Vivir. Vivir y crecer con la experiencia de transitar la vida pensando cómo hacer que los días de nuestros compañeros de aula sean más felices que tristes. Vivir para darle un sentido a eso que nos queda por delante: nuestro destino. Vivir por aquellos que no pudieron, que les arrebataron la vida por soñar con un país mejor. Vivir porque hubo una compañera que no especuló y se la jugó para que podamos vivir, y por eso hoy está proscripta. Soñar para vivir. Vivir para que otros vivan.
A eso nos encontramos los días 6 y 7 de junio más de 700 pibes y pibas de escuelas secundarias de todo el país, desde Ushuaia hasta La Quiaca: a soñar, a construir utopías, a construir caminos para darle sentido a nuestra vida, a la de quienes vienen y a la de quienes no pudieron.
“Vivir solo cuesta vida”. “La vida es decidir estar vivo, es decidir no estar solo”, dijo el Indio Solari, quien partió el pasado 5 de junio pero lo homenajeamos como él nos enseñó: siendo rebeldes, organizando nuestra bronca y nuestra tristeza.
El neoliberalismo, a partir de la dictadura de 1976, le proponía a lxs jóvenes mecanismos de salvación individual en medio de la debacle. Los pibes y las pibas encontraron como contención el rock y la cumbia villera porque hablaban de sus problemas más que la propia política. El Indio fue emblema de haber escuchado durante un período de la historia en el que nadie más le hablaba a la juventud.
De esa generación de los 30 mil compañeros detenidos-desaparecidos hubo dos militantes políticos que se les escaparon de las manos: Néstor y Cristina lograron el gobierno que tantos compañeros y compañeras soñaron, y con ese puñado de sueños y convicciones llevaron adelante el proyecto de país que los 30 mil estaban dispuestos a dar. Y esos pibes que se habían visto identificados en el rock vieron muchas de sus demandas hechas realidad. Lo que pudieron hacer fue porque hubo tantos otros que durante los tiempos previos habían golpeado y abollado la puerta, como lo hizo el Indio Solari.
Vivimos tiempos difíciles, tiempos donde intentan convencernos de que no vale la pena comprometerse con nada. Donde reina el odio, la crueldad y el sálvese quien pueda. Donde quieren que permanezcamos aislados, pegados a una pantalla, sin levantar la vista para descubrir que existe una alternativa al proyecto de exclusión que encarna el gobierno de Javier Milei. Por eso no nos reconciliamos con la injusticia. No aceptamos que nos roben la esperanza.
No regalamos nuestro futuro.
“Cuando todo parece que se les viene encima y sienten que nada va a cambiar, llévense de acá la fuerza necesaria para entender que la vida no es una felicidad plena. La vida es reír, llorar, equivocarse, corregir y volver a intentarlo. No hay vidas perfectas. Lo que debemos lograr es que empiece a haber más días felices que tristes para las familias argentinas”, afirmó el compañero Máximo Kirchner.
Y agregó: “una de las cuestiones más básicas de las personas es rebelarse cuando le proponen que el mundo es una mierda y no se puede cambiar. Y creo que la mejor decisión que uno puede tomar es rebelarse contra todos esos síntomas que muchas veces nos quieren imponer como eternos”.
Somos hijos e hijas del Bicentenario. Nacimos al calor de un país que nos invitó a soñar. Crecimos viendo Paka Paka, recorriendo Tecnópolis, recibiendo una netbook de Conectar Igualdad, aprendiendo que la política podía mejorar la vida de la gente. Somos la generación que conoció un Estado que abrazaba, que incluía y que nos hacía sentir parte de algo mucho más grande que nosotros mismos. Fuimos pibes y pibas que nacimos con políticas públicas que nos garantizaban poder vivir dignamente, que nuestro viejo y nuestra vieja nos puedan mirar a los ojos y no tengan que estar teniendo siete mil trabajos como tienen ahora.
Nacimos al calor de esas políticas públicas, como también lo hicieron otros compañeros y otras compañeras. Hay una verdad peronista que dice que en la Argentina los únicos privilegiados son los niños. Los niños privilegiados de Perón y Evita, diez o veinte años después, en los años setenta, estaban dando la vida para que vuelva Perón y lo consiguieron. Nosotros acá vamos a estar eternamente hasta que la compañera Cristina vuelva a conducir los destinos de este país.
“No nos conformamos con ser los que somos, porque con estos que somos vamos a ir a buscar más y más pibes para invitarlos a estar menos solos, para invitarlos a construir soluciones colectivas a sus problemas, para que no se caigan, para que encuentren un espacio en el que abordar eso que los aqueja y para liberar a Cristina, no solo por lo que hizo por nosotros sino porque la queremos para liberar la Patria”, expresó la compañera Lucía Cámpora.
Lo que construimos es un lugar donde un pibe pueda mirar al lado y ver a un compañero. Caracterizar y poder interpretar las emociones, dolores, ilusiones y sueños es imitar el ejemplo de los pibes de la Noche de los Lápices, a quienes hace 50 años hicieron desaparecer y quisieron convencer de que la política era una mala palabra. Algo que nos conecta con esa generación de la Noche de los Lápices es que ellos luchaban por la liberación de la Patria, pero no lo hacían sin rumbo. Entendían que esa liberación iba de la mano con la vuelta de Perón. Y nosotros, a 50 años de aquel fatídico momento, sabemos que la liberación de la Patria está conectada con la liberación de la compañera Cristina.
Lo vamos a repetir en cada lugar que ocupemos.
Nos vamos de este plenario dispuestos a disputar todos nuestros espacios, pero sobre todas las cosas los Centros de Estudiantes. Salir a representar a nuestros compañeros y compañeras, porque entendemos que cada Centro de Estudiantes que conduce La Cámpora es un Centro de Estudiantes para Cristina y para la liberación de esta Argentina. Nosotros elegimos organizarnos. Porque sabemos que ningún fallo puede proscribir una idea cuando esa idea vive en millones.
“Con el contexto de mierda en el que estamos y con el esfuerzo que significa llegar hasta acá, lo valioso es que hoy seamos el doble que hace diez años. Habla de una organización que sigue creciendo porque hay familias que confían y pibes y pibas que insisten en organizarse.” finalizó Camila Carrillo, Responsable Nacional del Frente de Secundarios.
Vivir es animarse a soñar. Y cuando esos sueños se vuelven colectivos, cuando se transforman en organización, cuando encuentran una causa común y mucha valentía, entonces dejan de ser sueños para convertirse en destino.