Editorial - Por Pablo Ferreyra

Seis años sin Mariano, un ejemplo para la juventud que lucha

Pasaron seis años del asesinato de Mariano y me remite a hacer algunas reflexiones. Su causa nos permitió discutir y profundizar acerca de las distintas aristas de la justicia y cómo actúa de acuerdo a las decisiones políticas de los gobiernos de turno.

El caso expuso las condiciones de contratación de un sector importante de trabajadores de nuestro país bajo la modalidad de tercerización laboral. Además dejó al descubierto el modo en que empresas y sindicalistas se beneficiaban de este tipo de contratación. La tercerización laboral consolida una desigualdad entre los propios trabajadores, tanto en la forma de contratación como en las condiciones de trabajo. Resulta importante promover reformas a las regulaciones del mercado de trabajo para limitar esta forma de contratación que tiene impacto sobre todas las actividades económicas.

Como consecuencia de la lucha de todo el campo popular y los organismos de Derechos Humanos, la fuerte condena social y la movilización contra Pedraza -con un modelo de país que resignificó la militancia juvenil y con un Gobierno que realizó aportes significativos a la causa: Néstor Kirchner llevó a un testigo del caso, fundamental ante la Justicia-, se logró el encarcelamiento de Pedraza, la patota y los policías de la Federal involucrados en la zona liberada en 2013. Esto fue una victoria no sólo en lo que respecta al reclamo de justicia, sino que también dejó una huella en la historia de la clase trabajadora y de la militancia.

Es evidente el cambio de lineamientos del Poder Judicial en esta nueva etapa de la historia Argentina: la prisión domiciliaria a Etchecolatz y al mismo Pedraza, Milagro Sala presa política, el protocolo “Anti Piquete”; además del discurso de “Guerra Sucia” instalado por el propio Presidente y las reuniones de distintos funcionarios del Ejecutivo con abogados de genocidas, dándole el “visto bueno” para operar en contra de los pilares de “Memoria, Verdad y Justicia” y del paradigma en la defensa de Derechos Humanos de ayer y de hoy.

Actualmente, con un gobierno abiertamente neoliberal que atenta contra los derechos de nuestro pueblo, banderas como la de Mariano deben ser levantadas por las y los que luchamos por un país más justo: para que la Justicia sea igual para todos y para todas y no otro sostén para explotación y la impunidad; Para que no haya trabajadores de “segunda y tercera” categoría; para garantizar el derecho a la protesta social, y para que la juventud siga siendo el sujeto político de la transformación social.