Opinión

Verbitsky versus los fundamentalistas de la Condesa de Chikoff

*Por Horacio Verbitsky

El lunes y el martes, de la mañana a la noche, más de ochenta invitados de catorce países latinoamericanos debatieron en la Facultad de Derecho de la UBA acerca de la situación de las defensoras y los defensores de los Derechos Humanos en Latinoamérica. Organizadas por el CELS, con el apoyo de la Facultad y del gobierno federal de Alemania, estas jornadas de reflexión pasaron revista a los problemas que enfrentan en las nuevas democracias de la región quienes se ocupan del acceso a la tierra, de los derechos de las mujeres, de las comunidades originarias o aborígenes, de los núcleos urbanos más vulnerables, de la seguridad ciudadana y la violencia institucional, de la criminalización de la protesta social, de las desapariciones que siguen ocurriendo en varios países y la tortura, que no ha sido desarraigada en muchos, de quienes resisten el avance sobre su hábitat y su modo de vida de grandes emprendimientos productivos que los arrinconan en los márgenes de la sociedad. Esto se complementará hoy en el hotel NH Crillón con una jornada de discusión y trabajo sobre las perspectivas de fortalecimiento del Sistema Interamericano de Defensa de los Derechos Humanos, de la que participarán Fabio Balestro Floriano, director del Departamento de Cooperación Internacional de la Secretaría de Derechos Humanos de Brasil; el secretario ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas del Mercosur, Víctor Abramovich; el ex canciller argentino Jorge Taiana, el miembro mexicano de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, José de Jesús Orozco Henríquez, y su actual secretario, Santiago Cantón.

Al salir de uno de los paneles el lunes, contesté las preguntas de varios periodistas sobre la significación del encuentro, que procura completar un diagnóstico regional y formular propuestas. Una cronista cambió de tema y me preguntó qué opinaba sobre la presencia del vicepresidente Julio Cobos en la Asamblea Legislativa del próximo sábado. Como no hay asunto que me produzca mayor indiferencia, rehusé el diálogo con un chiste, repitiendo los cánticos que se escuchan en las calles y, ante la insistencia de la colega, me negué a cualquier análisis político sobre la intrascendente cuestión. Fueron unos pocos segundos. Pero ayer el diario La Nación lo ubicó como el ¡tema político más visto del día! y entrevistó a los restos del Grupo Ahhh… para que hicieran gala de cuán civiles, educados, cultos y respetuosos son. La diputada por el arco iris Patricia Bullrich opinó que mi humorada era violenta y buscaba generar un enfrentamiento social. Su compañera de bancada Graciela Camaño dijo que era una inmoralidad y una grosería. También se sumaron sus compañeros de bloque Ernesto Sanz (debería respetarse de una vez por todas “la situación de Cobos y su rol institucional”) y Ricardo Gil Lavedra (mis dichos “revelan un deterioro de la cultura cívica”). Para su compañero de bancada Federico Pinedo, reverdece en mí una vieja intolerancia.

Bueno, muchach@s, ya se descargaron. Como queda en claro que desde octubre han perdido el sentido del humor, si lo prefieren hablemos en serio. Comenzando por el aséptico, neutral y profesional diario La Nación, que hace ocho años intimó a Néstor Kirchner a adoptar su pliego de condiciones políticas, económicas, internacionales, judiciales y de seguridad, y como no lo consiguió anunció en primera plana antes de que asumiera que su gobierno no duraría más de un año. Ahora no se molestó en cubrir el más importante encuentro regional de defensoras y defensores de los Derechos Humanos convocado en muchos años, en el que también se analizaron los cambios políticos en la región y en los sistemas de protección de esos derechos, pero armó una tormenta en un vaso de agua sobre una nimiedad. Sigamos por la diputada Bullrich, quien como ministra de Trabajo en el gabinete Banelco firmó la rebaja del 13 por ciento de las jubilaciones y sueldos estatales y hoy se alarma por los conflictos que podría provocar en la sociedad mi cándida puteada a Cobos. Y por la diputada Camaño, quien convive con el nuevo rico que con mayor desenfado justificó la corrupción.

Creo que no hace falta recordar que es la misma que sorprendió a un colega por la espalda mientras hablaba en la sesión y lo trompeó en el rostro porque no le gustó que le recordara el apellido de su cómplice. La tolerancia de su compañero de bloque Pinedo quedó a la vista cuando su jefe político, Maurizio Macri, dijo que para subir al tren del poder iban a “tirar por la ventana a Néstor Kirchner porque no lo aguantamos más”. ¿Y qué decir de los radicales, siempre tan serios y correctos en el vestir y en el hablar, cuya último mandato cumplido ocurrió en 1928? Recién repuestos de la Convención Nacional se limpian la ricota de la solapa y reclaman respeto por la investidura que Cobos deshonró. No pierden el tono engolado con que el mendocino Sanz opinó que la Asignación Universal por Hijo se iba “por la canaleta del juego y la droga”.

Lástima que mi querido amigo Gil Lavedra, que tiene su Ravignani bien leído y que fue coautor de la reforma de 1994, no se haya acordado de la cultura cívica cuando el vicepresidente tergiversó el privilegio de desempatar a favor del Poder Ejecutivo que integra y en una situación crucial votó en contra, sin animarse siquiera a decirlo con claridad. Me hubiera gustado escucharle alguna opinión sobre la constitucionalidad de ese voto, no emitido por un legislador que responde a sus convicciones, sino por el representante del Ejecutivo en el Congreso. Y terminemos con el propio maratonista, que se enorgullece de cruzar la meta final, sin mirar cómo llegó a ella. En la larga lista de indignidades republicanas, este tránsfuga serial no tiene competidores serios. Luego de vaciar al cargo del principal sentido que le atribuyó la Constitución, sólo se preocupa por las formas de la ceremonia del adiós y pide la madurez y el respeto que no tuvo cuando debía defender a las instituciones del atropello de los poderes fácticos que desabastecieron a las ciudades, rodearon el Congreso y amenazaron a los representantes del pueblo. La Sociedad Rural debería autocriticarse junto con Cobos por haber impedido que se aprobara un impuesto razonable, con el que hoy las exportaciones de cereales pagarían una alícuota menor. Se comprende que sus correligionarios festejen que deje el cargo a la hora señalada, sin hiperinflación ni sangre joven en las calles. Pero todos tenemos cosas más importantes que ocuparnos de este triste personaje, de regreso a la insignificancia que le corresponde.

 

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