Universidad

Yo sólo tuve palabras para definir la injusticia

ismael sosaa

Yo sabía, yo sabía…

Era un día más. No uno triste ni rutinario, sino un día más de magia, de los que completan el alma. Como los domingos en la cancha, como las plazas del amor que se llenan de pibes bancando un proyecto de país, el rock posee también la capacidad de generar esos días especiales que se suceden con una periodicidad religiosa y que movilizan jóvenes, grandes, familias y, por sobre todo, toneladas de pasión: ese sentimiento que hace que vivir valga la pena. La Renga tocaba en Villa Rumipal, provincia de Córdoba y era un día más de esos…

Ismael Sosa era un joven de 24 años que quiso decir presente en esa misa. Porque el rock le hace vibrar el corazón. Porque, con todo lo bueno y lo malo,es esa la forma de vida, es esa la cultura, es esa la familia que él elige y lo hace feliz.

“¿A vos te gusta tirar botellas?”

Ismael no consigue ingresar al recital. Tiene problemas con la policía (o viceversa). Testigos lo ven muy lastimado y siendo golpeado por los efectivos mientras le decían cosas como la de este título. Cinco días después, su cuerpo sin vida es encontrado en Embalse Río Tercero. Un policía se hace pasar por fiscal con la familia. Hablan de que Ismael hizo algo pero no dicen qué. Y ya está sucediendo otra vez.

 

Y otra vez, otra vez, otra vez, la misma vieja historia

Los 17 años que tenían Walter Bulacio (Los Redondos, 1991) y Rubén Carballo (Viejas Locas, 2010) vuelven a arder en lo más profundo. Las peores prácticas policiales recaen nuevamente sobre los mismos de siempre. La lista negra del rock se agranda, se suma a la de las cárceles, se suma a la de los barrios y ya es imposible nombrarlos a todos. La peor cara de las fuerzas de seguridad vuelve a aparecer y tristemente ya no es extraño.

 

Hoy cualquiera puede morir sin saber cómo fue vivir

Las prácticas abusivas y selectivas de las fuerzas de seguridad para con los más débiles se siguen moviendo en un marco de impunidad profundamente lesivo para el Estado de Derecho y para la sociedad argentina.

Ya es conocido el accionar de la policía de Córdoba donde el gobierno provincial impulsa la criminalización y persecución de la juventud. Allí, el actuar abusivo de la policía está protegido por el inconstitucional y más que cuestionado Código de Faltas y la impunidad de sus actos, garantizada por De la Sota.

Mientras De la Sota impulsa un nuevo código de faltas aún más represivo y persecutorio, los casos de gatillo fácil y de abuso policial de la provincia lamentablemente se siguen repitiendo; esta vez, y una vez más, se juntaron con nuestro rock nacional.

Ismael se suma a la lista de pibes que cayó desgraciadamente en manos de la policía cordobesa, la misma que comenzó en diciembre de 2013 con los levantamientos y acuartelamientos, queriendo poner en jaque, una vez más, la democracia de nuestro país.

La carta no está siempre a tu alcance en la Claringrilla

El marco de impunidad en el que se desenvuelve la violencia institucional sólo puede ser posible con un padrinazgo desde las autoridades ante el accionar ilegítimo de sus fuerzas de seguridad. La amplia mayoría de los casos de malas prácticas policiales vienen acompañados de una tergiversada versión oficial de los hechos, que maquilla todo abuso.

Es entonces cuando validar o cuestionar esa versión demuestra sin posibilidad de disimulo la vocación de encubrir un hecho o de verdaderamente hacer justicia por el mismo.

Una vez más, el diario Clarín se viste de cómplice de la represión encubriendo con un titular grotesco los abusos de la policía cordobesa. La protección mediática al gobernador De La Sota se vuelve obscena en un titular que agravia nuevamente el derecho a la verdad de los argentinos y que recuerda los peores titulares de la dictadura militar o la represión del 2001. Así, mientras vivíamos momentos en los que la violencia y la muerte inundaban la Patria, Clarín engañaba al pueblo en favor de los intereses de los buitres de siempre. Una vez más, podremos imitarlos pero igualarlos jamás.

 

 

Género

La Ciudad de Buenos Aires es la primera del país en sancionar una ley contra el acoso sexual callejero. El proyecto del FPV logró acuerdo en la anteúltima sesión del año, luego de que su tratamiento fuera reiteradas veces obstaculizado en los últimos 2 años por la negativa del PRO a su aprobación.

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