Opinión

Adiós a los globos: sobre el envejecimiento prematuro de la nueva Derecha

Por Damián Selci

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1. Cada profesión tiene su propia manera de equivocarse completamente. Entre 2003 y 2015, los economistas liberales se la pasaron pronosticando el colapso kirchnerista: nunca sucedió. Luego vendieron la solidez financiera del macrismo: otro mito, desvanecido en estos días devaluados. Pero ya es un lugar común que los economistas no aciertan nunca en nada. Quizá llegó el momento de trasladar esa sospecha hacia los analistas políticos. Sus predicciones también fallaron, y también espectacularmente. Habían adelantado que la militancia kirchnerista desaparecería el 10 de diciembre de 2015, por haber perdido el Estado, por ser “sobreideologizados”, por falta de inserción territorial, falta de agenda, falta de apertura, falta de carácter. No sucedió. Dijeron también que Cambiemos era la nueva derecha: este rumor fue el que se dispersó más penosamente, con la renovada invasión del FMI. En realidad, el macrismo parece más bien una antología de malos momentos de la historia argentina. De cada época mala tratan de agarrar algo. Un listado posible: de la Libertadora toman el revanchismo, del frondizismo tienen a Clarín, de Onganía la persecución política y la intervención del PJ, de Lanusse el “Gran Acuerdo Nacional”, de Videla la instalación del miedo y la bicicleta financiera, de Alfonsín la inflación, de Menem los negociados y la entrega de la soberanía, de la Alianza la crisis financiera, Patricia Bullrich y el FMI –y de la nueva derecha, las reuniones por Whatsapp.

2. Alguien en el Banco Central de Cambiemos ha tenido la ocurrente gracia de poner animales en los billetes. Esto con la única motivación de posar como posmodernos sin historia, sin épica, livianos, relajados y hasta ingrávidos: no nos interesa Manuel Belgrano, nos interesa la Ballena Franca Austral. Pero ahora esta trivialidad adquirió otro significado: el gobierno de la nueva derecha tembló como una hoja en el viento ante el fenómeno más viejo y conocido de la economía argentina, la corrida cambiaria. Durante la semana en que el dólar pasó de 20 a 25 dieron la vívida impresión de no saber en qué país estaban. En cuestión de horas, la nueva derecha se convirtió en derecha novata, y tuvo que llamar a la Vieja Derecha para que arreglara los problemas y llevar la bendita “tranquilidad a los mercados”: Cavallo, el FMI, los que “saben” ajustar, aunque no mida bien en las encuestas.

3. El trabajo de Durán Barba es ocultar el pasado de la derecha argentina. Embellecerla, darle glamour, sofisticación, cosmopolitismo –y cuando no puede, se conforma con inyectarle una dosis de ingenuidad impostada, para volverla menos temible (de ahí seguramente el infantilismo de los globos y de María Eugenia Vidal). Pero claro: con el desastre cambiario de estos días y el retorno de los viejos nombres de la derecha neoliberal más rancia, su margen de acción podría haberse acotado definitivamente. No hay nada nuevo en el FMI, aunque Dujovne diga que es un “nuevo FMI”. Todas las encuestas y los estudios de Big Data que ha ordenado Marcos Peña dejan de tener sentido cuando aparece Cavallo en los programas de la tarde. Durán Barba puede preocuparse: si el FMI maneja la economía, terminará manejando también la comunicación –y así “Lollapalooza” y “Metrobus” dejan paso a expresiones menos felices, y más antiguas, como “no hay alternativa”, “hay que pagar la fiesta”, “los argentinos vivían por encima de sus posibilidades”. El pasado recién comienza.

4. Sólo Cristina y la militancia dijeron lo que iba a pasar. La “campaña del miedo” fue también un ejercicio colectivo de análisis político y sus hipótesis se verificaron sin corrección. Esta anticipación fue posible por el alto coeficiente de conciencia histórica que existe en el kirchnerismo, quizás más elevado que en ninguna otra fuerza política. Y la conciencia histórica dictó una táctica: oposición firme. Esa firmeza ya empezó a rendir sus frutos. Sintéticamente: los que especularon con las Lebacs seguramente hicieron negocio; los que especularon con la política no. En la volátil coyuntura argentina no deja de cumplirse a rajatabla lo de que “no pasarán a la historia aquellos que especulen, sino los más se la jueguen”, como dijo Néstor; también en eso fue profético.

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