Patria Grande

8vo aniversario “No al ALCA”

No a Bush“Esperamos que estas jornadas de trabajo nos sirvan para representar mejor a nuestros pueblos, que los presidentes tengamos todo el coraje que la hora y el tiempo indican, que tengamos la fuerza y la fortaleza de plantear nuestra verdad relativa, que tengamos también la capacidad de escuchar al otro y de buscar en la verdad relativa de uno y del otro esa verdad que nos pueda sintetizar en la construcción de los nuevos tiempos que deseamos. Pero hay que hablar claro, tenemos que decir lo que pensamos.

Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, nuestras democracias, ya no soportan más que sigamos hablando en voz baja; es fundamental hablar con mucho respeto y en voz alta, para construir un sistema que nos vuelva a contener a todos en un marco de igualdad y nos vuelva a devolver la esperanza y la posibilidad de construir obviamente un mundo distinto y una región que esté a la altura de las circunstancias que sé que los presidentes desean y quieren”

Palabras del presidente Néstor C. Kirchner en la inauguración de la IV Cumbre de las Américas, el 4 de noviembre de 2005 en Mar del Plata.

Como toda gesta histórica, como la independencia en el siglo XIX, como los procesos de liberación nacional en el siglo XX, el cambio de época que vive la Patria Grande en el siglo XXI fue construyendo sus hitos fundantes. Entre ellos, el No al ALCA es uno de los más resonantes.

No es que la construcción de un proyecto de integración soberano comenzó entonces, de hecho el Consenso de Buenos Aires, acordado por Lula y Kirchner  en 2003 expresaba una línea estratégica que puede seguirse hasta hoy. Se trataba, parafraseando al propio Néstor en su discurso de asunción como presidente, de no dejar las convicciones  en la puerta de la Cumbre de las Américas. Y no solamente mantuvo sus convicciones sino que además fue capaz de articular una estrategia colectiva para transformar los principios que declaraba en la apertura de la Cumbre en acción política efectiva.

Así lo contó Hugo Chávez, evocando a Néstor.

“Era Néstor un buen conspirador. Estábamos en Mar del Plata, el plan era enterrar el ALCA. Éramos un grupito como mosqueteros, como tres mosqueteros contra un batallón. Al batallón aquel que venía lo dirigía George Bush. Y nosotros éramos tres, cuatro… no pasábamos de cinco. Es decir, Néstor, Lula, Tabaré, el paraguayo Nicanor apoyando allí y yo. Teníamos que parar el ALCA y enterrarlo en Mar del Plata, y la batalla fue muy dura, 8 horas de batalla. Hay un momento en que Néstor me dice “Hugo, ven acá cuando yo necesite que alguien hable. Vamos a derrotar a esta gente por cansancio”. “Vamos” le digo, “de aquí no nos vamos hasta que no los derrotemos al Bush y su gente” que eran casi todos los presidentes menos nosotros. Entonces me dice “Cuando yo necesite, tú hablas y hablas y hablas sin que pidas la palabra”. “Trato hecho” le dije y me dio la palabra como tres veces: “Tiene la palabra el presidente de Venezuela”. Y yo hablo y hablo media hora, una hora… cuando yo hablaba Bush se paraba, no le gustaba oírme a mí. Y así fue que los fuimos cansando y los derrotamos. Era un buen conspirador, era un gran patriota”.

Se trataba, además de un problema de convicciones, en un problema de acción política, en la implementación de una decisión de efectos prácticos inmediatos que afectaría la vida de millones de latinoamericanos: el modelo de librecomercio representado por el ALCA sería contraproducente para la búsqueda de reindustrialización y alejamiento de los organismos internacionales de crédito que habían iniciado para ese entonces.

La Cumbre de Mar del Plata del 2005 contó con la decisión de los presidentes como hecho saliente, pero fue posible porque antes se había puesto en marcha un proceso de quiebre histórico, en el que se puso fin a un período de décadas de políticas neoliberales, con desindustrialización, retracción del Estado y crisis social con niveles altísimos de desocupación, pobreza e indigencia. El acto popular luego de la Cumbre,  en ese estadio copado por los movimientos sociales marcaba el nuevo sendero del proceso político y social. Luego de una década en el que las diversas rebeliones populares como el “Caracazo” en 1989, las luchas por el agua y el gas en Bolivia, el “Argentinazo” de 2001 o las sucesivas “Contra cumbres”, organizadas para denunciar la política de entrega de los gobiernos neoliberales, se abría una nueva etapa en la que los pueblos podían mirar a los ojos a sus gobernantes como parte de un mismo proyecto e identificarse a partir de la práctica misma de la política como herramienta de transformación de la realidad.

A 8 años del NO al ALCA, debemos destacar que los hitos históricos de este cambio de época no son meras fechas en el calendario que debemos recordar. El nuevo rumbo del MERCOSUR, la creación de la UNASUR y la CELAC, que hubieran sido imposibles sin el NO al ALCA, son proyectos cuya consolidación requiere un compromiso cotidiano y militante para superar las nuevas estrategias del imperio hacia la región y para fortalecer esa acción colectiva de compañerismo y convicción que tuvieron nuestros presidentes.

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