Movimiento Obrero

Precarizándote la vida

En 1999, mucho antes de suspender la sinceridad, en un reportaje televisivo Mauricio Macri señaló con brutalidad que para tener competitividad, o para tener más ganancias, lo que había que hacer era “bajar los costos", y que el salario era "un costo más”.

pasantias

Por Mariano Recalde

En el diario La Nación de ayer, en un artículo titulado “Bajar los costos, la nueva obsesión de Macri”, Carlos Pagni olvida aquel reportaje y desconoce que la obsesión por bajar los salarios es tan vieja como el capitalismo. Sin ir tan lejos, a principios de la década del 90 el tío del presidente, Jorge Blanco Villegas, como presidente de la UIA proponía rebajas salariales por doquier.

En esta nota de opinión, Pagni comenta que “el gradualista Macri pretende modificar el contexto productivo y, al mismo tiempo, postergar la discusión de los convenios laborales, que lo llevaría a un choque con el sindicalismo. Una receta es atenuar la influencia que ejercen en los tribunales laborales muchos abogados del fuero, amparados por el costosísimo Héctor Recalde”.

Más allá de las anécdotas, lo cierto y preocupante es que desde que Macri asumió la Presidencia de la Nación volvió a ponerse en agenda, después de más de una década de políticas destinadas a proteger a los trabajadores, distintas propuestas de flexibilización laboral. Así lo han venido reclamando desde los medios que expresan a la oligarquía argentina reiteradamente.

El actual gobierno tiene un proyecto cuyas recetas ya conoce y ha sufrido el pueblo argentino muchas veces. Cuando se dice que es un gobierno de CEOs o que gobierna para los ricos, se nota bien por el apuro para favorecer a grandes empresas con quitas de retenciones, subsidios multimillonarios, condonación o estatización de deudas, autorización de tarifazos y otras medidas que sin disimulo buscan hacer más ricos a los ricos, a costa necesariamente de que las grandes mayorías estén cada día un poco peor. Pero además de todo ello, está presente una obsesión permanente: bajar salarios y someter al trabajador.

Para que los ricos sean más ricos y los poderosos más poderosos, es ineludible someter al trabajador y bajar los salarios que, en definitiva, representan esa porción de la riqueza que se llevan los trabajadores. Una clase trabajadora sometida, fundamentalmente a través del temor al desempleo, pero no sólo por ese mecanismo, hace mucho más fácil la reducción del salario.

Claro que los instrumentos que se han ido adoptando para bajar el costo laboral (los salarios directos y los diferidos, mal llamados impuestos al trabajo) y la pérdida de libertad del hombre y la mujer que trabajan han ido cambiando, modernizándose a lo largo de nuestra historia.

Dentro de las variadas formas de reducir el salario y al mismo tiempo incrementar el sometimiento del y de la que trabaja en relación de dependencia, se pretende retornar a una vieja modalidad: el contrato basura.

En la década del 90 se diseñaron variados contratos basura, siempre presentados con distinto marketing, a veces para “favorecer la creación de puestos de trabajo”, otras para “promover el empleo de determinados sujetos”, otras para “alentar la formación profesional”, pero nunca como lo que son: una herramienta para bajar los costos laborales, terminar con la estabilidad, permitir el despido fácil y someter al trabajador.

Hubo contratos para jóvenes de hasta 24 años, para mayores de 40, para ex combatientes de Malvinas, para discapacitados y para mujeres de cualquier edad y situación, por el solo hecho de ser mujer.

El último envase de los contratos basura, que ahora vuelve con ímpetu por su buena prensa, es el de las llamadas “pasantías”, verdadera forma de explotación laboral limitada en derechos y de muy bajo costo que se ofrece a la sociedad como si fuera una ayuda al estudiante o recién recibido.

Este contrato basura no es nuevo y a lo largo de los años ha quedado demostrado que este sistema no fomenta el ingreso de los jóvenes al mercado de trabajo, sino solo el reemplazo de puestos de trabajo por esta forma de explotación a bajo costo y con mayor sometimiento. La contratación de estudiantes a través de pasantías sólo tiene provecho para las empresas que lo utilizan para reducir los costos de la contratación de trabajadores y, en algunos casos, también para la institución educativa, que termina actuando como intermediaria onerosa de la mano de obra.

En estos días también escuchamos -en la radio Con Vos- promover las pasantías al viceministro de trabajo y célebre bailarín Miguel Angel Ponte. El funcionario las recomienda no sólo porque son contratos más baratos sino por su flexibilidad para darlas por terminadas. Es que para ellos, los miembros de este gobierno, según él mismo dijo: “Incorporar o despedir personal debería ser como comer o descomer”.

Más allá de la horrible metáfora utilizada para referirse a las personas que trabajan como si fueran objetos que se comen y luego se defecan (eso significa “descomer”), lo cierto es que entrar y salir del trabajo, la rotación laboral, la inestabilidad laboral, no sólo no es natural sino tampoco deseable. Por el contrario la estabilidad laboral no sólo es un bien preciado de los trabajadores, sino que es un derecho que hace a la seguridad, a la planificación de la vida, al bienestar del trabajador y a su libertad que se ve severamente afectada cuando el empleador no tiene ninguna limitación para despedirlo, incluso caprichosamente.

Por eso nuestras leyes, la Constitución nacional y los tratados internacionales protegen la estabilidad del empleo y castigan el “despido arbitrario”, porque un trabajador sin estabilidad es un trabajador más sometido, y un trabajador más sometido es un trabajador con menos derechos y menos libertad para hacerlos valer precisamente, por el temor a ser despedido.

Noticias

Militantes argentinos participaron de la Conferencia Mundial de los Pueblos, que tuvo lugar los días 20 y 21 de junio en Cochabamba, Estado Plurinacional de Bolivia, en el cual asistieron representantes de organizaciones políticas y movimientos sociales de todo el mundo.

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