Editorial

25 de mayo, Día de la Patria.

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Nestor

La Revolución de Mayo, el retorno del peronismo luego de 18 años de proscripción, la asunción Kirchner. El sol del 25 siempre asoma, como asomó el 25 de mayo de 2006 cuando Néstor, luego de haber echado al FMI le dijo a una Plaza de Mayo llena: “volvimos”. Se puede contar la historia argentina como la historia de los perseverantes esfuerzos del pueblo por regresar a aquel sitio que le dio nacimiento. Ese es nuestro programa político hoy: sacar al FMI, liberar a Cristina y volver a la Plaza.

por La Cámpora
24 may 2026

El 25 de mayo de 2006, hace exactamente dos décadas, Néstor Kirchner habló por primera vez frente a la Plaza de Mayo llena. Hacía tres años había llegado desde el sur de la Patria, en medio de una de las peores crisis de nuestra historia prometiéndole un sueño a todos los argentinos y argentinas. Con el recuerdo de la asunción de Héctor Cámpora a flor de piel, le dijo a la multitud reunida: volvimos, volvimos a la Plaza.


“Hace 33 años yo estaba allí abajo, el 25 de mayo de 1973, como hoy, creyendo y jugándome por mis convicciones que un nuevo país comenzaba y en estos miles de rostros veo los rostros de los 30 mil compañeros desaparecidos, pero igual veo la Plaza de Mayo de la mano de todos nosotros.” 


En los treinta años que pasaron desde el golpe del 24 de marzo de 1976 y el 25 de mayo de 2006, el peronismo no había sido capaz de movilizar el pueblo a la plaza para celebrar avances y conquistas, como habían hecho Perón y Evita. Fue recién cuando dos militantes de la gloriosa juventud peronista, dos que se le escaparon a la dictadura, llegaron a la Casa Rosada que el peronismo se reconcilió con la Plaza de Mayo, porque había vuelto a representar a su pueblo


No fue magia ni una convocatoria cargada de nostalgia. El 3 de enero de 2006 el Estado nacional canceló toda su deuda con el Fondo Monetario Internacional. La misma fecha en que los ingleses usurparon nuestras Islas Malvinas, los argentinos y argentinas recuperábamos la soberanía sobre la política económica.

Como siempre subraya Máximo, cuando se le pagó al FMI comenzó de verdad la Década Ganada.

El propio Néstor vinculó en su discurso del 25 de mayo la decisión de habernos sacado de encima al Fondo y la posibilidad de llenar la plaza otra vez, para iniciar una nueva etapa en el país:


"Esta Plaza de Mayo, hoy formalmente le dice chau al Fondo Monetario Internacional, la Argentina pagó su deuda, no depende más del Fondo. Y nos decían que era una locura pagarle al Fondo. Para nosotros, una locura era seguir haciendo las políticas del Fondo en el país; una locura era seguir llevando a la Argentina a los niveles que se la llevó por esas políticas dependientes (...) Tenemos que recuperar esa vocación de cambio, esa vocación transgresora que tuvo durante muchísimo tiempo la sociedad argentina. Por eso, cuando yo empezaba mis palabras les dije que volvimos; volvimos a la Plaza de Mayo, acá estamos otra vez los argentinos”.

La relación entre el Pueblo y la Plaza es fundamental. Esa plaza que sabe ser lugar de gestas, festejos y disputas, pero también de vaciamientos y proscripciones. Se puede contar la historia argentina como la historia de los múltiples y perseverantes esfuerzos del pueblo argentino por regresar a aquel sitio que le dio nacimiento, luego de que las fuerzas vendepatrias y gorilas emplearan todos los medios disponibles para orquestar su destierro. Y hay que subrayar: los destierros que sufrió el pueblo son los que padecieron también nuestros grandes patriotas.


No es casual que la mayoría de los integrantes de la Junta Revolucionaria que se constituyó el 25 de mayo de 1810 fueran blanco de proscripciones, calumnias, procesamientos e ingratitudes. Con esa “delicadeza” han tratado siempre los poderes concentrados a quienes pusieron el cuerpo al servicio de la construcción y reconstrucción del país.


Como planteó Cristina el 25 de mayo de 2013: “hagamos memoria cómo fueron atacados esos próceres, Moreno, Belgrano, a los que acusaban de ultras y jacobinos (...) Cada ciclo de gobiernos populares ha tenido ataques feroces porque en realidad, cada una de esas dirigencias no era de ellas el problema, era el obstáculo, eran las herramientas que la historia del pueblo había tomado para transformar un destino de esclavitud, un destino de atraso y, entonces, había que destruir las herramientas. Yo, nosotros, él, que no está más, no fuimos importantes ni seremos importantes por nosotros mismos. Somos apenas una herramienta de ustedes, del pueblo”.



