Militancia

¡¡¡¡¡Vamos…. Vamos Cristina!!!!!

¡¡¡Vamos… vamos Cristina!!! ¡¡¡Vamos… vamos Cristina!!! Miles de manos se enarbolaron en lo alto del cielo de Buenos Aires entonando un grito de corazón para saludar la llegada de la Presidenta. Y es que ella vino, como todos la esperábamos. Y es que ella vino a la fiesta que le armamos para celebrar el noveno aniversario de aquél 27 de abril cuando volvimos, cuando Néstor vino a proponernos un sueño y poco a poco todos comenzamos a seguirlo.

¡¡¡Vamos… vamos Cristina!!! ¡¡¡Vamos… vamos Cristina!!! El saludo de los miles de militantes que acudieron a la cita, que nadie se quiso perder y por eso desde temprano comenzaron a llegar los micros desde los rincones más recónditos del interior del país, y los que también lo hacían desde ciudades capitales y de lugares más próximos al estadio de Vélez. Un estadio que no alcanzó para tanto amor, para tanta fiesta. Por eso, a poco de pasar el mediodía, las tribunas lucían bastante colmadas, y a media tarde no cabía un alfiler.

La multitud siguió llegando, y fueron muchos los compañeros que tuvieron que conformarse con seguir la fiesta desde afuera. Adentro las banderas se agitaban a pleno, las canciones se sucedían una tras otra y las gargantas hacían un esfuerzo fuera de lo común para no quedarse disfónicas a mitad de camino. Como la de Claudia, santafesina de 27 años, que se vino junto a un grupo de cumpas, y ya desde temprano asomaron por Villa Luro para ir calentando el ambiente: “Ya el viaje fue una fiesta, tratamos de no gritar mucho para llegar con energía acá sabiendo que la jornada iba a ser larga. Y así fue. Pero lo valió y nos vamos con mucha más energía. Nos gastamos todo, pero en realidad nos cargamos con mucho más. Eso es lo que hace Cristina, te llena de ganas de seguir militando”.

“Militaremos de sol a sol, somos los pibes, los soldados de Perón”, aseguraban los cumpas que colmaban la popular de Vélez, toda copada por La Cámpora, repleta de banderas de todos los lugares desde donde habían venido para manifestarle su apoyo incondicional a Cristina. Jorge, 22 años, de Mendoza, contó que “de solo pensar que veníamos a esto no pegamos un ojo en toda la noche. Pero ni el frío, ni la falta de sol, impidieron que tuviéramos estas tremendas ganas de cantar y saltar con todos los compañeros de todo el país que se dieron cita acá. Vinimos a ver a Cristina pero también a sellar la hermandad con todos los cumpas de las provincias y la Capital”.

Del acto, al que concurrieron decenas de miles de personas, adentro y afuera del estadio, participaron también militantes del Movimiento Evita, Kolina, los Descamisados, la Tupac Amaru, Pueblo Peronista, el Partido Comunista Congreso Extraordinario, la Martín Fierro, la Oesterheld, y muchas otras orgas compañeras.

“Son los pibes que bancamos a Cristina, y a la patria la vamos a liberar”, gritaban las miles de gargantas, mientras las banderas subían y flameaban en lo más alto. Ya habían llegado los bombos y también los vientos que ayudaron a sostener las gargantas que no querían aflojar por nada. Julia, 32 años, de La Matanza, no podía salir de su asombro: “Yo le tenía una fe bárbara a juntar un montón de cumpas en este acto. Pero lo que estoy viendo acá supera todo. No puedo describir lo que estoy sintiendo. Te juro que me late refuerte el corazón. Tengo una emoción tremenda. No quiero largarme a llorar porque no voy a parar más y me voy a perder todo”.

La banda sonaba con todo y los pibes cantaban sin parar. Y apareció la gran bandera que coronaría la fiesta. Se fue desplegando desde la cima de la tribuna a medida que las manos iban ayudando a desenrollarla hasta llegar al piso y cubrir toda la popular a lo ancho y a lo alto. El escudo de CFK, emulando al tradicional logo de la recuperada YPF, y la leyenda que resumía el espíritu del acto, pero de toda la militancia: Unidos y Organizados. Como se demostró en el acto, como se demostró desde el comienzo hasta el final de una celebración que se realizó en forma responsable y ordenada, con alegría y fervor, pero con orden y organización, con mística y emoción, pero con unión y trabajo.

Javier, 25 años, de Salta, no quería irse del estadio: “Me quedo a dormir acá. No quiero que termine nunca. Y no va a terminar porque la vamos a seguir, en Salta, y en todas partes donde haya militancia, en todos los puntos del país. Vamos a seguir celebrando esta Argentina que cada día es más inclusiva, es más justa, es más equitativa para el pueblo. Y todo gracias a Néstor y a Cristina”. Y es que cuando Cristina terminó de hablar, los cumpas siguieron batiendo el parche, agitando las banderas y saltando y cantando como si recién hubieran llegado al acto. Hizo falta que pasaran algunas horas para que la marcha se fuera desacelerando poco a poco. Nadie se quería ir. Pero la noche y el frío apuraban, y los cumpas comenzaron a despedirse, con la satisfacción de haber cumplido, de haber celebrado, y de haber renovado el juramento de seguir militando en cada rincón de la patria, el proyecto que hace nueve años iniciaron Néstor y Cristina para darle a los argentinos un crecimiento con desarrollo e inclusión, con justicia social y equidad.

 

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