Ellos Dicen

No se burlen de Clarín

Qué lejos quedaron los tiempos en los que Clarín se preocupaba en cuidar si quiera algunas formas para disimular sus oscuras ambiciones.

En la dictadura, mientras los militares asesinaban y y torturaban a miles de militantes no condenaban esa violencia pero por lo menos se encargaron de quemarle la cabeza a todos los argentinos con “el peligro de la violencia subversiva”.

Años más tarde, cuando ya no estaban los milicos para ser cómplices de sus negociados, instalaron aunque sea la “teoría de los dos demonios” y empezó a condenar con un dedito acusador la violencia de ambos bandos: la de la guerrilla y la de los militares que la combatieron con “métodos un tanto exagerados”.

En los noventa, la violencia de la que se preocupaba Clarín no era la de la policía que reprimía a su propio pueblo pero sí se quejaba amargamente de la de los piqueteros y la de la juventud perdida.

Hoy, Clarín no solo ya no condena la violencia sino que la festeja.

En una nota en la que habla de un discurso de Cristina sobre la recuperación nacional de la producción petrolera le dedica cuatro de nueve párrafos a burlarse de que “antes de llegar al acto, la presidenta se quedó sin “los pibes para la revolución”. Hubo un fuerte encontronazo entre jóvenes militantes de La Cámpora y trabajadores de los Petroleros Privados”.

Ese tonito de sorna y alegría que se le escapa al Magnetto boy de turno es lo que realmente piensa el monopolio de la democracia y de los que quieren participar activamente de ella para transformar la sociedad.

Magnetto y su complejo mediático, en realidad, festejó disimuladamente cada tortura en la dictadura y cada represión a quienes protestaban contra los ajustes de los noventa. Por una simple razón: era la contracara del modelo económico que desde sus páginas y desde las reuniones secretas que tenían en oscuros despachos con los gobernantes de turno nos imponían al conjunto de los argentinos.

Hoy las cosas cambiaron. El gobierno de los cuarenta millones de argentinos ya no responde a las corporaciones sino a los intereses nacionales, entre los que se encuentran la redistribución de la riqueza, la democratización de la palabra y la igualdad de oportunidades en un marco de profunda paz.

Aunque a Clarín no le guste la paz y aunque se burle de ella.

Derechos Humanos

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marcha la plata
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