia de Rivadavia, Cristina está presa y proscripta, como entonces San Martín estaba exiliado y proscripto. La deuda con el FMI agobia y cercena nuestras posibilidades de crecimiento equilibrado y justo, como entonces la deuda con la Baring Brothers llevó al desmantelamiento de las capacidades estatales, entre ellas la de contar con una escuadra que defendiera las islas Malvinas, usurpadas por los británicos en 1833. No es casual que Cristina fuera condenada por la mafia judicial entre el salvataje del Fondo y el salvataje del Tesoro norteamericano, porque la proscripción y la deuda siempre van de la mano en Argentina.

Tampoco es casual que a falta del príncipe europeo que algunas minorías privilegiadas desearon reclutar tras el 9 de julio de 1816, se instale hoy en nuestro país el magnate de Silicon Valley y faro ideológico de la ultraderecha Peter Thiel. A Cristina el gobierno de Donald Trump le prohíbe el ingreso a Estados Unidos, por haber defendido los intereses de nuestro país como Perón los defendió frente a la injerencia de Spruille Braden en 1945. Milei, a la inversa, quiere entregarle la ciudadanía argentina a un mega-rico que hace negocios y vende vigilancia mediante la privatización de los datos de las personas, como con el RIGI y el Súper RIGI les da a las grandes multinacionales permiso para saquear nuestros recursos estratégicos y dejarnos tierra arrasada.

En esas circunstancias, podemos afirmar sin tapujos que el país no será políticamente soberano hasta que no construya independencia económica y que sin tales premisas tampoco habrá justicia social. La reestructuración de la deuda externa y la justicia fiscal son pilares imprescindibles de un futuro gobierno nacional y popular. Pero también hay que tener claro que ninguna de las banderas doctrinarias del peronismo pueden realizarse si Cristina continúa secuestrada en San José 1111 y despojada de derechos políticos. Cristina fue condenada por defender la independencia de la Patria. Por lo tanto, hoy no se puede defender la independencia de la Patria sin defender a Cristina, con el mismo ejemplo y el mismo coraje que ella y Néstor nos enseñaron. La Argentina Libre por la que luchó San Martín, la que defendió Rosas, la que anheló FORJA y solo concretaron los gobiernos peronistas, forma parte de la misma consigna que Cristina Libre.

Que algunos esgriman que es imposible, que primero hay que ganar y después ver, que no da la correlación de fuerzas, es indicador de que nada aprendieron de la decisión de San Martín, que nos dio la Patria para que asumamos la responsabilidad de cuidarla y defenderla. 


Cristina Libre. Es tiempo de patriotas.