Política

Mugica, vivo en el pueblo

A 46 años del asesinato del Padre Carlos Mugica, uno de los fundadores del movimiento de curas villeros en nuestro país, sus ideales y su entrega por las personas más humildes vive en cada barrio popular.

“De lo único que se trata es de que haya un gobierno que le permita al pueblo organizarse y realizarse a sí mismo”, remarcaba Carlos Mugica en un programa de televisión al describir el trabajo del Frente de Villas durante el gobierno del General Perón.

Carlos Mugica eligió abandonar los privilegios para entregar su vida a la garantía de derechos para los sectores populares. Su padre, Adolfo Mugica, fue canciller del gobierno de Arturo Frondizi. Su madre, Carmen Echagüe, miembro de una familia de terratenientes.

Carlos egresó del Colegio Nacional de Buenos Aires, donde años más tarde sería asesor de la Juventud de Acción Católica y conocería a muchos jóvenes que años más tarde serían los más importantes dirigentes de la Juventud Peronista.

Abandonó sus estudios en la Universidad de Derecho a los 21 años para ordenarse como cura en el año 1959. Al regresar de misionar un año en Resistencia, fundó la capilla Cristo Obrero en la ex Villa 31 de Retiro, hoy convertida en barrio que lleva su nombre.

En 1968 viajó a Europa para estudiar y conoció a Rolando Concatti, uno de los fundadores del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, ámbito del cual Carlos ya formaba parte tras haber adherido junto a cientos de sacerdotes al Mensaje de los 18 Obispos del Tercer Mundo el 31 de diciembre del año anterior.

“Dios y la verdadera religión están siempre con los que buscan promover una sociedad más equitativa y fraternal entre todos los hijos de Dios en la gran familia humana”, rezaba el mensaje de los Obispos que también enfatizaba: “Ya no podrá permitirse que los ciudadanos provistos de rentas abundantes, provenientes de los recursos y la actividad nacionales, transfieran una parte considerable al extranjero para su beneficio personal, sin preocuparse, del daño que hacen sufrir por ello a su patria”.

Durante ese viaje por Europa también se entrevistó con el General Perón, a quien acompañaría en su regreso al país en 1973. Fue durante su gobierno que Mugica se desempeñó ad honorem en el Ministerio de Bienestar Social, bajo la órbita de José López Rega; cargo al que 10 meses más tarde renunciaría por discrepancias con el titular de la cartera.

El principal cuestionamiento estaba relacionado con el proceso de urbanización del barrio de Retiro, donde se le reclamaba a López Rega la necesidad de que los villeros y villeras tengan una participación más activa en la construcción directa de las viviendas a través de las empresas populares de construcción. Destacaba que de ese modo se daría empleo a los vecinos y vecinas, ante una desocupación todavía muy fuerte y, a su vez, se eliminarían intermediarios.

Durante una entrevista televisiva luego de presentar su renuncia, Mugica insistió en que esa acción no lo alejaba ni del peronismo ni de su anhelo por colaborar con el gobierno del General Perón. “De ninguna manera renuncio a ocupar mi puesto en la lucha por la liberación nacional y sigo pensando que el movimiento peronista es el movimiento a través del cual el pueblo hoy se va encaminando hacia la liberación”, subrayó.

El 11 de mayo de 1974, pasadas las 20 horas, fue emboscado por un auto y acribillado a balazos por varios hombres a la salida de una misa que celebraba en la Iglesia de San Francisco Solano del barrio porteño de Villa Luro.

Estaba acompañado por su amigo Ricardo Capelli, a quien, según el médico que lo intervino, pidió que operen primero; mostrando la calidad humana que sostuvo hasta su último aliento. “Ahora tenemos que estar más que nunca junto al pueblo”, recuerdan que le dijo agonizando a una enfermera del Hospital Salaberry.

Varios fallos judiciales adjudican el asesinato a la Triple A, comandada por López Rega.

Tras un atentado que sufrió su casa familiar y luego de que desconocidos se presentaran en la Villa de Retiro buscándolo, Carlos pronunció una frase que sería difundida con posterioridad: “Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición”.

Miles de personas, villeros y villeras en su gran mayoría, acompañaron su féretro en la parroquia de San Francisco Solano y la Capilla de Cristo Obrero de Retiro para terminar en el cementerio de Recoleta. Allí sus restos descansaron hasta que en 1999, con el apoyo del entonces Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio, pudo ser trasladado hasta su parroquia en el Barrio Padre Carlos Mugica, ex Villa 31.

En el año 2014, Cristina inauguró un memorial en la 9 de Julio a 40 años de su asesinato y su nombre designa desde comedores, unidades básicas y centros culturales hasta centros de salud a lo largo y ancho de nuestro país.

Hoy más que nunca, cuando el Barrio Carlos Mugica acumula días sin el derecho humano a agua potable y multiplica casos del nuevo coronavirus, cuando el Gobierno de la Ciudad dilata un impostergable plan integral de abordaje para los sectores populares en ese y todos los barrios de la Ciudad más rica del país; vemos la imprescindible tarea de los curas villeros y de miles de compatriotas que, con el ejemplo de Mugica, ponen el cuerpo para acompañar y asistir a las personas más humildes.

 

 

 

 

 

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