Militancia

Elecciones en la UNR

El peronismo ganó Humanidades y es la fuerza que más creció en Rosario

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La agrupación Oktubre, de la regional de La Cámpora Universidad, ganó el centro de la Facultad de Humanidades y Artes para el peronismo después de 52 años.

por La Cámpora Universidad
13 abr 2026

En 1973, mientras la Argentina salía de 18 años de proscripción y resistencia, la Juventud Universitaria Peronista de Rosario tomó una decisión que excedía la lógica habitual de la política universitaria: no presentarse a las elecciones del centro de estudiantes en Humanidades para abocar todos sus esfuerzos en militar el regreso de Juan Domingo Perón al gobierno

No era una retirada, era una definición política: poner siempre primero la Patria. La prioridad estaba afuera de las aulas, en un país que volvía a decidir su destino después de casi dos décadas de lucha. Cada militante entendía que la disputa central no era un espacio de representación estudiantil, sino el destino político de la Argentina.

Un año después, en 1974, esa misma militancia que resignó lo particular para cuidar el destino nacional volvió a la facultad. Lo hizo con una contundencia que dejó marca, al ganar el centro de estudiantes por amplia mayoría.

No fue una irrupción inesperada, sino la confirmación de algo más profundo: Humanidades y Artes de la UNR había nacido en 1947, como parte de una política universitaria del peronismo, que buscaba articular conocimiento, pueblo y proyecto nacional. Este clima político dos años después dio lugar al Congreso Nacional de Filosofía donde Perón planteó la idea de comunidad organizada.

Pero esta historia fue violentamente interrumpida. Primero, con la Revolución Fusiladora en 1955, que buscó borrar al peronismo de la vida política y también de la universidad. Después, con el terrorismo de Estado de la última dictadura, que no solo se llevó vidas, sino que desarticuló proyectos, desarmó organizaciones y silenció a toda una generación de militantes dentro de la universidad.

Durante décadas, ese hilo quedó suspendido. Recién en el siglo XXI, con los gobiernos de Néstor y Cristina, comenzó la reconstrucción. En 2011 el peronismo volvió a tener representación en el Consejo Directivo de la facultad y, desde entonces, la sostuvo casi sin interrupciones. No era solo un regreso institucional: era también recuperar una historia, un puente generacional construido con las políticas de memoria, verdad y justicia de esos gobiernos.

Una nueva camada de militantes, no solo construyó el presente, sino que recogió las historias de quienes habían sido perseguidos y desaparecidos. En 2017 esa acumulación tomó forma en Oktubre. Desde entonces, el peronismo empezó a ordenarse, a crecer, a expandirse a más carreras y a construir un proyecto más amplio dentro de Humanidades.

Hoy, el triunfo en el centro de estudiantes no es un hecho aislado: es la síntesis de un recorrido largo, interrumpido y  reconstruido.

Un crecimiento que se consolida en toda la UNR


En estas elecciones, además del triunfo en Humanidades y Artes, el peronismo universitario rosarino obtuvo excelentes resultados en las elecciones estudiantiles de la Universidad Nacional de Rosario. A través de frentes que integraron a distintas agrupaciones, no solo amplió su representación en los Consejos, sino que también consolidó su presencia en la universidad.

Ese proceso se apoyó en la construcción de listas de unidad del peronismo y en la consolidación de espacios que sintetizan el campo nacional en cada facultad, evitando la fragmentación de años anteriores. En ese marco, Oktubre ganó el centro de estudiantes en Humanidades, mientras que el Frente Patria en Derecho y el Frente Justicialista Universitario en Ciencia Política y RR.II se consolidaron como segunda fuerza y principal oposición al reformismo. 

Por su parte, espacios como La Masotta en Psicología y ATP en Medicina lograron consolidar su base electoral y sostener su crecimiento, especialmente en un frente estratégico como es la salud para el proyecto nacional.

Así, el nuevo esquema surgido de las elecciones del 6, 7 y 8 de abril no solo ordenó la oferta electoral, sino que reconfiguró el escenario político universitario. El peronismo dejó atrás a las fuerzas de izquierda, que históricamente habían ocupado el lugar de principal oposición al radicalismo en varias facultades, y pasó a disputar un rol de centralidad.

En ese contexto, el resultado también expresa un clima más amplio. El crecimiento del peronismo puede vincularse  a una lectura de época: universidades con presupuestos ajustados, salarios docentes y no docentes en niveles mínimos y becas cada vez más lejos de cubrir necesidades reales. En este contexto, una parte de la juventud universitaria buscó al peronismo como herramienta política para expresar el rechazo al modelo de Javier Milei, pero también con la referencia de otra universidad posible, la de los gobiernos de Néstor y Cristina, marcada por la inclusión de miles de jóvenes a la educación superior, la expansión federal del sistema y la mejora sostenida de las condiciones para ingresar, permanecer y egresarse.

Al mismo tiempo, aunque el reformismo —encarnado en la Franja Morada y sus aliados— conservó la mayoría de los centros de estudiantes, perdió representación en los Consejos y mostró retrocesos electorales en casi todas las facultades de la UNR, en un síntoma de desgaste frente a un escenario que exige posiciones más claras ante el ajuste sobre la universidad pública.

Con estos resultados, el peronismo no solo ganó terreno en la UNR, sino que se consolida como una referencia opositora dentro de la universidad. En un contexto de desfinanciamiento, la discusión por el futuro de la universidad pública vuelve a estar en el centro y los estudiantes empiezan a buscar fuerzas que los representen, los organicen y los defiendan.