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Claudia Hidalgo

A mi el Proyecto me cambió la vida.

La compañera Claudia nació y creció en un barrio muy humilde de la Capital Federal, el Barrio Rivadavia del Bajo Flores, como ella dice “bien Bajo Flores”.

Y eso, dice también, la marcó para toda la vida: “Cuando se nace en un barrio vulnerable, una crece siendo parte de la desigualdad. De piba sufrís todos los flagelos que trae la pobreza. Entonces desde muy chica la consciencia se despierta y aunque no sabés cómo hacerlo querés que todo sea más justo y más equitativo”.

Desde muy pequeña, vió como su mamá se ponía al hombro el reclamo por la salita de atención primaria que aún hoy funciona en el barrio, y ponía en marcha, junto a otros familiares y vecinos desocupados, el emprendimiento de una cooperativa de trabajo. “Mi vieja siempre fue una luchadora. Viajando por pueblitos perdidos en el medio de la nada se enganchó con los mineros y hasta llegó a militar en el MIR boliviano. Yo mamé de ella la convicción por organizar a los vecinos, por las cloacas del barrio, por un techo para nosotros.”

Durante su adolescencia, dice, hacer política era para ella toda una contradicción: “en un bario tan humilde como en el que yo me crié la política era la de “te doy, me das”, clientelista. Yo iba al comedor con mis hermanos y veía como a las madres de los pibes las hacían fregar, las tenían de esclavas por un plato de comida para sus hijos. He visto muchas veces como le decían a mis amigos y a mis vecinos “Si no subís al micro te saco el Plan”, y así”.

“Por eso cuando conocí a los chicos de Juventud Presente me di cuenta en seguida que esos pibes eran distintos. Descubrí que había una forma de hacer política que no era la que yo conocía, una política en la que yo sí quería participar”.

Un amigo, allá por el 2000, la llevó a un operativo de documentos donde conoció al Canca Gullo. Varios años después, y por una de esas casualidades, a un hombre parado delante de ella se le cayeron unos papeles. Cuando se incorporó para devolvérselos, el Canca la saludó. “Yo no lo podía creer, él se acordaba de mi nombre, de donde venía yo. Me invitó a Huracán, donde iban a hablar los compañeros de Juventud Presente. Ese gesto fue muy importante para mí, y fui”.

“Ese día”, dice y se emociona, “cuando escuché al Cuervo, a Gianni, hablar de la igualdad, del proyecto de país, de la política y la juventud, me di cuenta de que esos pibes decían lo que yo siempre había querido hacer y nunca había sabido cómo”.

Claudia dice que ese fue su “enamoramiento político”. “Fue ver algo que desconocía, pibes tan jóvenes, con tanta energía, me cambió la cabeza. Por primera vez sentí que alguien que venía del mismo palo que yo me hablaba de política y decía cosas que yo pensaba. Ahí pare la oreja, los seguí a la Boca, después no sé a dónde, y ya nunca más me fui”.

El kirchnerismo, dice la compañera, le cambió la vida. Después de dos generaciones de desocupados, Claudia fue la primera en su familia en tener trabajo en blanco: “En el 2004, yo cobraba un Plan Jefes y Jefas, y contraprestaba en una escuela de Lugano. La Directora del Colegio me sugirió que mandara una carta al Ministerio de Educación y pidiera que me dieran el trabajo. Le escribí una carta a Néstor y otra a Ibarra. Y durante un año y medio fui cada 15 días a buscar mi respuesta. La recibí y me dieron el trabajo, me sentí bendecida, y empecé a creer que las cosas estaban cambiando de verdad”.

Desde el 2005, Claudia milita en Parque Avellaneda, donde comenzó sola, con el Centro Comunitario Por Venir. De a poco se fueron sumando compañeros, vecinos del barrio que veían cómo, con la perseverancia de Claudia, el centro iba creciendo y volviéndose parte de la comunidad.

A la vuelta del Centro Comunitario, que hoy es el local de La Cámpora en el barrio, funciona la Cooperativa de Trabajo Acción Argentina, que después de 10 años de trabajo festejó en Diciembre de 2009 su registro y puesta en marcha legal con el reconocimiento del INAES. La cooperativa, nacida en Bajo Flores, emplea hoy a 10 trabajadores que pueden desarrollarse en condiciones dignas, y es el espacio donde los compañeros realizan el emprendimiento de serigrafía de la Organización, donde se pinta una parte de  las remeras y banderas que lucimos orgullosos en cada acto y cada movilización.

Esa experiencia, como mujer y militante, hace que Claudia sostenga que el rol de la mujer en la construcción política es el “de la lucha constante”. A veces, señala, “parecería que la política es para los hombres. Sin embargo, las mujeres tenemos que luchar por ser reconocidas, y animarnos a más. Somos parte fundamental de este proyecto, porque somos tan militantes y luchadoras como cualquier compañero”.

Para ella, el Proyecto Nacional es el modelo de transformación política y social que recuperó un país desvastado, vaciado. Y lo dice sin dudar: “con Néstor y Cristina estamos cambiando la historia”. La Cámpora, dice también, es el futuro. “Los jóvenes tenemos que ser la profundización del cambio. Néstor y Cristina nos están diciendo que nos tenemos que hacer cargo de esta tarea. Que es nuestra lucha.” Asegura: “creo que si bien en algunos lugares estamos aún batallando contra una vieja forma de hacer y de entender la política, La Cámpora es la cuna de esos nuevos dirigente que necesita nuestro país”.

“A mi”, insiste, “el Proyecto me cambió la vida”. “Mis hijos hoy, a pesar que a veces las cosas se ponen medio difíciles, ya no están ni cerca de pasar las cosas que pasé yo. Y eso me llena el alma y me convence más de que vamos en el camino correcto. Quiero que ellos y todos los pibes de los barrios tengan todas las cosas que no pude tener yo. Que puedan estudiar sin preocuparse porque en su familia no hay un peso, que puedan tener su casa. Si tuviera que pensar en qué sueño, sueño con que mis nietos vivan en la patria liberada”.

Y agrega, “Yo soy una agradecida. A este proyecto, a mis compañeros…Es más, puedo decir sin dudar, que yo sé quien soy desde que empecé a militar por este proyecto.” 

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