Política

Tenemos Patria

A 17 años de la asunción de Néstor Carlos Kirchner como presidente, las banderas de la solidaridad y la lucha por un país más justo por las que entregó su vida, flamean bien en alto.

“No se puede recurrir al ajuste ni incrementar el endeudamiento. No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad social”, decía Néstor en su discurso del 25 de mayo de 2003.

Asumió con un país en ruinas: una terrible deuda interna que se traducía en un 54% de pobreza y un 17,3% de desocupación; y una deuda externa que representaba el 130% del PBI.

Al cabo de tres años, la desocupación había bajado al 10,4% y la pobreza se había reducido a la mitad para el 2007.

Paralelamente, se logró la reestructuración de la deuda más grande de la historia del sistema financiero internacional, con una quita del 66%. Y en enero de 2006 se terminó de pagar la totalidad de la contraída con el Fondo Monetario Internacional, con reservas generadas por la recuperación económica y el superávit comercial; sin necesidad de contraer nueva deuda.

Terminaban los tiempos de subordinación ante intereses foráneos, regresaba el orgullo patrio y comenzaba a recuperarse la autoestima del pueblo.

“Si ustedes me dicen con qué me quedo de todos estos logros, más allá de la economía, más allá de la participación de los trabajadores en el Producto Bruto Interno, más allá de todo, yo reconozco como el logro más importante el haber vuelto a recuperar eso, el orgullo de pertenecer de la Patria. Se siente distinto el himno, se lleva distinta la escarapela cuando no nos llevan por delante, cuando nos respetan. Ese es el país en el que yo quiero vivir”, decía Cristina el 25 de mayo del 2008 en Salta.

Durante los gobiernos de Néstor y Cristina, con un Estado presente, se comenzaron a garantizar y ampliar derechos. La inversión en educación llegó a representar el 6% del Producto Bruto Interno, a partir de la sanción de la Ley de Financiamiento Educativo. La salud pública volvió a ser una prioridad. Los científicos y científicas pasaron de ser mandados a lavar los platos a ser repatriados: lentamente recuperaron su poder adquisitivo y los recursos necesarios para poder investigar.

Los Derechos Humanos ocuparon un lugar central. A partir de la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, pudieron juzgarse y condenarse a los genocidas y algunos de sus cómplices civiles. Los centros clandestinos de detención se transformaron en Sitios de Memoria, donde se entrelaza el ejercicio del recuerdo con iniciativas culturales, educativas y deportivas.

“Queremos recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social que nos permitan cambiar nuestra realidad actual para avanzar hacia la construcción de una sociedad más equilibrada, más madura y más justa. Sabemos que el mercado organiza económicamente, pero no articula socialmente, debemos hacer que el Estado ponga igualdad allí donde el mercado excluye y abandona”, también remarcaba Néstor en ese primer discurso ante el pueblo que lo escuchaba atento y expectante.

La política dejó de ser mala palabra para volver a ubicarse como la única herramienta capaz de transformar la realidad. La juventud fue convocada a militar. Y vaya si aceptó la invitación.

Hoy vemos a esos jóvenes de ayer ocupando lugares estratégicos de la gestión nacional, provincial y municipal; en las cámaras legislativas y en las barriadas. Esos héroes anónimos, esas heroínas, que día a día ponen el cuerpo en cada olla popular, en cada armado de bolsones para los más postergados y en la articulación con los efectores públicos locales para lograr llegar a cada vecino o vecina.

“Hay que tener muy en claro que si la juventud se hace Patria, la Patria se hace joven. Y si la Patria se hace joven, sale adelante”, decía Máximo hace casi un año, justo en la Facultad de Medicina.

En este 25 de mayo tan particular y doloroso, la mejor forma de rendir homenaje a nuestros patriotas fundadores es continuar comprometiéndonos en la construcción de un país distinto y solidario, donde prime la justicia social y la búsqueda del bien común; para, junto al gobierno de Alberto y Cristina, volver a poner a la Argentina de pie.

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