Opinión

La Cámpora, esa obsesión de Clarín y el pejotismo

* por Roberto Caballero

La derecha argentina quiere ver en el Papa Francisco un instrumento para su batalla política y cultural contra el kirchnerismo. En definitiva, un Sumo Pontífice que intervenga en los asuntos domésticos con la agenda catastrófica de Clarín y La Nación, que de alguna manera reedite la pelea fraticida de los ’70. Es una mirada chiquita, que habla de la pobreza de ideas de este subgrupo ideológico, pero no de la saludable pobreza franciscana que promueve el nuevo Papa. A ver: no pudieron lograrlo del todo cuando Jorge Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires, es raro que ahora tengan algún éxito extra, cuando este mismo asoma con preocupación al gobierno espiritual de 1200 millones de almas, desde un Estado que atraviesa una gravísima crisis interna donde el destino de la derecha argentina debe resultarle, a todas luces, lejana; y, por qué no decirlo, bastante insignificante.

Pero ellos insisten, claro. El Papa es un símbolo. Clarín regala un póster del flamante Francisco con el logo del grupo de Héctor Magnetto y se entrega a una cobertura donde todos los atributos morales del argentino en Roma son contrastados con las presuntas carencias en idéntico rubro del poder democrático en la Argentina. Escribió Eduardo van der Kooy, el panoramista de Clarín , el domingo 17: “Bodou sería una contracara del Papa. Francisco cautiva por ahora con muy poco, su austeridad y su sencillez. Eso denunciaría la envergadura de la crisis vaticana. Denunciaría, además, la enorme distancia de valores que lo separaría del gobierno de Cristina.”
Pero el “joven brillante” Van der Kooy, distinguido en 1977 por el dictador Videla –que volvió a llamar al golpe la semana pasada desde la revista Cambio 16–, no se queda ahí. En la misma columna, con la supuesta bendición papal, es decir, de un Bergoglio prefabricado por Clarín que jugaría del lado de los mercaderes del templo, arremete inquisitorialmente contra uno de los brazos juveniles del kirchnerismo, La Cámpora, a la que pone del lado del pecado de la violencia: “La policía de Santa Cruz interceptó una camioneta de la UOCRA con armas, droga y combustible. El gremio está asociado en esa provincia con el camporismo en el intento de derribar a Daniel Peralta. La presidenta ha roto con el gobernador. Aquellas armas tenían la legalización del RENAR. El organismo está conducido por La Cámpora. Las denuncias del pirquetero Raúl Castells y del diputado de la Coalición Cívica, Héctor Flores, sobre una entrega discriminada de armas empezaría a tener asidero.” Todo en el mismo texto. Cosas por el estilo decía, allá por los ’80, la revista de ultraderecha Cabildo sobre la Junta Coordinadora Nacional de la Juventud Radical, aunque con la complicidad de la cúpula clerical de aquel momento, que había apoyado el genocidio y combatía al alfonsinismo. La derecha siempre tuvo prejuicios con los jóvenes, más allá de su militancia partidaria. En los ’70, en los ’80, y ahora mismo sucede, quizá porque la juventud siempre fue el motor del cambio que el viejo orden conservador rechaza, en cualquier tiempo.

Decir alegremente que una organización política juvenil se estaría armando es sacarla del campo de juego de las instituciones de la democracia. Es gravísimo por donde se lo mire. Es el antecedente previo a calificarla de subversiva. En una perspectiva histórica nacional, la estigmatización es el paso previo a la supresión del que incomoda o amenaza. La demasía de Van der Kooy contribuye a ese fin. Darle “asidero” a algo que sería muy grave sin poder confirmarlo –y que quizá por eso mismo no está en la tapa de su diario, porque si fuera verdad ocuparía ese lugar indiscutido–, es el inicio de una operación de sentido de envergadura que pretende vincular a los jóvenes kirchneristas con lo oscuro, lo pecaminoso y lo peligroso. Y todo, desde un texto moralmente hilvanado con la figura del Papa Francisco, que derramaría sus muchas virtudes hacia el cronista opinante, que detesta al kirchnerismo y a La Cámpora.

