A un año de que la mafia judicial y mediática al servicio del poder económico decidiera meter presa a Cristina Fernández de Kirchner y proscribirla de por vida, la realidad de los argentinos y argentinas está cada día peor. En la noche previa a la condena, Cristina había anticipado lo que se vendría. Al igual que lo hizo aquella noche del 9 de diciembre de 2015, frente a una Plaza de Mayo repleta, cuando nuestra entonces presidenta avizoró con total exactitud lo que sería el macrismo. El 9 de junio de 2025, doce horas antes de que se conociera la sentencia, habló ante la militancia que la esperaba afuera del Partido Justicialista Nacional:
Un año de lucha contra la proscripción
Liberar a Cristina para liberar la Patria
“¿Creen que van a solucionar esto metiéndome presa? Dale, meteme presa ¿y qué van a hacer? ¿La gente va a ganar más plata? ¿Le van a aumentar el salario a los argentinos? ¿Van a comenzar a financiar las escuelas y los hospitales? ¿Van a poder pagar la deuda en dólares que tienen con el Fondo Monetario Internacional y con los bonistas? Bueno, entonces, hermano, pensá en otra salida, porque yo estaré presa, pero la gente va a estar cada día peor y eso no lo van a poder solucionar si siguen con esta política”.
Solo desde el 10 de junio de 2025, los salarios registrados perdieron 4% de su poder adquisitivo, casi la mitad de lo que perdieron en todo el gobierno de Javier Milei. Las jubilaciones cayeron 5,2%, más de la mitad del total desde noviembre del 2023. Y a febrero de 2026 –último dato disponible– se perdieron 8.115 empresas y 91.674 puestos de trabajo registrados.
La desocupación, por su parte, pasó del 6,4% al 7,5%. El consumo de carne cayó 8% (12,7% la carne bovina y 8,5% la carne aviar) y el de leche se retrajo 6,3%, mientras que las ventas en supermercados cayeron 2,1%. Y el fenómeno de endeudarse para comer, que ya se observaba, se profundizó: la cartera irregular de las familias alcanzó el 11,2% en el total de crédito con entidades financieras, impulsada por la morosidad en los créditos personales (13,8% del total) y en las tarjetas de crédito (11,2%); en un año los ratios casi se cuadruplicaron en el primer caso y se quintuplicaron en el segundo. Los servicios públicos aumentaron muy por encima de la inflación (43%, en promedio), se redujeron subsidios y el gobierno y sus aliados avanzan con la derogación de la Ley de Zonas Frías que impulsó Máximo Kirchner.
Mientras tanto, la deuda externa aumentó en más de USD 35 mil millones (sumando pública y privada) y, en paralelo, con el levantamiento del cepo para personas físicas, la fuga de capitales alcanzó casi USD 40 mil millones. Como nos enseñó Rodolfo Walsh, la miseria se planifica. Solo que ahora es el Partido Judicial el que cumple las funciones que durante el siglo XX ejecutó, con suma crueldad y violencia, el Partido Militar. Igual que entonces, el objetivo de los poderosos sigue siendo disciplinar para que nadie ose cuestionar sus privilegios y un esquema de negocios hecho a medida del saqueo del país.
El curso de los acontecimientos es de por sí elocuente. Una semana antes del oprobioso fallo de la Corte, Cristina había anunciado su candidatura a diputada por la Tercera Sección Electoral de la provincia de Buenos Aires. Y el gobierno de Milei, que venía de ser rescatado en abril por el Fondo Monetario Internacional -prueba indubitable del fracaso de cualquier plan económico neoliberal-, no podía darse el lujo de tenerla caminando por los barrios del conurbano bonaerense, en contacto con la gente.
Como siempre que un proceso de movilización popular se genera alrededor de Cristina, los poderes fácticos intervienen para detenerlo. En agosto de 2022, luego del alegato del fiscal Diego Luciani en homenaje a los cincuenta años de la masacre de Trelew, las miles y miles de almas que se reunieron en las proximidades de Juncal y Uruguay para devolverle su amor a Cristina fueron el contexto en el que Fernando Sabag Montiel pretendió matarla, en un atentado que Comodoro Py continúa manteniendo impune.
El 6 de diciembre de ese mismo año, para frenar el fervor militante que se había manifestado el 18 de noviembre en el Estadio Único de La Plata, dificultar las posibilidades del peronismo para las elecciones del 2023 y tapar el escandaloso viaje a Lago Escondido que Clarín le pagó a jueces, fiscales y políticos, el Tribunal Oral Federal N°2 decretó la proscripción perpetua de Cristina y seis años de prisión. En un histórico discurso, nuestra conductora habló de mafia y Estado paralelo y en una interpelación directa a Héctor Magnetto reafirmó que no sería candidata a nada y que nunca sería mascota del poder.
