Editorial - Por La Cámpora Lobería

¿En qué te has convertido?

“Mentís Daniel, ¿porque le mentís a la gente? No vamos a devaluar, ni ajustar, ni sacar los subsidios. No tenemos previsto tarifazos. No vamos a echar a nadie de su trabajo!”
Mauricio Macri, noviembre de 2015.

Liberar las importaciones, liberar el dolar, liberar las tarifas, liberar las retenciones. Para la forma de pensar de quienes nos gobiernan, la libertad no se interpreta en pos de la Nación, de la Patria o de las Personas. Para el concepto político que gobiernan los tres niveles del Estado la libertad se aplica a los bienes, al dinero y a las empresas.

Hay ahora necesidad de agregarle libertad a la proclama por igualdad y derechos. Cristina nos pide que sea la libertad el eje del concepto del frente ciudadano, y nos habla de que solo somos plenamente libres si tenemos trabajo, si podemos expresarnos, si no nos falta el plato en la mesa.

Si miramos en términos históricos, los últimos doce años parecen una anomalía que refleja aquella otra del peronismo de Perón y que puede reconocerse también en aspectos políticos de Moreno, San Martín, Rosas o Irigoyen. Ha comenzado ya el desguazamiento, la destrucción de nuestro proyecto de “desarrollo con inclusión social”, aquel que apostó a la inclusión de las clases postergadas generando un mercado interno que impulsa el crecimiento. El cambio avanza como un batallón en marcha, concentrados, rápidos, sin permitirse mirar hacia el costado, dispuestos a quitar cualquier obstáculo del camino e inclusive reprimir cualquier resistencia.

Y en el camino se encontraron con un sistema solidario de previsión social y sortearon el obstáculo dictaminando el final de la moratoria para nuestros adultos mayores, nada de invertir en la ciencia, no debe nuestro país construir más satélites. “¿Qué es eso de universidades por todos lados?”, se preguntaba quien comanda el batallón. ¡Fuego! indicó mientras los fusiles apuntaron a la ley de medios. Si quieren una casa que se saquen un crédito indexado afirmaron mientras destruían el Pro.cre.ar y con él miles de puestos de trabajo. Que vayan a negociar salarios con el telegrama de despido arriba de la mesa.

Desde una desolada tribuna miran el desfile y aplauden con orgullo los fondos buitres, la sociedad rural, las multinacionales mineras y los grandes grupos económicos, son sus hijos quienes desfilan, quienes marchan en pos de un país normal, del que ellos se sienten dueños.

Las decisiones tomadas no son fruto de una herencia, ni siquiera responden a la búsqueda empresarial de un equilibrio fiscal, si no que alguien explique porque el estado resigno más de $26 mil millones anuales en conceptos de retenciones, si busca un equilibrio fiscal ¿por qué resignó $4 mil millones en impuesto a autos de alta gama? o ¿por qué se impone una obligación de $1800 millones al año solo por el pago de los intereses de la deuda generada para pagar a los buitres?.

Hay una transferencia brutal de recursos desde los sectores populares hacia los sectores concentrados. Pero no se trata de una cuestión económica ni financiera. Es más profundo, es una creencia esencial y sale del inconsciente empresarial aunque lo políticamente correcto hubiera sido reprimirla:

“El salario es un costo más. Debemos encontrar un encuadramiento ético en el cual cada uno esté dispuesto a cobrar lo mínimo que le corresponde por lo que hace” (Macri)

Esa es una idea básica y central del empresario que hoy dirige los destinos del país, La patria financiera no “hace”, quienes deben encuadrarse en la ética de la resignación son “los que hacen” es decir la masa trabajadora.

Además nos habla de otra cuestión central, y es una cuestión de clase, cada uno es lo hace y ahí se queda, que no exija, que no crezca, que no progrese. La vicepresidenta lo dice cada vez que puede, ese crecimiento social que se dio en los últimos años es solo demagogia, según su visión, el nivel de consumo de las clases populares no debe sostenerse, es una irrealidad que no corresponde a su cosmovisión. El pobre debe comportarse como pobre.

El concepto neoliberal necesita índices altos de pobreza y desocupación y los está alcanzando rápidamente.