Militancia

Vayas donde vayas

A lo largo y ancho del país, se realizaron manifestaciones en apoyo a Cristina Fernández de Kirchner. El epicentro fueron las inmediaciones de su casa, luego de que el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, vallara la zona para evitar que se acerque el pueblo. Una vez más, la represión y la detención de militantes populares por parte del macrismo, a la orden del día.

Desde que concluyeron los alegatos de los fiscales donde pidieron 12 años de prisión para la Vicepresidenta, junto con su proscripción, la esquina de Juncal y Uruguay fue sede de manifestaciones.

Libertarios, macristas y vecinos de Recoleta incómodos con los gobiernos nacionales y populares, se congregaron en la puerta de la casa de Cristina para insultarla, amenazarla y agraviarla, golpeando ollas y sartenes. Acto seguido, la militancia organizada, junto a ciudadanos y ciudadanas de a pie, comenzaron a congregarse en el mismo lugar, en apoyo a quien encabezó el mejor gobierno de las últimas décadas. El pueblo no olvida a quien no lo traiciona.

Luego de una gran tormenta, entrando en el sexto día de presencia en el lugar, la mañana del sábado amaneció con la zona vallada con un perímetro que impedía el ingreso de quienes que no mostraran una identificación donde se consignara que vivían en el área. Sí, en democracia la Vicepresidenta amaneció con su domicilio sitiado, en lo que podría identificarse como una virtual prisión domiciliaria.

Espontáneamente, militantes y dirigentes kirchneristas comenzaron a llegar para manifestarse contra la arbitrariedad de lo dispuesto por el alcalde porteño. Y, seguidamente, las actividades previstas para la Ciudad y la provincia de Buenos Aires se fueron suspendiendo, convocando a acudir a Recoleta.

En el barrio, los esperaban un operativo represivo que incluía cientos de policías de la Ciudad, su cuerpo de infantería, camiones hidrantes y hasta volquetes llenos de cascotes, en un claro intento por provocar.

Horas más tarde, las vallas fueron derribadas y la policía porteña comenzó la represión, tal como nos tiene acostumbrados en la Ciudad de la furia. No faltaron los golpes, gases y detenciones a militantes y dirigentes, entre los que se encontraban algunos de nuestra organización; quienes fueron liberados horas más tarde.

En ese marco, luego de una reunión entre los ministerios nacional y local de Seguridad que garantizaría el cese de la militarización del lugar, se improvisó un escenario donde Cristina le habló a las y los presentes. Luego de agradecer por cuidarle la espalda, sostuvo: “Odian el amor y la alegría de los peronistas que siempre hemos sido objeto de la violencia”.

“Aunque viviera mil años nunca me va a alcanzar para agradecerles el amor, la solidaridad y la lealtad de todos ustedes. Créanme que a esta altura de mi vida no hay nada más importante que eso. Yo sólo les pido que no abandonemos nuestras convicciones nunca. Y sobre todo ese indestructible amor a la Patria que nos une a todos y a todas”, finalizó emocionada.

Amor con amor se paga.

 

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En el 46 aniversario de La Noche de los Lápices, el movimiento estudiantil secundario se movilizó en todo el país.
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Gatillaron dos veces en la cabeza de Cristina y en todo el país se llenaron las calles en repudio al intento de magnicidio, como garantía de lealtad y en defensa de la democracia.