Cada vez que, destruidas sus herramientas y sus conducciones, era el pueblo expulsado de la plaza, con los tanques en la calle o con bombas cayendo desde el cielo, el país se vio sometido a algún ciclo de endeudamiento o ingresó en una Década Infame. Por eso en la Argentina endeudada del Centenario, semicolonia del Imperio británico, apuntaba Cristina en 2009 que “los argentinos recordaron sus primeros cien años de historia con estado de sitio; había represión sobre nuestros trabajadores porque no había trabajo, porque no había derechos”. 


En contraste, cada vez que el pueblo se las ingenió para volver a la plaza llegaron las conquistas, los días felices, la dignidad.

Fue de la mano de Perón y Evita el 17 de octubre de 1945, de la mano de la juventud peronista el 25 de mayo de 1973, de la mano de Néstor y Cristina en el siglo XXI, gracias al ejemplo de las Madres, que inventaron sus marchas cuando los asesinos de sus hijos les exigieron que circulen, pero también de las luchas contra el neoliberalismo que culminaron en la revuelta social de diciembre del 2001.


El sueño que Néstor Kirchner prometió el 25 de mayo de 2003 se encarnó en las millones de personas que celebraron el Bicentenario en 2010, mientras los presidentes latinoamericanos caminaban por la calle, muy al revés del Centenario, repleto de mandatarios y visitantes europeos y con desfiles organizados para la alta sociedad, porque el pueblo estaba proscripto. 




Fue para romper esa plaza del Bicentenario, que el antiperonismo decidió acelerar la persecución mediático-judicial contra Cristina, tras los infructuosos intentos de desestabilizar su gobierno, desde el levantamiento patronal del 2008, el bloqueo parlamentario del 2010-año en el que no tuvimos presupuesto- y la corrida cambiaria del 2011, al acuartelamiento policial del 2013 y el fallo a favor de los fondos buitre en 2014. A pesar de los ataques, Cristina dejó de ser presidenta constitucional reelecta con una plaza en la que no cabía un alfiler. 


El macrismo tuvo que relanzar una persecución cruenta para volver a endeudar la Argentina al mismo tiempo que manifestaba su patética vocación de colonia en el Bicentenario del 9 de julio, solo recordado por aquel humillante “querido rey”. Ese mismo año, 2016, volvió a introducirse en el lenguaje político nacional la palabra “proscripción”. Y en efecto, esta última Década Infame de incremento de la deuda externa y hundimiento del poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras de nuestra Patria, es también una década de proscripción, que ha llevado a la elección de Javier Milei como presidente-mulo de Trump y el FMI- y al secuestro de Cristina Fernández de Kirchner en San José 1111, por orden de la mafia que conduce Héctor Magnetto.   



Este 25 de mayo no hay nada que festejar.

Mientras la Casa Rosada se hunde en intrigas palaciegas y rabias personalísimas, las familias argentinas se endeudan hasta la nuca para tratar de llevar un plato de comida a la mesa, y muchísimas ni así lo logran. En el Congreso se somete a millones de argentinos y argentinas a un brutal tarifazo en la puerta del invierno. La derogación de la Ley de Zonas Frías, una enorme conquista del federalismo argentino por iniciativa de Máximo Kirchner, muestra que en esta Patria no manda Milei, sino el Fondo Monetario y los poderes concentrados. Para eso también está presa Cristina, para facilitar el saqueo. 


Sin embargo, nuestra historia nunca ha dejado de confirmar que allí donde hay proscripción nace también la esperanza. Y que es desde la esperanza de sabernos herederos de una larga y gloriosa tradición, que comienza expulsando a los ingleses de la plaza en 1806 para ganarla el pueblo el 25 de mayo de 1810; de sabernos parte de un movimiento doctrinario que siempre ha encontrado y defendido a sus conducciones, a pesar de los olvidadizos; en definitiva, la esperanza de confiar en las fuerzas del pueblo, que construiremos la salida política que la Argentina necesita. Una salida organizada, una salida militante, una salida justicialista. Que parta de la base de que cada vez que entra el FMI a la Casa Rosada, el pueblo sale. Pero también, como demostró Néstor en 2006, que cada vez que el FMI es echado de  la Argentina, el pueblo vuelve. Será con Cristina Libre.