Economía

¿Como Lebac a la fuga?

La licitación de Letras del Banco Central (Lebac) es la emisión de deuda a corto plazo que realiza todas las semanas la autoridad monetaria de la República Argentina (BCRA).

GLDzG

En el período 2003 -2015, este instrumento se utilizó para absorber la cantidad de pesos en circulación, controlar la inflación y a su vez, regular el tipo de cambio y evitar corridas cambiarias. El BCRA emitía las letras para sacar de circulación el excedente de pesos y de esa manera se regulaba el mercado cambiario.

Sin embargo, en el primer año de gobierno de la Alianza Cambiemos, la política del BCRA, conducido por Federico Sturzenegger –ideólogo del Megacanje durante la primera Alianza- se transformó en uno de los instrumentos fundamentales de la bicicleta y especulación financiera. La emisión de las Lebac no sólo fue exponencial en el primer año de gestión de Mauricio Macri sino que el stock ya es similar a los pesos en circulación. Es decir, dejó de ser un instrumento para controlar la inflación. Hoy la bicicleta de las Lebac contribuyó a aumentar la deuda pública del país, al mismo tiempo en que significó un negocio fenomenal para bancos y grandes inversores.

El stock de letras emitidas, es decir la deuda del BCRA con vencimientos de corto plazo, es una de las espadas de Damocles que recae sobre el país, donde los grandes beneficiados son y serán los que forman parte de la misma “casta social” que aquellos ceócratas que hoy conducen los destinos de la Patria (aunque a muchos les gustaría pensar a la Argentina simplemente como una sociedad anónima).

El mundo de las finanzas es críptico, engañoso, no apto para la fugacidad del que quizás lee en un viaje en subte, tren o bondi de camino al laburo (para aquellos que todavía lo tienen). Pero las claves están ahí. El 10 de diciembre de 2015, el stock de Lebac emitidas por la autoridad monetaria ascendía a 296.181 millones de pesos. Al cierre de 2016, el BCRA había acumulado un stock de letras equivalente a 630.310 millones de pesos. El salto exponencial fue del 113 por ciento.

Dicho así puede significar poco. Sin embargo, la emisión de Letras (o deuda de cortísimo plazo) estuvo acompañada en una primera etapa por una tasa de interés del 38 por ciento. Los mayores compradores fueron los bancos. Ellos “invertían” en Lebac a una tasa del 38 por ciento mientras que los plazos fijos rendían diez puntos menos. Es decir, una ganancia directa, abultada y sin riesgo alguno para las entidades financieras.

Luego la tasa de interés fue bajando pero la emisión y la bicicleta financiera continuaron en ascenso. Los vencimientos de Lebac pasaron de tener un promedio de 100 días a 47 días. Al cierre del año 2016, el 50 por ciento del stock poseía un vencimiento no superior a los 30 días. Esto fue clave para la bicicleta. Al ser una “inversión” de cortísimo plazo, los bancos colocan su dinero en Lebac y en un mes reciben ganancias extraordinarias. Con el resultado de esa maniobra, luego compran dólares y los mandan al exterior. ¿Por qué? Porque el Banco Central, junto a las autoridades del ex Ministerio de Economía, también flexibilizó la posibilidad de comprar dólares (sin topes máximos) y sacarlos fuera del sistema, con total normalidad. Mejor dicho, una normalidad fraguada.

Entonces, la dolarización y la fuga de capitales fueron el complemento de la política de emisión de Lebac. Una bicicleta financiera perfecta, que en cualquier momento puede devenir en tormenta financiera perfecta como sucedió hacia fines de 2001. De hecho, el BCRA también abrió el grifo para que los bancos le presten los dólares depositados en sus cuentas al Tesoro nacional, para que luego éste financie la fuga de divisas. Luego del estallido de 2001, se le prohibió a los bancos prestarle dólares a aquellos que no generasen divisas genuinas. Ahora se le prestará al Tesoro para seguir financiando la fuga. ¿Total normalidad?