Pero no es el único caso donde se usa al Papa para atacar al kirchnerismo juvenil. Curiosamente y no tanto, en fina sintonía con el Clarín de Magnetto y Van der Kooy, los diarios Tiempo Sur y La Opinión Austral, de Santa Cruz, publicaron una solicitada en apoyo al gobernador Peralta, donde se acusa a los jóvenes, bajo el título “Ser peronista”, de no ser peronistas, y se los amenaza con un “escarmiento”. Dice así: “Compañeros, en épocas de internas partidarias sale a relucir el famoso dicho de quién tiene el PERONOMETRO, como si existiera un aparato que mide el nivel de Peronismo de cada compañero. Pero sí existen sentimientos y posicionamientos políticos que miden nuestro Peronismo, como por ejemplo: 1) Demostrar alegría por la designación del argentino Jorge Bergoglio como Papa, porque la doctrina justicialista fue inspirada en la Doctrina Social de la iglesia, por lo que aseguramos que NO ES DE PERONISTAS provocar una silbatina en su contra como hicieron en Tecnópolis los estúpidos de La Cámpora seguro atemorizados por su inspiración en San Francisco de Asís, que decidió entregarse al apostolado y servir a los pobres, despojándose de toda riqueza heredada de su padre. Mientras ellos atesoran riquezas con cargos públicos.” Lo podría haber escrito cualquiera de los columnistas de Clarín o de Jorge Fontevecchia, en Perfil. Pero no. Fue una lista que apoya a Peralta, el gobernador, que usa los mismos argumentos que los diarios hegemónicos se ocupan en inocular dentro del discurso público, para neutralizar el reencuentro de los jóvenes con la política, hecho que al viejo funcionariado le suena a herejía.

El tufillo macartista es cristalino. Recuerda las peores solicitadas de las 62 Organizaciones y de la JPRA de los ’70 contra la Juventud Peronista, semilla retórica de lo que después se convirtió en acción criminal concreta de la Triple A. Es una solicitada de la Lista Celeste 2 del PJ santacruceño, cuyos integrantes dicen abjurar del “peronómetro” para resucitarlo luego en formato lopezrreguista contra el kirchnerismo que cuestiona los desaguisados administrativos de Peralta, que hoy hace crisis por los cuatro costados. Sigue la solicitada: “Demuestren que son Peronistas para participar de la interna del 31 de Marzo, con la aprobación de Leyes que beneficien a los Santacruceños y no repartiendo remeras, guardapolvos, banderitas y globos, o si no váyanse con dignidad del PJ, a La Cámpora, Kolina, Partido de la Victoria, FVS, Unidos y Organizados, Movimiento Evita, váyanse con D’Elía, Depetri, Pérsico, Milagro Sala, etc., como ya lo hicieron en otras Provincias (Ej. Bs. As.) y no pretender jugar a dos puntas porque el Pueblo Peronista ‘cuando agota su paciencia, hace tronar el escarmiento’. J.D.P.”

Usar a Perón y al Papa Francisco para dirimir una interna partidaria en el sur del sur del mundo ya es un despropósito. La amenaza de hacer “tronar el escarmiento” habla más de la alucinación política de los castigadores que de los destinatarios del presunto castigo. No es tanto lo profano de introducir en los pleitos domésticos al nuevo Papa, o de aferrarse a la autoridad celestial de Perón para decir quién es o deja de ser peronista –lógica que atrasa 40 años y dejó cicatrices por doquier–, lo preocupante en todo este caso es la derechización histérica del antikircherismo, que bordea las prácticas fascistas en su ataque a los jóvenes. Da igual que sea desde las solicitadas extemporáneas del pejotismo herido o desde las editoriales del Clarín de Magnetto. Son casi lo mismo. En ambos casos, está hablando la Argentina que no quiere que nada cambie.

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