Opinión

Algo de ruido, pocas nueces

nueces* Por Hernán Brienza

Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) dieron un primer veredicto de cómo están las cosas en el humor político y social de los argentinos a lo largo y ancho del país. Pero no hay que perder de vista que no son más que eso: elecciones internas para que los partidos puedan seleccionar a sus dirigentes. Como en algunos casos las organizaciones políticas no presentaron varios candidatos, en términos virtuales estos comicios funcionaron como una gran encuesta nacional. Es decir, los resultados de anoche no tienen ningún peso específico en términos políticos. Lo que sí tienen, en cambio, es un fuerte peso simbólico.

El dato más importante de la elección de ayer es el resultado en el ámbito nacional: una vez más, el Frente para la Victoria demostró que es la única fuerza con un tendido sólido en todas las provincias. Si bien descendió su caudal de votos, dejó en claro que pase lo que pase en los próximos años, la única articulación con diputados, senadores y estructura partidaria propia es la que lidera la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Con los resultados simulados de ayer, en las próximas elecciones ejecutivas –que tienden a la polarización– el FPV sería protagonista indiscutible de una posible contienda en el 2015.

En una primera instancia, en los ámbitos provinciales, aparecen como ganadores obvios el propio Sergio Massa –acompañado en el bunker por demasiados personajes duhaldistas como Miguel Ángel Toma, Juan José Álvarez y el propio Eduardo Amadeo– en la provincia de Buenos Aires, Elisa Carrió en Capital Federal –poniendo en serio riesgo la hegemonía de Mauricio Macri y el PRO– y el extraño fenómeno de Julio César Cobos en Mendoza, quien después de haber sido expulsado de por vida de la Unión Cívica Radical, lideró su provincia. Unas palabras aparte merece Sergio Uribarri, gobernador de Entre Ríos que duplicó en votos a su escolta.

Respecto del importante descenso de caudal de votos del Frente para la Victoria respecto de 2011 es un error de principiante hacer esa comparación. Por una sencilla razón: las elecciones por cargos ejecutivos donde hay un premio único con un solo ganador tienden a la polarización y al voto útil; las legislativas tienden a diseminar el voto en distintos candidatos por afinidades, por humor social y por el mito del “límite” al poder al Ejecutivo. La correcta comparación sería con las elecciones de 2009 y deberá hacerse con los resultados finales de las elecciones de octubre.

Otro dato interesante es la constitución del panradicalismo como segunda fuerza nacional. Por primera vez después del desastre de 2001, la UCR logró reposicionarse como agrupación capaz de contener una estructura partidaria con intendentes, legisladores, concejales desde CABA hasta Mendoza. ¿Es posible volver a un sistema bipartidista en la Argentina? La contracara fue la construcción del PRO, cuyo candidato santafesino Miguel del Sel perdió gran caudal de votos y en Córdoba no pudo generar demasiado entusiasmo.

Por último, un dato sensible: la poca importancia en términos de acumulación política real de estas elecciones queda demostrada en que si hubieran sido las definitivas, el kirchnerismo no hubiera perdido su mayoría en el Congreso. Algo de ruido, es cierto, pero pocas nueces.

En Infonews.com