Editorial -

Voto electrónico: razones para un rechazo

FRENTE PARA LA VICTORIA, JUAN CABANDIÉ, OPINÓ PARA TÉLAM SOBRE LA REFORMA ELECTORAL IMPULSADA POR EL GOBIERNO NACIONAL, ESPECIALMENTE SOBRE LA IMPLEMENTACIÓN DE LA BOLETA ELECTRÓNICA.

Por Juan Cabandie (*)

La reforma electoral que está impulsando a las apuradas el Gobierno Nacional trae una serie de complejidades a la que los funcionarios no han sabido responder. Entre otras cosas, el macrismo no ha podido explicar por qué el voto electrónico vendría a mejorar el actual sistema.

En primer lugar, no hubo un diagnóstico sobre el sistema electoral argentino del cual se concluyera la necesidad de implementar este cambio; más bien, hubo una decisión de instalar este sistema a toda costa con endebles argumentos para justificarlo.

La propuesta que el Ejecutivo presentó ante la Cámara de Diputados acarrea graves problemas. Uno de ellos es que se rompe con el carácter secreto del voto porque abre la posibilidad de que personas que se encuentran en el contexto electoral puedan saber con certeza a quién votó cada elector. Las boletas están numeradas a través de un código que puede leerse con una simple aplicación del teléfono celular. De esta forma, un fiscal de mesa puede saber el número de cada boleta, y si confeccionó una lista con los números de boleta que corresponde a cada elector, puede conocer a quién votó cada uno.

Con esto alcanzaría para un rechazo absoluto, sin embargo, el sistema propuesto tiene otras vulnerabilidades. Cada boleta de papel tiene un chip que carga con la información del voto. Esa información se transmite a través de una terminal que es una computadora, aunque el macrismo en la Ciudad quiso instalar la idea de que era una mera impresora. Esa computadora recibe la información del chip vía NFC, que es un sistema de transmisión de datos similar al Bluetooh, del que está altamente comprobada su vulnerabilidad. Además, por si faltara algo, el chip de cada boleta tiene la capacidad de emitir no uno sino hasta doce votos.

Cabe recordar que para las elecciones porteñas, el informático Joaquín Sorianello consiguió vulnerar la seguridad y puso en alerta sobre esto a la empresa. Lamentablemente, en lugar de hacer caso a esta advertencia optaron por denunciar al informático e iniciaron un proceso judicial en su contra. Hace pocos días la Justicia lo sobreseyó y señaló que el programador tenía razón.

Dos cuestiones finales: la primera es que es importante desmitificar que la tecnología es sinónimo de mayor transparencia. Este sistema de boleta electrónica no se compara al contralor que brindan las personas. El control cruzado ejercido por fiscales de mesa, autoridades imparciales y delegados judiciales es mucho más seguro, y en casos de inconsistencia entre los telegramas del correo y las actas de los partidos, las urnas se pueden recurrir, volver a abrir y hacer un nuevo conteo.

La segunda es observar lo que ocurre en otros países. El Reino Unido, Alemania y Holanda, entre otros, abandonaron rápidamente el sistema de voto electrónico porque era más inseguro y más costoso (en Argentina se calcula que implementarlo costará unos U$S 300 millones cuando el sistema tradicional cuesta menos de U$S 30 millones).

En resumen: el voto electrónico, tal como se lo quiere poner en práctica, es informáticamente muy inseguro, costosísimo y -lo más grave de todo- no garantiza el carácter secreto del sufragio.