Editorial -

De Durán Barba a Videla, de fantasmas a entelequias

Por Horacio Pietragalla

“¿De qué se defiende Estela de Carlotto? ¿Le hicieron algo? Si se está defendiendo de sus demonios internos es problema de ella. No sé, debe estar angustiada por algo. Son personas que por su fanatismo ideológico viven entre fantasmas”, expresó el ideólogo de la estrategia política del PRO, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, en un artículo publicado ayer por el diario La Nación.

El asesor de imagen macrista tuvo estas agraviantes expresiones hacia la figura de Estela de Carlotto, presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, en respuesta a lo que ella aseveró durante la marcha para reclamar por la liberación de Milagro Sala, dijo: “Hace un mes estamos viviendo en el infierno, todos los días hay que defenderse de algo”.

Los militantes políticos y de los organismos de derechos humanos no podemos dejar pasar estas ofensas a la figura emblemática que representa la lucha de Abuelas, y a la vez, debemos advertir la peligrosidad del sentido buscado por el consultor al utilizar preguntas retóricas con una obvia intencionalidad de amedrentamiento hacia todo lo que objete el modelo de exclusión, persecución política e ideológica, más represión que encarna el gobierno del dueño del perro Balcarce, presidente Mauricio Macri.

“Es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido”, es una de las frases más tristemente recordadas del dictador Jorge Rafael Videla. Así, se reflejaba la intención del gobierno represor de desvirtuar la lucha de organismos, para hallar a sus seres queridos, detenidos, torturados y desaparecidos en manos del plan sistemático de represión montado por el terrorismo de Estado desde el 24 de marzo de 1976, hasta 1983.

“Los fantasmas” a los que se refiere el consultor famoso por su falta de escrúpulos a la hora de encarar las campañas políticas de los representantes del poder fáctico en Latinoamérica, son personas de carne y hueso que han vivido dignamente.

Laura Estela Carlotto, una de sus hijas, fue secuestrada y desaparecida en Buenos Aires, embarazada, a fines de 1977. Su hijo, Ignacio Guido Montoya recuperó su identidad a los 37 años, en agosto de 2014. Esa abuela de 86 años no cejó en esfuerzos constantes desde la fundación de la institución que preside reconocida internacionalmente, en buscar a los alrededor de 500 nietos secuestrados, de los cuales han recuperado su identidad 119.

Reducir a entelequias las presencias robadas de 30 mil compañeros fue y sigue siendo la cínica maniobra de desnaturalización y de deshumanización de las luchas en nuestro país.