Editorial -

Nubarrones sobre el horizonte laboral

Un estudio preliminar del centro de investigación de la CTA señala que el impacto de las nuevas políticas sobre la inflación le asestó el mayor golpe al salario real desde 2002. Se prevé un deterioro aun mayor y caída del empleo.

Por Tomás Lukin (*)

El poder adquisitivo de los trabajadores del sector privado retrocedió entre 7,6 y 10,1 por ciento entre noviembre y enero. La aceleración en la inflación que precedió y acompaña al combo de políticas implementadas por el gobierno de Mauricio Macri asestó el mayor golpe al salario real de los últimos trece años. Sólo la megadevaluación de 2002 supera la magnitud de la actual caída en la capacidad de compra de los asalariados por los aumentos de precios en los bienes de consumo masivo, fundamentalmente los alimentos. Las estimaciones realizadas por los investigadores de Cifra, el centro de estudios de la CTA que coordina el economista Eduardo Basualdo, son las primeras en ofrecer una aproximación cuantitativa a las consecuencias de la gestión económica de la alianza Cambiemos. Los datos son provisorios y recién serán publicados en febrero, pero los guarismos arrojados por los índices de precios provinciales para el mes de diciembre y mediciones realizadas durante las primeras dos semanas de enero inclinan la balanza hacia el escenario de máxima. Los indicadores de San Luis y Capital Federal, muletos recomendados por las autoridades del Indec para atravesar el apagón estadístico, arrojaron subas de 3,9 y 6,5 por ciento en diciembre, respectivamente. Desde Cifra advierten que, si bien resta conocer cómo reaccionarán los sindicatos en las discusiones paritarias, la transformación macroeconómica en marcha requiere una contracción todavía mayor del salario real y un incremento en el desempleo.

La historia de los ajustes en la Argentina evidencia que, si no median mecanismos compensatorios para los sectores de ingresos fijos (trabajadores, jubilados, AUH), la reorientación de la política económica se traduce en una importante transferencia de ingresos hacia los sectores más concentrados de la exportación y el sistema financiero, con impacto fuertemente regresivo. El combo de devaluación, desregulación financiera, reducción del gasto público, minimización del rol del Estado en la economía, endeudamiento externo, suba de tarifas y liberalización comercial implementado por el trío Alfonso Prat-Gay (Hacienda y Finanzas), Federico Sturzenegger (Banco Central) y Francisco Cabrera (Producción) apunta en esa dirección.

La potencia de esa combinación de política económica reside en su capacidad de disciplinamiento. No se trata solamente de minimizar las demandas salariales de los trabajadores y contener el conflicto social. La apertura comercial cumple un rol fundamental en la nueva política anti-inflacionaria: permite desarticular reclamos desde los segmentos de la burguesía industrial que requieren del dinamismo de la demanda doméstica (textiles, metalmecánicos, química básica, caucho, madera y muebles, calzado y juguetes, entre otros). Como advierten desde Cifra, buscan desarticular la herencia más pesada del kirchnerismo: el mercado interno, principal motor del crecimiento económico a lo largo de la última década.

Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, el salario real de los trabajadores en relación de dependencia del sector privado registró una mejora significativa, incluso en el período de intensificación de la puja distributiva y aceleración del proceso inflacionario. De todas formas, el período no estuvo exento de caídas considerables, como sucedió con la devaluación registrada a comienzos de 2014. En ese momento, la reducción alcanzó el 4,5 por ciento (entre diciembre de 2013 y abril de 2014). Sin embargo, los datos de Cifra señalan que “desde entonces, la recomposición salarial fue casi sistemática, recuperando el valor real de diciembre de 2013, hacia mediados de 2015”.

La capacidad de respuesta de los sindicatos, el activismo estatal en los conflictos laborales y la política de estímulo al mercado interno fueron pilares fundamentales para lograr esos resultados. “En la actualidad, las perspectivas son absolutamente distintas a la devaluación de comienzos de 2014. La actual caída del salario real se inscribe en un plan de ajuste económico cuyo equilibrio sólo se consigue controlando la inflación a través de reducir el consumo y los costos salariales. De alguna manera, el nuevo equipo económico parece considerar que ese combo es condición suficiente para reimpulsar la inversión y el crecimiento económico”, explicó Pablo Manzanelli, miembro de Cifra-CTA a cargo de las estimaciones.

A pesar de los pagos extraordinarios negociados, como sucede todos los años, por algunos gremios poderosos entre los que figuran camioneros, aceiteros y bancarios, esos elementos defensivos están (todavía) ausentes. “A la caída del salario de estos primeros meses, como parecen confirmar nuestras hipótesis, la van a intentar sostener con otras decisiones de política económica durante el resto del año. La posibilidad de éxito de esa reorientación dependerá de correlación de fuerza y activación de las organizaciones sindicales”, sostuvo el investigador de Cifra. Antes de finalizar su viaje a Davos, el presidente Macri reclamó la colaboración de Hugo Moyano y el resto de la dirigencia sindical para lograr que la inflación se ubique en torno al 20 por ciento, un escenario improbable según indican los propios dirigentes que acompañan al camionero.

“No parece haber fundamentos económicos que posibiliten el proceso pretendido por el nuevo Gobierno. Es difícil que se radiquen nuevas inversiones si cae el consumo interno en un escenario donde las exportaciones se estancan por la crisis mundial, la recesión en Brasil y la desaceleración china. Es complejo que, con este planteo económico, se revierta la recesión inicial de la devaluación y el ajuste”, advirtió Manzanelli.

Precisión metodológica

Cifra elaboró una estimación preliminar sobre la contracción del salario real desde que comenzó la gestión económica de Macri. Como el dato de inflación del IPC-9 Provincias utilizado por ese centro de investigaciones no está terminado, para diciembre y enero se utilizan dos hipótesis de aumentos en los precios. El primero es un escenario de “mínima” donde la inflación mensual en cada uno de los últimos dos meses llega al 4 por ciento. En el segundo escenario, “de máxima”, la pauta de precios llega a 5 por ciento en diciembre y 6 por ciento en enero. Con ese panorama y en base a las series de salario nominal del SIPA-Anses y el Indec (cuya serie desestacionalizada alcanza a noviembre de 2015 y se la supone constante hasta enero), el ingreso real de los trabajadores del sector privado registra entre noviembre y el actual mes un descenso entre el 7,6 y 10,1 por ciento. La aceleración inflacionaria exhibida por los índices provinciales, sobre todo en el rubro alimentos y bebidas, permite anticipar que el impacto inicial sobre el poder adquisitivo se ubicará en el margen superior de las proyecciones de Cifra.

“El nuevo esquema no presenta fundamentos económicos para recuperar el crecimiento. Sostienen que restaurando un equilibrio macroeconómico en cuentas fiscales y externas se recuperará la confianza y llegarán las inversiones. Eso es lo que fue a hacer el presidente Macri al Foro Económico Mundial de Davos. Pero para que haya un incremento relevante en la inversión, tiene que existir un buen nivel de consumo además de rentabilidad. Con su paquete de medidas el Gobierno golpea al consumo interno cuando la demanda externa no da indicios de crecimiento”, concluyó Manzanelli.

 (*) Publicado en Página 12 el Domingo 24/01/2016.-