Opinión

Donde dice “controlar”, debe leerse “recortar”

Por Pablo “Chango” Móbili*

En una nota publicada la última semana en el diario La Nación (https://www.lanacion.com.ar/2212556-buscan-controlar-mas-los-fondos-universitarios-pero-hay-resistencia), se expone un nuevo episiodio del ataque del Gobierno de Cambiemos a la educación pública. Disfrazada de un intento de transparentar la utilización que las 57 Universidades Nacionales hacen de los fondos recibidos del presupuesto votado en el Congreso anualmente, la decisión del Poder Ejecutivo de inundar las Universidades con auditorxs propixs busca oradar la alta estima de la sociedad argentina por su sistema público universitario, reconocido a su vez en distintas mediciones de calidad internacional.

La nota reproduce la argumentación del Gobierno al dar a entender una supuesta falta de control sobre los fondos de las Universidades Nacionales que legitimaría la intromisión de una auditoría del Ejecutivo. Sin embargo, las Universidades ya cuentan con procedimientos de auditoría tanto interna como externa. Respecto a la segunda modalidad vale recordar que la AGN (Auditoría General de la Nación) es el organismo encargado por la Ley 24.156 de auditar ex-post a las casas de estudio. En el artículo 118 inciso e) se le otorga a la AGN la función de “Controlar la aplicación de los recursos provenientes de las operaciones de crédito público.” Entonces cabe preguntarse por qué el Gobierno de Cambiemos insiste con esta medida violatoria, además, de la autonomía universitaria.

La respuesta a este misterio la encontramos fuera de las Universidades: el fracaso del plan económico del Gobierno de Macri. El endeudamiento externo récord tanto en monto como en velocidad, la inflación que en 2018 tocó su punto más alto de las últimas décadas arañando el 50% anual y la caída de la actividad económica del 7,5 % este mes con el desplome de la industria a la cabeza, son resultados económicos inobjetables que marcan que al final del tunel macrista no hay ninguna luz sino hambre para la mayoría de la población. Este fracaso de Cambiemos que impacta en la vida cotidiana de las argentinas y argentinos, motorizado además por la subordinación a las decisiones del Fondo Monetario Internacional, llevan al Gobierno a intentar recortar nuevamente el presupuesto de las Universidades y de la Ciencia. Y para ello, requiere de las tapas de los medios hegemónicos para sentar las bases de un discurso que corroa la reputación de nuestro sistema universitario.

Para cualquier país con pretensiones de desarrollarse, crecer con inclusión, eliminar la pobreza, entre otras, desfinanciar la Educación Superior y el trabajo en investigación científica es pegarse un tiro en el pie. Llama la atención (o ya no) que un Gobierno que enarbola un discurso de modernización lleve adelante estas políticas propias de la época de las cavernas, políticas que ya demostraron no resultar beneficiosas para la mayoría de la población en muchos países del mundo y en el nuestro también.

En este contexto y, a su vez, por su propia historia, las Universidades son usinas críticas que ayudan a las sociedades a las que pertenecen a mejorarse constantemente en muy diversas áreas. El estímulo a la producción de conocimiento debe ser un objetivo prioritario para cualquier Gobierno. Quizás esa producción de conocimiento y de compatriotas críticxs con la realidad en la que viven es lo que asusta a Cambiemos y que, por lo tanto, pretende desfinanciar para silenciar.

Los últimos 3 años, además, lxs trabajadorxs de las Universidades, tanto docentes como no docentes, han tenido discusiones paritarias brutales en las que el Gobierno logró reducir salarios a la vez que aplica tarifazos exorbitantes en los servicios públicos que hacen la vida de lxs universitarixs (docentes, trabajadorxs no docentes, estudiantes) cada día más difícil.

Rectores y rectoras de todo el país han rechazado esta pretensión de “control” de los fondos universitarios por parte del Poder Ejecutivo. Les estudiantes también lo entienden así. La sociedad argentina no come vidrio y las universidades saben que con esta medida, como con otras de este Gobierno, donde dice “controlar” en realidad dice “recortar”.

*ex presidente del Centro de Estudiantes de Sociales UBA

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