Sigamos con las Lebac. En el léxico de la “city”, con la política de emisión de Letras se les permitió a los inversores llevar adelante lo que se denomina carry-trade sobre el peso argentino: ingresar dólares a la plaza local, luego venderlos y con los pesos obtenidos comprar Lebac, para que en un plazo determinado recomprar más dólares con el capital e intereses de esa inversión en pesos. Y por último, fugarlos. Ahora esta bicicleta se profundizará ya que el nuevo Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, habilitó la fuga de capitales en masa: a partir de un cambio realizado durante la primera semana del año, nadie está obligado a dejar los dólares en el sistema financiero local. Al menos Alfonso Prat Gay había mantenido la prudencia de establecer un plazo mínimo de permanencia en el sistema de 120 días. El tándem Dujovne-Sturzenegger fue por más.

No hubo lluvia de inversiones. Pero sí hubo ganadores de la timba. ¿Cuánto ganaron estos “inversores especulativos”?  Primero, veamos quiénes jugaron a la timba. Del stock total de Lebac al 30 de diciembre de 2016, el 47 por ciento estaba en poder los bancos que operan en el sistema financiero local; y un 23 por ciento fue adquirido por Fondos Comunes de Inversión (grandes inversiones). Es decir que un 70 por ciento está manejado por grandes jugadores.  Otro 7 por ciento quedó en manos de empresas y personas físicas, mientras que un 4 por ciento fue comprado directamente desde el exterior. Las compañías de seguro, que hasta 2015 estaban obligadas a invertir sus excedentes en proyectos productivos dentro de la Argentina, adquirieron un 5 por ciento de las Lebac. Luego queda un conjunto de inversores menores pero que en total suman otro 14 por ciento.

El total de Lebac emitidas durante 2016 fue de 334.128 millones de pesos, es decir, 22.275 millones de dólares. Los intereses pagados en el año fueron, aproximadamente, 150.000 millones de pesos, es decir 10.000 millones de dólares. O dos puntos del Producto Bruto Interno (PBI).

¿Y esa plata dónde está, dónde se invirtió, a quién le cambió la vida, o a quiénes les incrementaron sus derechos? ¿O cuántas viviendas, escuelas, rutas se construyeron? ¿O cómo mejoró la distribución del ingreso, la creación de empleo genuino, o los ingresos de los sectores más vulnerables? La respuesta, si bien críptica como el lenguaje de la city, puede inferirse: la casta social gobernante (esto incluye a empresarios y ceócratas en el Poder Ejecutivo) se llevó la tajada del león.

Un último apunte sobre la deuda y la fuga de capitales. Entre diciembre de 2015 y noviembre de 2016, el Gobierno de Macri endeudó al país por 48.343 millones de dólares, mientras que las reservas del BCRA aumentaron tan sólo 13.417 millones de dólares. La fuga de capitales al exterior fue de 23.526 millones de dólares (Observatorio de la deuda externa – UMET). A esto hay que sumarle la deuda del BCRA a través de las Lebac con otros 22.000 millones de dólares.

Es decir, la nueva deuda está financiando la salida de divisas en el corto plazo. Con una perspectiva de achicamiento del comercio exterior (generación genuina de dólares), un endeudamiento externo que será cada vez más caro (por el efecto Trump y Brexit), el ciclo de crecimiento económico basado en la lógica del endeudamiento externo volverá a poner en jaque la vida de millones de argentinos.

 

 

Derechos Humanos

Una columna con más de 25.000 personas atravesó hoy la Ciudad de Buenos Aires para llegar a la Plaza de Mayo desde la ex ESMA con la consigna "Porque otros caminaron antes, nosotros caminamos para que otros caminen", flameando las banderas de La Cámpora, Peronismo Militante, Kolina, Pingüinos y Unidos y Organizados marcharon por Memoria, Verdad y Justicia.

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