Política

Triple lesbicidio en Barracas

Los discursos de odio y el achicamiento del Estado matan

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Como consecuencia del ataque lesboodiante, ocurrido el lunes pasado en el barrio porteño de Barracas contra dos parejas de lesbianas, Roxana, Pamela y Andrea fallecieron. Sofía continúa internada. La noticia circuló (casi) exclusivamente por redes sociales y algunos medios independientes. Los grandes medios de comunicación decidieron no hablar del caso. Aunque quieran ocultarlo, las cosas hay que llamarlas por su nombre: fue triple lesbicidio y exigimos justicia. 

por La Cámpora
16 may 2024

Del discurso al acto de odio

El ataque lesbo odiante puede leerse desde una mirada interseccional. Es decir, teniendo en cuenta las distintas opresiones que atraviesan las personas en forma simultánea. Esto nos permite pensar cómo operan las violencias por motivos de género cuando se entrecruzan distintas categorías como la identidad de género, la orientación sexual, la clase social, las condiciones socioeconómicas, la nacionalidad, el territorio donde viven, entre otras. 



Desde este enfoque, podemos decir que en el crimen de Barracas opera una triple opresión: por ser mujeres, lesbianas y de los sectores populares. 



Además, sucede en un contexto de legitimación de la crueldad por parte del poder político. Lo novedoso es que quienes encarnan estos discursos hoy ocupan lugares de poder en el Estado. Los discursos de violencia de los gobiernos de Javier Milei y Jorge Macri permean en la sociedad y son habilitantes a la construcción de un sentido que terminamos siempre pagando con nuestras propias vidas. La hostilidad es aún mayor cuando se trata de mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries y otras identidades. 



En el crimen de Barracas opera una triple opresión: por ser mujeres, lesbianas y de los sectores populares.

Ejemplos sobran. Desde el biógrafo y amigo personal del presidente, para quien las políticas de diversidad “incentivan conductas autodestructivas”, hasta la ministra Diana Mondino que comparó la homosexualidad con “tener piojos”



Por su parte, el vocero presidencial desconoció en su conferencia matinal que el crimen sea el resultado de discriminación hacia el colectivo LGBTINB+ y, a través de su redes sociales, negó la categoría de lesbicidio por “no estar registrada en el diccionario”. En igual sentido, tiempo atrás, el senador libertario Francisco Paoltroni desconoció la figura penal de “femicidio”, que fue incorporada en nuestra legislación durante el segundo mandato de Cristina, en consonancia con los tratados internacionales de derechos humanos que nuestro país reconoció con la misma jerarquía que la Constitución. La negación de los femicidios esconde el sostenimiento de un sistema patriarcal que discrimina, excluye, violenta y, finalmente, mata.



¿Por qué hablamos de lesbicidio? Utilizamos ese término para identificar y denunciar la causa y el motivo del asesinato. Más allá de la figura penal, es una categoría política y una reivindicación exigir que la carátula de la masacre contemple tanto esta terminología como la de crimen de odio.



Hablamos de lesbicidio para identificar y denunciar la causa y el motivo del asesinato.

Denunciamos que cuando se siembra odio, se cosecha muerte. Así lo expresamos en nuestros carteles, a una semana del ataque, cuando nos convocamos en el hotel donde ocurrió el hecho para exigir justicia por Roxana, Pamela, Andrea y Sofía, quemadas por lesbianas.



Hace tiempo que se pasó de los discursos a los actos de odio. El 1 de septiembre de 2022 fuimos testigos de ello ante el intento de asesinato a Cristina. Así, pasamos de los discursos que fogonean la eliminación del adversario político a ver casi en cadena nacional cómo le gatillaron tres veces en la cabeza a quien era la vicepresidenta de la Nación.



El achicamiento del Estado 



Cuando decimos que lo personal es político hacemos referencia a que las violencias que sufrimos en función de nuestro género deben ser atendidas por el Estado. Sin embargo, la motosierra parece empecinada en recortar políticas públicas fundamentales para garantizar el piso mínimo de dignidad. 



Por ejemplo, existe una negación por parte del Estado a otorgar alimentos a los comedores comunitarios que son sostenidos principalmente por las femenidades, profundizando la desigualdad. 



El desmantelamiento del Estado, tanto a nivel nacional como en la Ciudad, dejan al desamparo a la sociedad. No es la libertad la que avanza sino la violencia y la persecución contra quienes elegimos vivir en libertad.



Roxana, Pamela, Andrea y Sofía vivían en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica,  trabajo informal y precariedad habitacional. Pero en la Ciudad de Buenos Aires, la respuesta a las políticas destinadas a las personas en situación de calle del primo de Macri sólo revelan la crueldad en su gestión de gobierno. Bajo la premisa de ‘higiene y limpieza’ tratan a las personas como basura, sin dar solución real al problema habitacional. Cualquier parecido con el personaje de Micky Vainilla NO es pura coincidencia. 



El silencio es complicidad



¿Cómo puede ser que no sea tapa de todos los diarios? ¿Será porque eran lesbianas y pobres? El silencio cómplice de los medios masivos de comunicación, del poder real y de parte de la sociedad no nos sorprende, pero tampoco nos deja inmovilizades. 



La masacre de Barracas es un acto que nos duele, irrita y motoriza para seguir luchando por un país que sea más sensible, justo y humano. No nos van a encontrar nunca del lado de los que deciden callarse o no hacer nada. Vamos a estar siempre en las calles militando por la justicia social. 



Exigimos justicia por Pamela, Andrea y Roxana.

Exigimos Justicia y cuidados para Sofía.