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Año XIII, movidito y con cachengue

Otro bicentenario. Se cumplen 200 años de la Asamblea del  Año XIII. Esa Asamblea General Constituyente, que la historia mitrista señala como un hecho aislado y fracasado, debe entenderse  como un capítulo fundamental de ese glorioso proceso independentista de nuestra patria que comenzó con la revolución de 1810 y encuentra su epopeya el 9 de julio de 1816. El 25 de mayo de 1810 marcó a fuego la identidad  de los argentinos como un pueblo con vocación de soberanía en el marco de la libertad y la justicia social. Luego, en el 1811, los cipayos y defensores del liberalismo económico  que en ese momento paseaban por los pasillos del Cabildo y que hoy transitan los pasillos del multimedio,  dieron un golpe contrarrevolucionario instalando el Primer Triunvirato que intentó  callar los fervores populares.

Casi como si la historia se encaprichara en ayudarnos a discernir entre el buen gobernante y el mal gobernante, este Primer Triunvirato tiene un pronto final debido a sus excesos y desaciertos.  Con el Segundo Triunvirato, vuelven los hombres de la revolución democrática, los hombres del 25 de mayo. Pero en esta oportunidad, sin la presencia física de quienes supieron ser los mentores del movimiento revolucionario: Moreno muerto y arrojado al mar envuelto en una bandera inglesa;  Belgrano dando batallas patrióticas y federales en el norte del país; y Castelli fulminado por un cáncer de lengua y un juicio político-militar. Sí, parece que hace 200 años también el cáncer y la corporación judicial eran enemigos del pueblo.

Estos hombres  que convocaron a la Asamblea del Año XIII, quizás sean el primer ejemplo en la historia argentina de “militancia” entendida como lealtad a los ideales y a los hombres  que mueren de amor por sus ideas.

El 31 de enero de 1813 fue un día trascendental en el camino hacia la independencia. Entre las medidas adoptadas por la Asamblea podemos señalar:

–          Libertad de vientres: los hijos de las esclavas serían hombres libres.

–          Se Definió el Escudo Nacional, y se encargó la composición del Himno Nacional Argentino. En ese momento llamado “Marcha Patriótica”. Parece que todos los movimientos revolucionarios tiene su marchita.

–          Anulación de los títulos nobiliarios.  Por ello en nuestro país no existen condes, marqueses o barones, como tristemente sucede en el viejo continente.

–          Los pueblos originarios dejaron de ser hostigados con tributos exacerbados que no podemos llamar de otra manera que “explotación colonial”.

–          Se sancionaron obligaciones fiscales progresivas, de modo que quienes tienen un ingreso mayor tributen más que aquellos que tienen menos ingresos. Más de un gremialista contemporáneo corrido a la derecha no hubiera formado parte de esta Asamblea.

–          La secularización de la salud. Las casas hospitalarias que estaban en manos de la Iglesia pasaron a manos del Estado. Curiosamente, la mortalidad infantil comenzó a descender como nunca antes.

–          Se mandó a acuñar la moneda nacional. Símbolo de independencia económica, que en los 90 nos quisieron teñir de verde dólar, y hoy felizmente brilla con la sonrisa de nuestra Evita.

–          Los elementos de tortura fueron destruidos en la plaza pública, en una enfática abolición de la Inquisición en la Argentina.

 

Por todo esto celebramos la decisión de nuestra Presidenta de poner en el calendario esta fecha tan importante para la Patria y para la historia de las conquistas populares. Las gestas patrióticas y las luchas por la libertad y la justicia social son parte de nuestra identidad. La historia nos parió militantes y revolucionarios.

Hace un año, en los festejos de carnaval (también sepultados por el neoliberalismo, y recuperados por el kirchnerismo) cantábamos “Se viene un 2012, movidito y con cachengue”. Aquel 1813 definitivamente lo fue. Y este 2013, seguramente lo será, pero Usted no vaya a creer a los que hablan pa’ la gilada, la Argentina está tranquila con Cristina en la Rosada.

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