Opinión

Es Ella

* por Juan Cabandié

Tuve el privilegio de conocer a Néstor, de compartir momentos inolvidables, de jugar a la pelota con él, de aprender de él; aunque estoy seguro que aprendí mucho menos de lo que Néstor me enseño. No me equivoco al decir que tuve el privilegio de vivir durante la Argentina de Néstor Kirchner, durante la preponderancia política y mirada humanista de Néstor Kirchner. No nos equivocamos al decir que conocimos (en plural)a Néstor, porque su legado, sus convicciones, sus principios, su sensibilidad popular y su inquebrantable vocación transformadora, es patrimonio del conjunto, del colectivo generacional que resistió los noventa, de los de la resistencia, de la izquierda nacional y popular, de los que nacimos a la política con él y del colectivo generacional que había perdido las esperanzas, los que estaban desanimados, los que no pudieron permeabilizarse con la destructiva cultura noventista y neo conservadora, que gano espacio luego de la crisis del petróleo a mediados de la década del setenta en occidente, y que hizo pie en la argentina, de forma contundente.

Durante la campaña presidencial que se desarrollaba durante el año 2002, vi una entrevista donde le preguntaban a Néstor acerca de la adopción de niños por parejas del mismo sexo. El aquel entonces candidato que no superaba los 4 puntos en las encuestas,respondió con sorprendente soltura. “Si los adoptantes le van a dar amor, ¿qué problema hay?”. Ocho años después, se sancionaba la ley de matrimonio igualitario. En ese entonces, me generó real sorpresa la respuesta de un candidato al que veía tímidamente como una opción valida, pero que sabia que no gozaba de grandes chances. Por aquel entonces, la opción era contra el ya viejo noventismo, pero que no terminaba de morir políticamente. Bajo ese endeble concepto me inmiscuí en el apoyo, como un simple adherente a la posibilidad del patagónico Presidente. Luego vi con mucha alegría la asunción de 2003 y escuche con gran atención el discurso inaugural. Néstor hablaba de que era hijo de las madres y las abuelas, de la generación diezmada, de una Argentina normal. Se veía en el congreso a presidentes que por esos años, uno no acostumbraba a ver por estas tierras. Chavez, Fidel, Lula. También creí ver a Estela de Carlotto muy cerca de la familia del flamante Presidente; y fue mucha la sorpresa de que la Abuela a la que yo había acudido pocos meses antes para conocer mi identidad, que hasta esemomento no tenía, era solamente una firme sospecha; este en ese lugar. Lo anecdótico fue descubrir meses mas tarde, teniendo mi identidad; que no se trataba de Estela, a pesar de la similitud de sus cabellos, sino de la madre de Cristina, Ofelia.

Las primeras palabras con Néstor, fue a instancias de una reunión en el despacho presidencial luego del acto de la ex Esma, a la que asistimos con Abuelas, Madres y Nietos. Néstor, parado en la puerta de su despacho, recibía y saludaba a cada uno de los invitados. Me toco entrar último, y Néstor me dijo, “Alicia (Kirchner) me hablo muy bien de vos”. No fue una gran definición política, no fueron palabras de una tremenda épica para plasmar en un libro, pero para mi fueron palabras de amor, de protección, de cuidado. Eso es lo que sentí todas las veces que estuve con Néstor.

Durante los largos días de búsqueda de mi identidad, durante el 2003, tuve un temeroso llamado de alguien al que no veía ni hablaba hacia siete años, el apropiador. Esta persona, sabia que yo estaba con dudas sobre mi origen. Especulo y quiso intervenir o interrumpir el camino de la verdad. Me pregunto quien sabia de mis dudas. Con temor pero con absoluta firmeza, le espeté, elevando la voz. “lo saben Estela de Carlotto yNéstor Kirchner”. Yo no conocía al Presidente y él a mí tampoco, pero fue una mentira piadosa para cubrirme. Necesitaba la protección de alguien, ante la impunidad del aparato y maquina del mal que tanto daño causo a nuestro pueblo. No me equivoqué,Néstor me cuido. Y lo sigue haciendo …

