Política

Evita, pueblo

A 68 años del paso a la inmortalidad de Evita, el pueblo la recuerda con una antorcha en el corazón.

“Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle”, remarcó Evita con sus últimos alientos en “Mi mensaje”, su texto final. 

Eva Duarte nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos en una familia pobre. Viajó a la Ciudad de Buenos Aires con apenas 15 años para convertirse en actriz, logrando un gran reconocimiento en el teatro, el radioteatro y el cine.

Años más tarde, en una campaña solidaria realizada en el Luna Park para las víctimas del terremoto de San Juan, lo conoció a Perón. Se enamoraron y juntos encarnaron una de las transformaciones más profundas de nuestra Patria.

“Para conducir a un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo”, dijo el General.

Evita era pueblo, se sabía pueblo y vaya si condujo.

“Si me preguntasen qué prefiero, mi respuesta no tardaría en salir de mí: me gusta más mi nombre de pueblo. Cuando un pibe me nombra Evita me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra. Cuando un obrero me llama Evita me siento con gusto compañera de todos los hombres que trabajan en mi país y aún en el mundo entero. Cuando una mujer de mi Patria me dice Evita yo me imagino ser hermana de ella y de todas las mujeres de la humanidad”, precisó, taxativa, en su autobiografía “La razón de mi vida”.

Abrió puertas a los humildes y a las mujeres para que puedan atravesar las desventajas sociales y culturales que los oprimían, logrando pasar de la esfera privada del hogar a tomar lugar, voz, voto y participación en la escena pública. Así, instó a los sectores históricamente postergados a organizarse para transformar la realidad.

En 1947 se sancionó la ley de sufragio femenino y en las elecciones legislativas de 1951 hubo por primera vez mujeres candidatas, la gran mayoría en la lista del justicialismo, a partir del requisito de que en las listas las dos terceras partes fueran para el Partido Peronista Femenino, por Evita fundado. 

Mientras se consolidaba el proyecto nacional, la ayuda social por parte del Estado para los sectores más postergados llegaba a través de la Fundación Eva Perón, desde donde se administró el turismo social, se construyeron viviendas, escuelas, centros de salud, colonias de vacaciones, instituciones para la tercera edad y para personas en situación de extrema vulnerabilidad y hasta se puso sobre rieles un tren sanitario que recorre todavía hoy todo el territorio nacional, entre tantas otras obras que la eternizaron. De ella dependía también la Escuela de Enfermería, que permitió profesionalizar esa disciplina a la par que otorgó una salida laboral a muchas compatriotas. 

El peronismo, históricamente, consideró a la formación como central. Por eso, Evita, en 1951, dio una serie de clases en la Escuela Superior Peronista, donde transmitió elementos de la doctrina justicialista, que siempre es bueno volver a recordar. “Yo creo que hay muy poca justicia en el mundo. En muchos países existe –no lo dudo- una justicia individual, pero esa justicia es incompleta, porque no interviene todo el pueblo en la solución de los graves problemas que afectan a los trabajadores y a los humildes, que forman la mayoría de los pueblos. Solamente aquí los trabajadores viven seguros de que su Patria es justa para ellos y saben que hay justicia para todos. Esa es una base fundamental para la felicidad”, sostuvo.

De este modo, la abanderada de los y las humildes se definió a sí misma: “Yo soy una mujer idealista. He abrazado con amor la causa del pueblo”.

Asimismo, diferenció masa de pueblo: “El pueblo está constituido por hombres libres; el pueblo tiene conciencia de su dignidad, por eso es invencible y no puede ser explotado cuando es pueblo. En el pueblo todos tienen iguales privilegios; por eso, no hay privilegiados. Todo movimiento que aspire a hacer la felicidad de los hombres, debe tratar de que éstos constituyan un verdadero pueblo. Esa es la historia de los pueblos, en cuyo largo camino las masas han luchado por alcanzar la gran dignidad de llamarse pueblos”.

“Las virtudes del pueblo son: generosidad, sinceridad, desinterés y humildad. La humildad debe ser la virtud fundamental del peronista. El peronista nunca dice “yo”. Ese no es peronista. El peronista dice ‘nosotros’”, caracterizó finalmente Evita, como eligió que la llamemos.

 

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Ciudad de Buenos Aires
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