Opinión

Horas decisivas para Brasil y América latina

Por Sebastián Premici (Enviado Especial)

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Brasil y América latina toda están ante un día crucial para la Democracia y la vida de sus pueblos. Lo que sucedió en este país merece ser analizado con detenimiento, no sólo por los violentos discursos del candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro (PSL) contra Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores, o contra las minorías de todo tipo y color, contra la política y los políticos y en especial contra el PT –que durante los gobiernos de Luis Inacio Lula Da Silva supo sacar a millones de personas de la pobreza-, sino porque Brasil resultó ser, quizás, un gran tubo de ensayo para aplicar nuevos mecanismos de desestabilización. El titular de la Central Única de Trabajadores (CUT), Vargas Freitas, sostuvo que la campaña de la derecha en Brasil fue diseñada, muy probablemente, no dentro del país sino más al Norte (¿en los Estados Unidos quizás?).

Durante años, Brasil fue un gran laboratorio en el cual los poderes fácticos trabajaron en conjunto para demonizar al PT con ejes basados en la corrupción, la inseguridad y/o violencia en la sociedad y el supuesto populismo como el mal absoluto.

El climax de esa estrategia –ejecutada por un grupo de tareas conformado por los medios masivos de comunicación, la corporación judicial y empresarios- es el actual escenario de LawFare (la utilización de la corporación mediático/judicial como un arma de guerra para conseguir un determinado objetivo político), golpe institucional contra Dilma Rouseff mediante (2016).

Aquí en Brasil no tienen empacho en reconocer –escrito en letras de molde- que la metodología de las “prisiones preventivas” fue utilizada como un “método de presión/extorsión” para conseguir el objetivo de sacar a Lula del escenario político y, en última instancia, para demonizar al PT como organización política.

El Partido de los Trabajadores permitió el ascenso social de millones de brasileños y se atrevió a soñar – y llevar a la práctica- una América latina soberana e inclusiva junto a otros líderes latinoamericanos como Evo Morales (Bolivia), Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador), Pepe Mujica (Uruguay), Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner (Argentina).

Los verdaderos poderes fácticos parecen no perdonarle a la región que durante casi tres lustros se hayan elegido presidentes parecidos a sus pueblos; en todos esos años no descansaron ni un segundo en su intención de derrumbar estos procesos de integración tan difíciles y complejos de construir.

Y ante esa construcción sistemática de un enemigo interno, la emergencia de un candidato como Jair Bolsonaro que con su discurso de odio ya pone en riesgo la vida de los brasileños y latinoamericanos. Como si de un juego se tratase, el candidato del PSL insinuó, a través de sus voceros, que podría iniciar un conflicto bélico con su vecina Venezuela. ¿A caso sea éste otro de los designios de los Estados Unidos?

Bolsonaro creció en las encuestas detrás de un discurso de odio: odio contra los negros, las minorías, las mujeres, el amplio movimiento LGTBQ, los activistas ambientales y políticos, reclamó mano dura, la baja de la minoridad para engrosar el sistema carcelario; incluso en un discurso extemporáneo (sacado de tiempo), pidió extirpar el “comunismo” de Brasil. “Vamos a llevar adelante la mayor limpieza en Brasil. Los que no estén bajo la ley, deberán irse (del país) o ir a la cárcel”, sostuvo Bolsonaro en un video difundido el domingo 21 de octubre durante una manifestación realizada en la Avenida Paulista (San Pablo).

¿Hay antídotos para contrarrestar el avance de esta extrema derecha? En las últimas horas, las organizaciones políticas democráticas de Brasil decidieron tomar las calles. Salir de las redes sociales para disputar el voto a voto. Militantes del PT o el Partido Comunista de Brasil (éste último integra la fórmula presidencial junto a Fernando Haddad; la candidata a vice se llama Manuela D´Avila) u otras fuerzas políticas y sociales, bajo la bandera de “la defensa de la democracia”, se volcaron a las calles para conversar con los ciudadanos y ciudadanas. Interpelarlos. Involucrarlos. “Yo voto a Haddad, ¿quiere saber por qué?”, sostiene uno de los tantos carteles. “Vamos a conversar”, invita otro. “Es hora de virar (dar vuelta) el voto”, contaban.

De esta manera, hasta las doce de la noche del día previo a la elección las calles de Brasil se tiñeron de rojo, violeta, verde, amarillo, azul (los colores utilizados por la lista que consagra la fórmula de Fernando Haddad y Manuel D´Avila) unidos en defensa de la democracia, en contra del fascismo (que lamentablemente crece en todo el mundo), por la inclusión social y para que la región vuelva a ser la Patria Grande que nunca debió dejar de ser.

Son horas cruciales para Brasil y Americana latina toda.

Militancia

La provincia del Chaco nuevamente está sufriendo las consecuencias de una catástrofe climática sin precedentes. En sólo 4 meses hemos superado el promedio anual de precipitaciones. Esto, sumado a la falta de obras de infraestructura, al ahogamiento al que el gobierno nacional condujo a las provincias con la quita del Fondo Sojero, la firma del Pacto Fiscal y la cancelación de obras por financiamiento PPP, se traduce en más sufrimiento para quienes padecieron el agua en sus casas.

Lucila Masin (1) (1)
Economía

Argentina está atravesando una delicada situación financiera que repercute en la economía real y en la vida de todos sus ciudadanos. La manifestación más palpable de ello es la suba del denominado “Riesgo País” un indicador que estuvo en el centro de la escena durante la crisis de la convertibilidad y su posterior estallido a fines del 2001. Posteriormente, durante el período kirchnerista quedó relegado a un segundo plano, para resurgir con fuerza durante el gobierno macrista. En las últimos horas el Riesgo país de Argentina escaló por encima de los 1000 puntos básicos, (100 puntos básicos equivalen a un 1%) un máximo en el último lustro, que encendió las alarmas de todo el mundo financiero.

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