Tengo el privilegio de haber tenido una relación intensa con Néstor, pero que no deja afuera a ninguno de nuestra generación, hayan hablado con él, o no. El fue mucho más que una gran referencia, fue nuestro protector, el padre de todos nosotros. Desde el recuerdo, la emoción y la memoria, me atribuyo que fui como un hijo para Néstor, y  con mayor firmeza aseguro que Néstor fue el papa que nunca pude tener. Varias veces repitió en mi presencia que mis papás tenían 17 y 19 años respectivamente. Lo hacia para caracterizar las atrocidades cometidas por la sangrienta dictadura, lo hizo para explicarle a un funcionario despistado lo que significó esa época. Aunque también creo que lo hacia para decirme entre líneas, “Juan, Cristina y yo los vamos a cuidar”. Así fue con Néstor, y así es en la actualidad con Cristina.

A dos años del 27 de octubre, podemos aseverar que ese día, paso la inmortalidad, como así sucede con los grandes de la historia. Esta idea no pretende ser usada mecánicamente conformando un discurso de repetición permanente y constante, llegando al estatus de frases hechas y comúnmente utilizadas ante hechos similares. Por lo contrario, creo con ímpetu, que las ideas superan a las personas, que los ejemplos, los hechos concretos y las acciones perduran, se eternizan en los pueblos, cuando se les hace bien. La pasión de Néstor por la política transformadora y su vocación de cambio, hizo que las acciones, método e ideas de Néstor, lo superen a él mismo. Esa es parte de la explicación que da entendimiento al por qué miles y miles de jóvenes de distintos puntos del país, nacen al interés político a instancias de Néstor y Cristina. No alcanzarán los sociólogos ni los especialistas en juventud para algo tan simple y tan olvidado por el sistema político decadente durante varias décadas. Néstor fue trasgresor, con todas las letras. Fue el más trasgresor de todos. Los jóvenes son el grupo etareo mas combativo a las injusticias. Los jóvenes son los más permeables a los cambios, los menos atados a los compromisos preexistentes de negociaciones dudosas donde se bajan las convicciones y los principios, como se baja de una escalera. Néstor creía como Thomas Kuhm, que para que cambien los paradigmas establecidos, había que revolucionar, generar cambio, transformar. Néstor fue joven, fue trasgresor, fue revolucionario para nuestra época y apunto con su mira al horizonte, diciendo que”Cambio es el nombre del futuro”.

Entrada la madrugada de una noche de invierno de 2010, luego de una sobre mesa, con algunos compañeros de La Cámpora, pudimos escuchar de su boca una promesa autocumplida en la actualidad. Néstor dijo que no quería ser el último de lo viejo, sino, el primero de lo nuevo. Son muchas las veces que pienso acerca de la felicidad que debe tener, de ver las acciones transformadoras de Cristina, sus debates, su tarea ejemplar. Son muchas las veces que pienso que nosotros, estamos cumpliendo ese legado de lo nuevo, que él decía. De algo estoy muy orgulloso, colectivamente, estamos cumpliendo con la tarea encomendada, lo que antes hacia Él. Estamos cuidando a Cristina.

Es ella, es ella …, decía infinidad de veces. Lo sabía desde hace muchos años. Era ella, la del 55%, la de YPF, la de la ley de medios, la del matrimonio igualitario, la del código civil y penal, la de la ley del peón Rural, la de la ley de tierras, la que va a liberar nuestra Patria. Indiscutiblemente, Néstor tenía razón. Es Ella.

Gracias Néstor, Fuerza Cristina.

Patria Grande

La sesión se efectúo en San Salvador, estuvo presente el Parlamentario del Mercosur por la provincia de Santa Fe, Diego Mansilla, quién a además tiene a su cargo la presidencia de la Comisión de Asuntos Económicos dentro de la Asamblea Parlamentaria Euro Latinoamericana.

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