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Hay que matar a Perón

Hay que matar a Perón”  es un libro del compañero Pedro V. Bevilacqua, historiador que hoy se encuentra trabajando como Sub-Director General del Archivo General de la Nación, y aborda los sangrientos, cobardes y vergonzantes ataques al pueblo ejecutados el 16 de Junio de 1955.

Esto es lo que nos cuenta sobre el libro:
La primera edición fue en ocasión de cumplirse 50 años del hecho, contaba de 500 ejemplares en edición de autor. Apremiados por los tiempos ya que desde un año antes la editorial tenía los originales y se había publicado un libro de otro autor con la tapa que ya habíamos programado y con algunos de los datos que habíamos conseguido, la edición de emergencia, con otra tapa, resulto en un extracto de 215 páginas.

Hoy la lista de las víctimas es más precisa y los datos se han ampliado, gracias en parte a esa primera publicación agotada ya que los testimonios llovieron a nuestro escritorio. Esa edición llegó a los compañeros en presentaciones del libro por todo el mapa, la primera en la Universidad de la Matanza y los últimos libros se dividieron entre los presos Conintes de Córdoba y los compañeros de San Vicente.

Los comentarios de Alejandra Dandan en Página 12, de Francisco Cafiero en la revista Movimiento, el interés por nuestra investigación demostrado por las autoridades interesadas en la dilucidación de los hechos y sobre todo la demanda de los lectores o de los que solo han podido hojearla de prestado,  por otra edición, nos llevó a encarar la reedición corregida y aumentada al doble de la edición anterior y con la bibliografía completa, una muestra de los testimonios y documentos obtenidos y un disco compacto con imágenes de los bombardeos que verá la luz próximamente.

A continuación presentamos la reseña de la obra. Una herramienta para un país con memoria, verdad y justicia:

El 16 de Junio de 1955 a partir del mediodía y hasta las 17,40, una treintena de aviones navales, a los que se suman algunos gloster de la base aérea de Morón, bombardean y ametrallan a la población de Buenos Aires desde Plaza de Mayo y sus inmediaciones a lugares tan remotos como Pueyrredón y Las Heras a más de veinte cuadras; o La Tablada y Villa Madero, en Matanza a varios kilómetros; o la central de la Policía Federal en la calle Moreno y Cevallos; o el barrio de Saavedra, Liniers, y Mataderos, estos tres últimos en el linde de la Capital.

Los victimarios despegaron con la consigna “hay que matar a Perón” pero ni el plan, ni su desarrollo se limitan a el objetivo declarado. La desmesura de los medios empleados -12 toneladas de bombas- cuando un arma de puño bastaba a los complotados para el magnicidio nos lleva a tener por cierto las declaraciones de uno de los pilotos Rivero Kelly a una periodista: “¿El objetivo no era matar a Perón? -Es imposible matar a Perón con un bombardeo. Fue una operación psicológica porque como acción militar no se pueden tirar bombitas así ” .

Mientras tanto desde el edificio del ministerio de Marina un millar de efectivos navales y “comandos civiles” balean la casa de gobierno y la recova, desde donde los soldados y los trabajadores mal armados soportan el ataque de dos compañías de infantes de marina reforzadas, armados con los fusiles automáticos Browning con cargadores de 36 tiros, predecesor del FAL siendo el fusil más moderno en existencia.

Este hecho inusitado ha sido ocultado, soslayado, o deformado durante más de cincuenta años.

Los bombardeos de junio produjeron el doble de las víctimas que los bombardeos de Guernica durante la guerra civil de España, la misma cantidad de víctimas que los tres primeros días de la reciente invasión a Irak, la mitad de las víctimas argentinas en el conflicto del Atlántico Sur. La diferencia, nada despreciable, es que en los bombardeos y ametrallamientos que hemos estudiado ocurrieron sin aviso alguno y sobre una población indiscriminadamente atacada por los hombres que esa misma población armó para su defensa con un volumen de fuego pocas veces utilizado en las guerras contra tropas de otro beligerante.

Hemos tratado de reflejar el caracter del daño infligido al cuerpo nacional con algunos testimonios de víctimas y testigos.

Sin embargo este ataque genocida es casi desconocido por los jóvenes argentinos. Por esa razón la publicación de esta investigación responde a una necesidad: la aproximación a la verdadera dimensión del horror nos advierte contra la repetición cíclica de la violencia terrorista.

Este trabajo no es aséptico. No existe la posibilidad de colocarse a la distancia frente a situaciones que ofenden a la condición humana, pero ha sido realizado buscando la verdad, toda la verdad, sobre todo aquella que ha sido ocultada.

Tapa del libro de Pedro V. Bevilacqua

Tapa del libro de Pedro V. Bevilacqua

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