Finalmente, el 10 de junio de 2025, en las horas del aniversario de los fusilamientos de José León Suárez, la Corte Suprema ratificó la condena, para impedir que Cristina participara de la campaña electoral y expusiera todavía más la debilidad del gobierno de Milei, que a finales de septiembre necesitó el salvataje de Donald Trump y Scott Bessent para no desplomarse. Los que se siguen desplomando son los ingresos de los trabajadores y trabajadoras de nuestra patria.
Sin embargo, el fallo no fue capaz de obturar la gigantesca movilización y organización del pueblo en defensa de Cristina, la cual logró que la detención orquestada por los que se creen dueños del país se hiciera en su casa y no en una cárcel común, como anhelaba el propio Magnetto. Con ella, desde su casa hasta Comodoro Py, y de ahí de vuelta a su casa, advirtió el pueblo. No hubo foto de humillación pero sí una Plaza de Mayo explotada el 18 de junio, mientras San José 1111 se ha transformado en una meca de amor y un punto de acumulación política ineludible para la reconstrucción nacional.
No caben dudas que, en la nueva Década Infame que viene atravesando la Argentina desde el 10 de diciembre de 2015, la persecución contra Cristina y el peronismo ha constituido el eje del plan sistemático para hundir los salarios y jubilaciones, concentrar la riqueza en manos de unos pocos, endeudar al país, despolitizar y desmovilizar a la sociedad y destruir toda memoria que recuerde los años felices de los gobiernos de Néstor y Cristina, ni hablar los de Perón y Evita. Como dice Máximo: desde hace diez años los argentinos y argentinas estamos cayendo en un tobogán que no encuentra el arenero. Más persiguen a Cristina, más caen los ingresos, más crece la deuda externa, más se concentra la riqueza, más se profundiza la injusticia. Es un círculo vicioso y, como la Operación Masacre que relató y desentramó Rodolfo Walsh, esta operación mafiosa tiene el fin de entregar el país al gobierno del FMI.
Por eso el mamarracho de la causa “Vialidad” y por eso también el bochorno todavía mayor de la causa de las fotocopias de los “Cuadernos”, expresión sintomática de la debacle institucional y la podredumbre de la Justicia Federal, que le aplica a Cristina el derecho penal del enemigo y la trata con mayor severidad que a los genocidas y los narcotraficantes, mientras en la Argentina se produce un femicidio cada treinta horas y las grandes empresas hacen lo que quieren con la vida de la gente.
No hay caso en el mundo de tamaña envergadura en el que la violación del debido proceso y de las garantías constitucionales de la persona acusada haya sido tan flagrante y obscena. A Cristina la condenaron por “administración fraudulenta”, un delito que no podía cometer ya que, por diseño constitucional, no es el presidente quien administra sino el Jefe de Gabinete de Ministros. La condenaron sin que haya una sola prueba directa en su contra, es decir, por suposiciones imaginarias como “no podía no saber” y por obras que ya habían sido investigadas en una causa anterior, cerrada en 2015 por inexistencia de delito.
Pero también la juzgaron magistrados que denostan el principio de imparcialidad, que visitaban al entonces presidente Mauricio Macri en Olivos (Gustavo Hornos, Mariano Borinsky), que jugaban al tenis con él (Borinsky) o jugaban al fútbol en su quinta privada (Luciani, Rodrigo Giménez Uriburu), que aceptaron ser nombrados por decreto (Horacio Rosatti, Carlos Rosenkratz), que fueron beneficiados con traslados (Leopoldo Bruglia) y designaciones (Diego Barroetaveña), que tuvieron reuniones con Patricia Bullrich cuando era ministra (Jorge Gorini), que anularon procesamientos del propio Macri, su primo Ángelo Calcaterra y funcionarios de su gobierno, como Federico Sturzenegger y Nicolás Dujovne (Bruglia, Borinsky, Barroetaveña), etcétera. El juez Julián Ercolini, que fue quien reabrió la causa en 2016, luego de haberse declarado incompetente en 2011, integró, para variar, el viaje familgliar a la mansión de Joe Lewis. Y son apenas unos pocos ejemplos de esta triste y lamentable infamia.
“Vialidad” fue una causa amañada y manipulada para que coincidiera con el calendario electoral. Como advirtió Cristina en 2019, la sentencia ya estaba escrita de antemano y el tribunal que la condenó no funcionó como un tribunal de la Constitución sino como un pelotón de fusilamiento. Algo parecido podemos afirmar respecto al juicio por las fotocopias adulteradas, lleno de extorsiones mafiosas y arrepentimientos retrospectivos.
Como Cristina no se arrepintió ni disciplinó, y como les dijo “si naciera veinte veces, veinte veces haría lo mismo”, la castigan para que nadie más se anime, para que en caso de llegar nuevamente el peronismo a la Casa Rosada, tenga que someterse sin chistar a los mandatos de los dueños de la Argentina. Es un indicador que no falla: cuanto más se descristinizan algunos dirigentes para complacer al círculo rojo, menos dispuestos están a llevar adelante las transformaciones que el país necesita, más cerca de votarle leyes a Milei y de agachar la cabeza. Cuánto más lejos de Cristina, más lejos del pueblo; cuánto más lejos del pueblo, más cerca de los poderosos.
