Noticias

Dónde va la gente cuando llueve

Francisco Solano López falleció este viernes y a las pocas horas una tormenta de hierro azotó Buenos Aires. Su memoria no nos permite ahora un regodeo frugal por la prosopopeya: cualquiera que haya disfrutado de su obra, sabe que en sus trazos los cielos nunca lloraban.

Solano López fue un artista más obsesionado con la verdad que con la metáfora simple: como el homónimo mariscal paraguayo del que descendía, Solano López fue un guerrero del dibujo y para él los marcianos eran marcianos y la devastación una visión de lo que la realidad también podía llegar a ser. Y en esa sutileza se explica la importancia que tuvo su trabajo en la cultura argentina contemporánea: menos que una historieta de ciencia ficción, El Eternauta, su obra más famosa, fue el cristal donde se dibujaron los sueños y pesadillas de una nación arrasada por sus símbolos.

Como dibujante, Solano López quedará en la historia como una de las plumas más notables de la Argentina. No sólo por El Eternauta, esa historieta escrita por Héctor Oesterheld que fue un éxito rotundo a fines de los cincuenta y que regresaría justo en 1976 -previo ingreso de Oesterheld a Montoneros-, para encabezar la resistencia humana ante un invasor que no había bajado del cielo sino que llevaba ya varias décadas viviendo entre nosotros. Allí están también Ministerio y Evaristo, dos extraordinarias pruebas del talento de Solano López para trazar las líneas faciales del poder y la voluntad. Desde sus inicios, en 1953, Solano López prestó su virtuosismo a las más importantes publicaciones de Argentina y el mundo (Rayo Rojo, Misterix, Hora Cero, Skorpio y Nippur Magnum) y dibujó como nadie las fantasías de guionistas de la talla de Roger Plá, Guillermo Saccomano y el propio Oesterheld, entre otros.

Condenada a ser un género “menor”, llegará el momento de señalar que la historieta ya dio sobradas muestras de su capacidad para entregar nuevas obras al histórico y fundacional panteón de la “literatura nacional”. Nunca sabremos si es demasiado tarde o demasiado temprano para arriesgar una hipótesis. Pero al menos en lo que respecta a su capacidad de insuflar de símbolos y mitos la compleja construcción de lo “político”, El Eternauta ya comparte anaquel con las grandes obras de la narración argentina. Y si El Eternauta es el Cantar del Mío Cid de una generación que ingresó a la adultez bajo el cielo negro del apocalipsis, es a Solano López a quien debemos la suerte de haberla representado.

A los 83 años, tras un ACV y un accidente doméstico que el pasado 7 de agosto lo condenó a un coma irreversible, Solano López falleció este viernes a las 4:15 de la madrugada en el Hospital Italiano. Horas después, comenzó la tormenta. Por unos minutos el cielo de Buenos Aires se pareció demasiado a sus dibujos: negro, cargado de nubes, como esos firmamentos árticos donde el día no existe. Nunca sabremos dónde va la gente cuando muere. Pero si Solano López alcanzó a observar esa imagen, suponemos que se habrá quedado tranquilo: él ya la había dibujado mucho antes.

Ciudad de Buenos Aires

En medio del receso legislativo y de espaldas a los porteños y porteñas, el Gobierno de la Ciudad decidió eliminar la protección cautelar del Hospital Muñiz, allanando el camino para avanzar con el proyecto del Complejo Hospitalario Sur.

36530582_914093872110571_7796093295599288320_n
Buenos Aires

En Lomas de Zamora existe desde hace años una comunidad de cartoneros y cartoneras que comenzaron con la actividad como alternativa a una situación económica adversa, allá por el 2001 cuando el gobierno de la Alianza compuesto por funcionarios que hoy nuevamente ocupan cargos nacionales, dejaban al país inmerso en una profunda crisis económica y más de 30 muertos en las calles de la Argentina.

Daniela Vilar, concejala y responsable política de La Cámpora en Lomas de Zamora, junto a recuperadores/as urbanos protagonistas de la nueva ordenanza municipal.