Ciudad de Buenos Aires

Por más Memoria, Verdad y Justicia. Por Néstor y los 30.000 compañeros!

3Si alguien pasaba por Avenida de Mayo y 9 de Julio en horas de la madrugada, no iba a imaginar la cantidad de compañeros que poco después –a las diez de la mañana- estarían reuniéndose a lo largo de la calle Hipólito Yrigoyen para marchar hasta la Plaza de Mayo.

Allí estaban. Trabajadores, secundarios, jóvenes comprometidos. Compañeros de las provincias que viajaron largas horas y recorrieron cientos de kilómetros para estar presentes en una fecha tan importante para los argentinos. Miles de compañeros comprometidos que querían entrar a la histórica plaza del pueblo cantando “¡No nos han vencido!” y encolumnados con las banderas e insignias de la organización con la que día a día ponen en cuerpo en los barrios, colegios, universidades, sindicatos.

La interminable columna de La Cámpora ingresó a la plaza cerca de las tres de la tarde y rápidamente buscaba hacerse lugar en la multitud para permitir que los demás compañeros que aún marchaban por Avenida de Mayo pudieran terminar de entrar.

Vecinos, sobrevivientes, argentinos que en aquel entonces dijeron “Nunca más”, ahora rodeaban a la columna y saludaban con orgullo a la generación del Bicentenario. Escuchaban el canto eufórico de la marcha peronista, que durante ocho años de dictadura fusiladora pasó a ser innombrable. Escuchaban que “somos de la gloriosa juventud peronista”, y se sumaban al grito que en otro tiempo apenas podían murmurar para no ser descubiertos.

Una vez en la plaza, las gigantografías de la famosa tapa de Página 12 en la que Videla declaraba “Nuestro peor momento llegó con los Kirchner” resaltaban entre la multitud, escoltadas por nueve letras gigantes que en el cielo formaban “La Cámpora”. Y el compañero responsable de Derechos Humanos de la organización, nieto recuperado y diputado nacional, Horacio Pietragalla, se subió al escenario y dijo: “Por más que cierto sector político quiera dar marcha atrás con esto, les va a ser imposible, porque cada 24 de marzo se convoca más gente” y destacó especialmente que “la cantidad de jóvenes que se involucran con esta fecha, con los organismos y la memoria, hace que sea muy difícil dar un paso atrás”.

Este 24 de marzo, la consigna consensuada por los organismos y organizaciones que convocaron a la movilización fue “Democracia o corporaciones”. No hay discusión posible. Se está de lado del pueblo, o del lado de las corporaciones. Se lucha por una transformación, o se consiente el orden establecido y el dominio de una minoría. Se profundiza el proyecto político nacional y popular en cada rincón de la Argentina, o aquellos que consintieron y apoyaron el golpe seguirán operando contra el pueblo desde los espacios de poder que obtuvieron con la represión y el terrorismo de Estado.

Y por eso ayer vimos treinta mil compañeros en todas partes. Porque vimos con vida y más presentes que nunca a los militantes que fueron desaparecidos, torturados y asesinados. Y porque vimos otros treinta mil, o muchos más, que no olvidan, no perdonan y no se reconcilian. Otros treinta mil que vuelven a poner el cuerpo por una transformación, y que fueron convocados por Néstor y Cristina a esa Plaza del pueblo.

Cerca de las siete de la tarde y ya en el segundo acto, en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex Esma), la presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, encabezó la inauguración de la Casa de la Identidad de las Abuelas asegurando que “la democracia debe ser defendida con uñas y dientes”. Y agregó “no nos van a doblegar”, rodeada de otras abuelas, madres, hijos y compañeros que sobrevivieron al encierro y la tortura.

Por su parte, el compañero Juan Cabandié, miembro de la mesa nacional de La Cámpora, diputado nacional y nieto recuperado que participó de la apertura de las puertas de la ex Esma, hace diez años junto a Néstor Kirchner, reivindicó la lucha de los organismos de derechos humanos y recordó ese momento hace una década como “un hito en la búsqueda por la identidad”. Y Tati Almeyda, referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, celebró que en un lugar que estuvo lleno de oscuridad y muerte, “hoy se celebre la vida”.

Para cerrar el acto en la ex Esma, el compañero Carlos “Chino” Zannini, se dirigió a los presentes asegurando que “el proceso cívico militar que protagonizó la más negra noche de la Argentina destruyó muchas cosas, pero no pudo destruir nuestro amor por la patria”.

“Bienvenida ser la disputa por la bandera de los Derechos Humanos, que es el centro de nuestra acción. El verdaderos triunfo de Néstor será si los partidos políticos levantan esa bandera para que esta batalla no termine acá”, concluyó.

Una década atrás, Néstor entraba en ese mismo edificio para bajar los cuadros y abrir de par en par los portones de la ex Esma. Pidió perdón en nombre del Estado, e inauguró una etapa histórica no sólo para la democracia argentina sino para toda la humanidad. Nunca había habido un proceso tan significativo de juzgamiento a los genocidas por parte de los tribunales de su propio país, y nunca el Estado había tomado la política de impulsarlos.

Pero eso fue sólo el principio. Néstor sentó las bases para que se reabrieran los juicios y avanzaran día a día, pero también identificó a las corporaciones y a los cómplices civiles de la dictadura que ahora definimos como “cívico militar”. Por eso hoy el desafío es hacer justicia con ellos, y por eso desde el Estado se investigó la apropiación ilegal de Papel Prensa por parte de Magnetto y Noble y se llevó a la justicia. Por eso también hoy están en el banquillo de los acusados los directivos de Ford, Mercedes Benz, Ledesma, Acindar, y otras tantas compañías que hasta llegaron a poner toda su estructura al servicio del terror.

Néstor entendió que los derechos humanos debían ser que ni un solo pibe anduviera en la calle pidiendo monedas para poder comer, y supo que no habría derechos humanos hasta que no hubiera trabajo y dignidad. Por eso fundó un proyecto que hoy profundiza Cristina en donde las banderas son las de la ampliación de derechos: las del matrimonio igualitario, la igualdad de género, la de los pibes que pueden estudiar gracias a la asignación, al programa Progresar, y a todas las herramientas que el Estado pone a disposición de su presente y su futuro.

A treinta años de la recuperación de la democracia, hoy la juventud marcha con la alegría de haber vuelto a creer en la política como herramienta de transformación. Marcha con el orgullo de exhibir sus banderas y de cantar bien fuerte sabiendo que ése es su derecho y que debe ejercerlo. Marcha por las calles que otrora estaban vedadas al pueblo mismo, y llena de vida esa plaza en la que la que hace apenas doce años sólo se respiraba represión. Hace poco más de treinta años, a los jóvenes comprometidos con la política y la militancia el Estado los perseguía, secuestraba, torturaba y asesinaba. Hoy el Estado los abraza, los promueve, los impulsa para seguir transformando la patria en pos de la justicia social y de la felicidad del pueblo.