En estos días, una tesis que circula es que hay que ganar las elecciones y luego ver cómo liberar a Cristina. Nosotros y nosotras decimos que hay que luchar por la libertad de Cristina para ganar las elecciones. Porque la libertad de Cristina significa la recuperación de la soberanía política de nuestro pueblo y la voluntad de gobernar como el pueblo quiere; y no encorsetados en los límites que imponen los mafiosos y el FMI. No hay posibilidad de un gobierno verdaderamente peronista con Cristina Fernández de Kirchner proscripta.
Porque a esta altura resulta más que obvio que la proscripción de Cristina funciona como disciplinador del campo popular en su conjunto, para facilitar el remate nacional y la degradación de la vida de las mayorías. Quienes, en nombre del peronismo, esconden y niegan a Cristina, quienes dudan ante la pregunta por su injusta detención, quienes titubean ante el reclamo por su libertad, sólo colaboran a la postración del peronismo. Por eso la militancia se hace presente en San José, escribe su nombre en las paredes y las banderas; en cada lucha y en cada reclamo, en cada olla popular, en cada movilización y hasta en la fila de Villa Domínico para despedir al Indio; en cada acción política repite una y otra vez: para liberar la Argentina, es necesario liberar a Cristina.
Siempre que reine la incertidumbre, hay que mirar qué les preocupa y a qué le tienen miedo los poderosos para saber dónde posicionarse. Y en nuestro país, los poderes fácticos temen lo que Cristina es y representa. Por eso su proscripción no es la proscripción únicamente de un nombre sino de las ideas que encarna. Es querer decretar imposible otra Década Ganada para el pueblo, tener los salarios y jubilaciones más altos de la región, satélites en el espacio, un Bicentenario festivo y popular.
Pero además Cristina es la que mejor identifica los problemas actuales, la que mejor señala rumbos alternativos, la que más fuerza tiene para empujar un programa de reconstrucción nacional. El mismo día que anunció su candidatura, Cristina explicó desde dónde había que negociar con el FMI para que la deuda no siguiera bloqueando nuestras posibilidades de desarrollo. Cristina nos dijo también que había que pensar una actualización laboral y contra la reforma semiesclavista de Milei y el FMI, los compañeros y compañeras conducidos por Cristina en el Congreso han elaborado un proyecto alternativo e integral, en el que los trabajadores y trabajadoras no tienen que resignar ningún derecho.
Como presidenta del PJ, Cristina ha llamado a ordenar y enderezar el peronismo. Pero el poder económico no tropieza dos veces con la misma piedra. Como no la pudieron matar, la metieron presa. Como no dejan de saquear y destruir el país, la proscribieron de por vida. La proscripción y el secuestro de Cristina es el corazón de la estrategia enemiga. Por ende, debe ser contrarrestada como tal.
Rodolfo Walsh escribió Operación Masacre después de que en un bar de La Plata escuchara a un hombre decirle que hay un fusilado que vive. Cristina es hoy la fusilada que vive. Porque la quisieron matar y no pudieron. Porque intentaron humillarla en una cárcel común y tampoco pudieron. Porque quieren aislarla, borrarla del mapa político y de la memoria de la gente pero no pueden. Porque aunque le restrinjan las visitas, aunque le dediquen infinitos editoriales y fake news, aunque afirmen por enésima vez que está terminada, Cristina está viva y más vigente que nunca y cada vez más argentinos la quieren votar.
Ni con el aislamiento, la censura y las traiciones pudieron vaciar de significado el nombre de Perón. Tampoco podrán con Cristina, cuyos gobiernos y cuya figura se agigantan desde San José 1111. Hay una fusilada que vive: hay que repetirlo, escribirlo, militarlo, para que el montaje oligárquico y la trama mafiosa se partan en mil pedazos, y para recordar también que las proscripciones fueron hechas para romperse. Como dijo Cristina a la plaza del 18 de junio:
“Junten codo con codo, fuerza con fuerza y brazo con brazo porque tenemos razón: la razón nuestra es la razón de los pueblos que se niegan a ser arrasados y la de la patria que se niega a ser colonia”.
Como siempre y desde ese día mucho más: militamos codo a codo para acompañar, organizar y representar a nuestro pueblo. En los barrios, en las escuelas, en las calles, en las universidades, en los clubes; con los trabajadores, con los jubilados, con las mujeres, con los estudiantes, con las personas con discapacidad, con cada argentino y argentina. Con jornadas solidarias, en las movilización, en nuestras unidades básicas, en este día y cada día, como nos pidió nuestra conductora.
Hoy, 10 de junio, a un año de la injusta condena, realizaremos más de 130 encuentros simultáneos en todo el país por la libertad de Cristina y nos movilizaremos a San José 1111 para acompañarla. Y el 20 de junio, con nuestras banderas argentinas, TODXS A PARQUE LEZAMA.
CRISTINA ES INOCENTE Y LA QUEREMOS LIBRE.