Editorial -

Etchecolatz no es una casualidad

Cuando el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata decidió otorgarle el beneficio de la prisión domiciliaria al genocida Miguel Etchecolatz, no fue por mera casualidad ni constituye un hecho aislado. Es un nuevo capítulo del lamentable y gravísimo retroceso en materia de derechos humanos que se está dando desde la llegada de Mauricio Macri a la presidencia.

Etchecolatz es un represor, un ex comisario que en cuatro oportunidades fue condenado a prisión perpetua por cometer múltiples crímenes durante el terrorismo de Estado, como secuestros, torturas, violaciones, desaparición y asesinato. Cometió delitos de lesa humanidad que no prescriben y que dejaron una herida profunda en nuestro pueblo, y está acusado además de desaparecer al compañero Julio López.

Es inadmisible que, tras doce años de políticas de Estado que enarbolaron las banderas de Memoria, Verdad y Justicia, hoy sea la justicia la que genere este tipo de retroceso. No sólo para los organismos de derechos humanos, sino para el conjunto de la sociedad que hace ya muchos años dijo “Nunca Más!”.

En ese marco, los organismos de derechos humanos realizaron ayer una conferencia de prensa en el Espacio de la Memoria (ex ESMA), de la que participaron la titular de Madres de Plaza de Mayo Línea-Fundadora, Taty Almeida; Lita Boitano de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas; Estela Carlotto de Abuelas de Plaza de Mayo; Elsa Usandizaga de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH); José Schulman de la Liga por los Derechos del Hombre; Agustin Cetrángolo de H.I.J.O.S. Capital;  Mabel Careaga de la Asociación de Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz;  Adriana Taboada de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte y Pablo Llonto, periodista y abogado en varias causas de delitos de lesa humanidad.

Luego de realizar un breve homenaje a las víctimas de la Masacre de Trelew (a 44 años de aquella trágica fecha), los presentes coincidieron en la expresión de repudio y preocupación ante este pronunciamiento de la justicia.

Por su parte, Carlotto recordó que durante doce años Argentina fue modelo mundial en materia de derechos humanos, por lo que “parece mentira que después de 40 años tengamos que realizar esta conferencia de prensa por actos siniestros como este dictamen”.

A su vez, calificó a Etchecolatz de “personaje siniestro” y agregó que “la Justicia sabe bien quién es, lo juzgó y lo condenó, pero parece que estos son tiempos de considerarlo un pobre viejo que no merece lo que le está pasando”. La titular de Abuelas también criticó al secretario de derechos humanos, Claudio Avruj, por hablar “con los familiares de los genocidas como si tuvieran derecho a alabar a semejantes deshumanizados” y sostuvo que apelarán “al sentido común y a la memoria” del Estado y del Poder Judicial. Para finalizar, le pidió a los demás organismos que le soliciten “a la procuradora Alejandra Gils Carbó que los fiscales intervengan fuertemente en esto y que nos representen porque los vamos a acompañar”.

Etchecolatz no es una casualidad. Y esta medida judicial no es un acto jurídico más, es apenas la punta de lanza que evidencia que la prisión domiciliaria forma parte de las nuevas estrategias de impunidad.

Para muestra sobra un botón. Dejan sin injerencia a los organismos de derechos humanos en el Espacio de la Memoria, manejan discrecionalmente el Archivo de la Memoria, persiguen y detienen a Milagro Sala por enfrentarse con civiles que fueron cómplices de la dictadura, paralizan las señalizaciones y vacían los ex centros clandestinos, niegan la desaparición de 30.000 personas  y buscan instalar que en Argentina hubo una “guerra sucia” y que hay que “reconciliarse” con quienes cometieron los delitos más aberrantes de la historia.

Pero el pueblo tiene memoria y le canta piedra libre a su principal objetivo: impedir que avancen los juicios de lesa humanidad que involucran a varios cómplices civiles y económicos de la dictadura que hoy son CEOS del gobierno nacional. Saquen sus propias conclusiones.